Jer se quedó mirando a Ryan con incredulidad. El muy idiota pretendía descontarle un tercio de sus ganancias y encima se lo quedó mirando con arrogancia, esperando su reacción. Estuvo a punto de llamar al encargado, pero logró contenerse a duras penas. No podía demostrar nada y los dos lo sabían, lo que lo llevó a pensar en la investigación de Greg Evans. ¿Cómo pensaba conseguir el abogado las pruebas que necesitaba? Por un instante, se sintió tentado de ir a preguntárselo.
—Todas
las lecciones tienen un precio, Superstar —dijo Ryan en voz baja—. Ya va siendo
hora de que aprendas cuál es tu lugar.
Sabía
que solo buscaba provocarlo y lo invadió un tipo de ira que no había
experimentado antes. No era aquella furia que sentía cuando estaba a punto de
estallar, sino una sensación más calmada, fría incluso.
—¿Y
qué lugar me corresponde, según tú? —preguntó sin emoción.
—El
de perdedor, ¿no es obvio? —hizo un gesto despectivo—. Es el que heredaste de
tu padre.
No
valía la pena darle una respuesta, pero se juró que se lo haría pagar antes de
irse de la ciudad.
«Ayudar
en la investigación empieza a ser una idea tentadora». Después de todo, si le
quitabas su apellido, Ryan no era más que un chaval como el resto. Tenía que
tener un punto débil por donde poder atacarlo, de eso estaba seguro y si no lo
encontraba pronto tendría que demostrar lo ladrón que era.
Pensó
en aceptar el reto que le había lanzado, pero eso sí, exigiría que les
consiguiera el paradero de la madre de Mark antes del salto. Quizás podría
hacer saltar la alarma de antemano para que los agentes de West aparecieran a
tiempo de impedirlo.
—¡Eh,
Doble V.! —lo llamó en cuanto salió del almacén.
Lo
llevó a un lado y le preguntó cuándo pensaban saltar.
—Ryan
lo ha pospuesto —dijo con obvia decepción.
Le
extrañó que no le hubiesen dicho nada. Parecía que Ryan había perdido el
interés por que se uniera a ellos.
—Creo
que al principio te retó para fastidiarte. Quizás pensaba llamarte cobarde
delante de todos o algo así —Doble V. se encogió de hombros—. Luego se dio
cuenta de que no le interesaba darle más fama a tu nombre.
—¿Mi
nombre? La gente solo me conoce por mi padre o porque me relacionan con el
Skyway.
El
chico negó con la cabeza y miró a Mark esbozando una sonrisa.
—«Alguien»,
y no voy a decir quién, ha estado contando cómo defendiste a aquella chica en
el comedor. Dio bastante que hablar. La historia llegó incluso a la zona este
ya que Jay es muy popular entre las estudiantes —dejó escapar una carcajada. Su
cara debía de expresar la incredulidad que sentía porque Doble V. se rio aún
más, aunque se puso serio al continuar—. Tu actitud con Ryan tampoco ha pasado
desapercibida. Muchos esperan que lleguéis a enfrentaros y él lo sabe. El hecho
de que te siga pinchando no es buena señal, yo tendría cuidado —le lanzó una
mirada de advertencia.
—¿Qué
va a hacer? ¿Robarme más cada día? —preguntó con disgusto.
—Es
posible. Hasta que te haga estallar —se mordisqueó una uña—. Tiene todas las de
ganar en esa situación.
Mark
no pareció muy afectado por el cambio de planes. Doble V. les habló de un
abogado al que Luke conocía y eso le había dado otra razón para esperar la
llegada de los tracers.
Jer no
le dio mucha importancia a su supuesta popularidad. Sabía que la fama,
cualquier tipo de fama, era algo superficial que no se ajustaba a la realidad;
aunque se preguntó si podría usarla de alguna manera mientras durara. Algunos
chicos se acercaron y se dio cuenta de que lo miraban de otra forma. Ya no lo
incluían en la conversación por educación, sino que mostraban una curiosidad
mayor que antes, cuando solo le preguntaban cosas acerca del Sector 6.
«¿Y
todo por defender a Jacky? Si supieran cómo le conté al director lo que hacía
Vicky, seguro que no me tratarían con tanto respeto». Pensó con agradecimiento
en el director Winslow y en cómo había manejado el tema.
«¿Qué
diferencia hay entre un héroe y un chivato?», se preguntó. Ni siquiera había
hecho gran cosa. Después de ver una y otra vez cómo aquellas chicas abusaban
impunemente de las más pequeñas, solo se había levantado cuando Jacky se
rebeló.
«¡Ella
sí que fue una verdadera heroína!», pensó con admiración. No había dejado que
la mangonearan y se había enfrentado a ellas mientras los demás se quedaban
mirando. Se preguntó qué pensarían si colaborara con la investigación del
vertedero. ¿Se alegrarían de que alguien le parara los pies a Ryan o le darían
la espalda por abrir la boca?
Se
metió las manos en los bolsillos de la cazadora y se paró en seco al notar algo
en el interior de uno de ellos. ¡Las ruedas! Se había olvidado por completo.
Yomi y Mark ya los habían alcanzado cuando se giró para regresar al vertedero.
—Tengo
que comprar una cosa, no me esperéis, ¿vale? —le dijo a Doble V.
Le
había mostrado a Jacky la variedad de ruedas que había encontrado para que
escogiera las que pudieran servirle. El señor Jenkins levantó la mirada de la
pantalla y se sorprendió al verlo. Ya no quedaba nadie allí, ni siquiera Ryan. Le
mostró la rueda que Jacky había escogido para que pudiera buscarle algunas
parecidas. El hombre le mostró unas cuantas y seleccionaron las que tenían
mejor pinta. Se dispuso a pagarle cuando reunió un buen montón.
—No
hace falta —dijo Jenkins metiéndolas en una bolsa—. Ya están pagadas.
Los
ojos del hombre se desviaron hacia el otro lado del mostrador, donde Ryan solía
colocarse a la hora de pagar. Jer estuvo a punto de protestar, ya que no quería
su lástima. ¡Lo que quería era un trato justo! Se contuvo a tiempo y bajó los
ojos antes de responder.
—Gracias
—se obligó a decir.
El
encargado no tenía la culpa, aunque no sentía que le hubiese hecho un gran
favor. Ryan seguiría robando y él seguiría sin hacer nada. Decidió que la
mirada que le había echado pertenecía a una nueva categoría y la llamó:
«misericordia culpable». Un pequeño acto de bondad para mitigar la culpa.
—¡Eh!
—lo llamó Doble V. al salir.
No
estaba del humor adecuado para tener compañía y le contestó de mala gana.
—Te
dije que no me esperaras.
—Ya
lo sé, pero tenemos que hablar y este es un buen momento.
Caminaron
hacia el pabellón y Doble V. le contó lo que le había ocultado a Mark; que el
abogado amigo de los tracers solo había conseguido sacar a Luke y su hermano de
la fábrica porque eran menores.
—Y lo
logró porque aún no habían comprado al nuevo delegado de gobierno —explicó—.
Las condiciones de vida en esos sitios son pésimas, tío.
—Has
dicho que tienen armas…
—No
es seguro —lo interrumpió.
—Pero
algunos las tienen, y aunque no sea así, no sé qué crees que podemos hacer al
respecto.
Habían
llegado al canal y Doble V. apoyó los codos en el muro siguiendo el recorrido
de una barca con la vista. Jer dio un paso para marcharse, pero el tono en la
voz de Doble V. lo detuvo en seco.
—Entiendo
que me culpes —dijo sin mirarlo—. De no ser por mí, habrías estado aquí con tu
padre. Por eso no me tomo a mal tus enfados ni la forma en que me hablas
últimamente.
Jer
tragó saliva sin saber qué decir.
—Yo
no… —buscó las palabras y carraspeó al no encontrarlas—. No es culpa tuya.
—Tampoco
tuya —Doble V. se giró para encararlo—. No podías saber lo que iba a ocurrir.
Jer se
removió inquieto, pensando en una forma de abandonar la conversación.
—Ya
da igual.
—No
es cierto y lo sabes. Puedo aceptar que lo pagues conmigo, pero Mark no tiene
por qué cargar también con ello.
—Solo
intento protegerlo —musitó.
Doble
V. meneó la cabeza.
—Él
preferiría que intentaras ayudarlo.

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