miércoles, 15 de octubre de 2025

Rebeldes pero leales. 1- Ride or Die




            A pesar de haber pasado la mitad de su vida en el pabellón, Doble V. siempre había sido bastante feliz. Al fin y al cabo, le resultaba fácil hacer amigos, su abuela lo visitaba cuando le era posible y a lo largo de los años había llegado a conocer a todos los nómadas que pasaban por la ciudad.

            Sin embargo, sentía cierta inquietud cada vez que alguno de los chicos que conocía acababa marchándose. La mayoría salía del centro al cumplir los dieciséis para buscarse la vida en alguna ciudad más grande y solo los más pequeños eran adoptados. En cuanto a los demás, podían considerarse afortunados si lograban vivir en un hogar de acogida como le había ocurrido a él.

            Había llegado a la casa de Tom Rawlins con ocho años, y aunque la vivienda no era gran cosa, tampoco estaba del todo mal. El mecánico era viudo y no tenía hijos, por lo que necesitaba a alguien que lo ayudara en el taller. Además, recibía un pago mensual para cubrir los gastos de Doble V. Nunca se había interesado por su salud, por lo que estaba seguro de que ni siquiera había leído su historial, y seguramente, le daba lo mismo un chico que otro.

            Por aquel entonces había conocido a Yomi, quien se convirtió rápidamente en su mejor amigo, y a pesar de que Doble V. se consideraba un nómada de corazón, sentía una agradable calidez en el pecho al pensar que esa amistad no desaparecería de repente.

            El mecánico tenía sus manías, pero no perdía la paciencia al enseñarle. Nunca le pegó ni lo trató mal y durante los últimos años se había sentido bastante satisfecho con aquella vida. No se enteró de que el hombre había ido acumulando deudas que no podía pagar hasta que una tarde se presentaron en la casa de Alan Walters.

            Tom entró directamente y atravesó el pasillo hasta el despacho del hombre sin decir ni una palabra cuando lo normal hubiera sido que alguien los acompañara al garaje. Aunque el detalle le pareció extraño, sentía demasiada curiosidad por conocer a uno de los hombres más poderosos de la 97 como para darle importancia.

            —No es muy alto ni tampoco muy fuerte —dijo el mecánico mostrando unos papeles—, pero aprende rápido y West seguirá pagando el cheque de la acogida durante otro año.

            Doble V. soltó una exclamación al escuchar aquello, pero él lo ignoró y siguió hablando. Parecía que le estaba ofreciendo su contrato a Walters y empezó a temblar cuando este lo miró de una forma inquietante desde detrás de su escritorio.

            —¿Cuánto hace que vives con Rawlins?

            —Siete años —respondió asustado.

            —¿Entiendes lo que está pasando aquí?

            Se lo quedó mirando hasta que le habló de las deudas y le explicó que el hombre intentaba venderlo para que las pagara en su lugar.

            ¡No podía creérselo! Tom no era una persona cariñosa, pero siempre había pensado que lo apreciaba. ¿Cómo podía estar haciendo aquello?

            —Tendrás que trabajar durante cinco años para devolver el dinero; mientras que él se verá libre para seguir con su vida, sin un solo problema en el mundo. ¿Qué te parece? —Soltó un leve silbido.

            Doble V. preguntó si aquello era cierto, pero Tom no lo miraba; solo se dirigía a Walters insistiendo en que aceptara el trato. Este torció los labios en un gesto de desagrado y habló con frialdad.

            —Será mejor que cargues tú mismo con las consecuencias de tus actos.

            Les hizo un gesto a dos de sus hombres y se lo llevaron de allí sin que pudiera oponer demasiada resistencia. Walters le dio la espalda, ignorando sus súplicas y acercándose a Doble V.

            —No te preocupes, te mandaremos de vuelta al pabellón —se dirigió a otro de sus esbirros—. Llama a Greg Evans y dile que tenemos aquí a un chico del centro.

            Se agachó para mirarlo a los ojos y le aseguró que el abogado se ocuparía de él.

            —Espero que le saque una buena compensación a los de West por haberte dejado con semejante indeseable.

            Le ofreció un vaso de agua y él aceptó con un gesto. Apenas empezaba a asimilar lo ocurrido y sintió cierta gratitud teñida de confusión. No estaba seguro de por qué lo había ayudado y se preguntó cuál sería el precio que tendría que pagar a cambio.

            —Sabes quién soy, ¿no es cierto? —Él asintió. La voz de Walters le pareció incluso amigable en aquellos momentos, por lo que se atrevió a mirarlo a los ojos—. ¿Tienes idea de cómo llegué a esta posición? —Negó con un gesto y contuvo un suspiro. No le pareció el mejor momento para escuchar un sermón acerca del trabajo duro, pero no se le ocurrió protestar—. Cuando tenía nueve años me encontré en tu mismo lugar; solo que fue mi propio padre el que me ofreció al viejo Walters y este aceptó el trato. Tuve la suerte de quedarme en la casa el tiempo suficiente como para que su mujer me cogiera cariño y decidieran adoptarme —Abrió los brazos en un gesto amplio—. ¡Así es la vida! A menudo las cosas se tuercen sin que puedas evitarlo. Sin embargo, con un giro de la fortuna todo acaba en el sitio que le corresponde —Le dio unas palmadas en el hombro—. La lección que puedes sacar de esto es que no se puede confiar en nadie, aunque descubrir a tiempo a los cabrones que te rodean puede ser una bendición.

            Él se mordió el interior de la mejilla pensando a toda velocidad. La madre de su amigo Mark lo había dejado en el pabellón antes de desaparecer y le había prometido al niño que le ayudaría a dar con ella. Por desgracia, lo único que había descubierto era que tenía un montón de deudas, pero se le ocurrió que, al igual que el mecánico, podría haber recurrido a Walters como último recurso.

            —¿Tom trabajará para pagar sus deudas? —El hombre asintió con gesto hosco y Doble V. tragó saliva antes de insistir—. ¿Dónde?

            —Lejos de aquí —respondió con voz gélida—. No es probable que vuelvas a verlo.

            Había oído que Walters tenía varios socios hacia el este, no muy lejos de la 93. ¿Se llevarían allí a los deudores? Las preguntas se agolpaban en su cabeza, pero se mordió la lengua para no hacer más preguntas. Por muy amable que se mostrara en aquel momento, estaba seguro de que no le haría gracia que metiera las narices donde no debía.

            Greg Evans no tardó en llegar y lo siguió hacia la salida mientras intentaba asimilar lo ocurrido. Fue entonces cuando divisó a Ryan Walters medio escondido tras una puerta. ¿Lo habría oído todo? Se sintió tremendamente avergonzado y sintió un dolor frío en el pecho al pensar que podría decírselo a alguien.

            Doble V. era uno de los chicos más populares y no solo en el parque sur. Tanto por su relación con los nómadas como porque le resultaba fácil ganarse a la gente, muchos en la ciudad conocían su nombre. Y no es que fuera el mejor bailarín o el mejor skater, pero caía bien a los demás sin demasiado esfuerzo.

            El hijo de Walters no era un chivato, pero siempre era posible que se fuera de la lengua delante de sus amigos. Él llevaba un tiempo intentando acercarse a su grupo para participar en las carreras y sintió náuseas al imaginarse a aquellos chicos mirándolo con lástima.

            No pudo dejar de darle vueltas a aquello durante un buen rato y para cuando recordó que la moto de Ryan seguía en el taller, ya habían llegado al pabellón. Se detuvo de repente y fingió que había tropezado cuando el abogado lo miró expectante. Su mente iba a toda velocidad y reanudó el paso con impaciencia mientras ideaba un plan bastante sencillo.

            Lo más seguro era que los hombres de Walters ya hubiesen comprobado si había algo de valor en la casa o en el garaje de Rawlins. La moto estaba vinculada al identificador de Ryan, de modo que no podrían llevársela. Esperaba que al chico no se le ocurriera ir a buscarla enseguida, claro que no tenía motivos para apresurarse. Si tenía algo de suerte…

            Buscó a Mark entre los chicos que llenaban el patio y se acercó a la carrera en cuanto lo encontró.

            —¡Eh, Mark!

            El niño lo miró extrañado y él le palmeó el brazo entregándole las llaves del taller antes de apartarse.

            —Búscame después —dijo en voz baja.

            Mark asintió con los ojos muy abiertos y siguió la mirada que su amigo le dirigió al abogado. Este los observó con cierta curiosidad, pero no dijo nada.

            Doble V. se apresuró a entrar en el edificio deseando terminar con las formalidades cuanto antes. Resumió lo ocurrido para que Evans preparara la demanda contra West y firmó un documento para que lo representara. Por último, le pidió que intentara sacarlo del pabellón.

            —Me han impedido vivir con mi abuela todos estos años, y después de todo, son responsables de lo que ocurra durante la acogida, ¿no es cierto?

            Miró a su alrededor con una sensación de agobio. Estar allí de vuelta era como tener uno de esos extraños sueños que se repiten sin saber por qué. Aunque no pensaba quedarse, decidió que no estaba de más intentar solucionar el tema de forma legal.

            El hombre lo miró con gesto apenado.

            —No creo que Walters quiera explicar el motivo por el que Rawlins acudió a él.

            —Yo pienso que lo hará —dijo con confianza, recordando la mirada de aquellos ojos duros cuando le había contado su propia historia—. Solo tiene que decir que rechazó el trato; no es como si fuera a confesar el resto de sus trapicheos. Lo que no tengo tan claro es que el mecánico vaya a aparecer en el juicio.

            Evans accedió, aunque no parecía muy convencido. Cuando se marchó, un empleado del centro registró su ingreso y guardó sus efectos personales. Se sacó unos cuantos objetos de los bolsillos y se quedó mirando el primer destornillador que le había regalado Tom.

            —Te lo devolveremos en cuanto recibas aprobación para usarlo.

            Asintió distraídamente puesto que ya sabía cómo funcionaba aquello y lo siguió en silencio por el pasillo hasta una habitación desocupada. El hombre dejó a un lado varias prendas de ropa antes de marcharse y él se sentó en una de las camas. Varios chicos se lo quedaron mirando desde el pasillo, pero él los ignoró y nadie se atrevió a preguntar.

            Mark no tardó en asomarse por la puerta y la cerró tras de sí para que nadie los escuchara. Le dio las gracias cuando le devolvió las llaves y le indicó que se sentara a su lado.

            —El mecánico se ha ido de la ciudad y voy a escaparme esta misma noche —soltó—. Además, tengo algunas sospechas acerca de dónde puede estar tu madre y trataré de confirmarlas.

            —¿De verdad la has encontrado? —preguntó Mark con una mezcla de ansiedad y esperanza.

            «Quizás no debería haberle dicho nada», se lamentó. Sin embargo, no quería desaparecer sin más y que pensara que había olvidado su promesa.

            —No es más que una idea, pero te prometo que la buscaré, ¿vale? —aseguró.

            Los ojos color miel lo miraron con aire vulnerable, poniendo un nudo en su estómago. Aunque Mark era bastante alto, solo tenía doce años y su mirada delataba su edad.

            —¡Llévame contigo! —pidió.

            Ni siquiera le había preguntado cómo pensaba salir de la ciudad y se lo planteó durante unos segundos. El niño le caía bien y quería ayudarlo, pero sabía que West invertiría más recursos en buscarlo debido a que era más joven.

            —No puedo —descartó con suavidad pero firmeza—. Más adelante, ¿vale? Volveré en cuanto sea posible y pensaremos en un buen plan para sacarte de aquí. Esto no ha sido planeado —Suspiró pesadamente—. Por suerte, Yomi me guarda el dinero que he ido ahorrando, aunque no es demasiado.

            Hasta hacía un par de años ni siquiera se le había ocurrido que pudiese necesitar dinero propio y meneó la cabeza al pensar en lo ingenuo que había sido.

            —Voy a trabajar en el vertedero —declaró Mark.

            —¡No tienes que hacerlo! —protestó—. No era eso a lo que me refería. Si esto no hubiese ocurrido de repente, podría haber esperado a que un grupo de nómadas llegara a la ciudad.

            —Me vendrá bien ahorrar algo, por si acaso.

            No podía discutir ese argumento, pensó con una mueca.

            —Está bien, le diré a Yomi que irás con él, pero tienes que prometerme que te quedarás a su lado.

            —Lo prometo —accedió con una sonrisa.

            —Haz todo lo que te diga, ignora a Ryan en lo posible y…

            Estuvo a punto de decirle que no protestara si le quitaba parte de sus ganancias, pero decidió que era mejor hablarlo con Yomi. Él sabría qué hacer. Además, Mark se había criado en el norte y con un poco de suerte, Ryan lo tendría en cuenta.

            —¿Cuándo crees que volverás?

            —No lo sé.

            Lo avisaría a través de los nómadas si averiguaba algo, pero le advirtió que no tenía ni idea de cuánto podría tardar en tener noticias.

            El timbre les recordó que era hora de cenar y se dirigieron juntos al comedor. Doble V. ignoró las miradas curiosas y comió con ganas ya que no volvería a disfrutar de un plato de comida caliente durante un tiempo.

            Se despidió de Mark antes de darse una larga ducha y se puso el pijama por si alguien se atrevía a ir a verlo, echándose sobre la cama a esperar. Las luces se apagaban a las diez y escuchó los pasos apresurados de aquellos que regresaban a sus cuartos poco antes de la hora. Se alegró de no tener compañeros de habitación, aunque el silencio se le hizo bastante pesado.

            Se obligó a esperar hasta las once y se vistió sin encender la luz. Abrió la puerta con cuidado y avanzó lentamente por el pasillo hasta llegar a una de las aulas que daban al patio para salir por una de las ventanas. Caminó entre las sombras hasta llegar al muro y lo escaló rápidamente, dejándose caer al exterior de un salto. Esbozó una sonrisa de satisfacción al comprobar que las medidas de seguridad de West eran tan penosas como siempre.

            Echó a correr atravesando los callejones más estrechos, evitando los locales que aún no habían cerrado a esas horas. Se atrevió a enviar un mensaje ya que, de todas formas, se desharía de su identificador en unos minutos.

            «Poughkeepsie». Se rio por lo bajo, preguntándose qué harían los algoritmos de West con algo así.

            Yomi encendió la luz de su habitación y la apagó al instante siguiente, asomándose a la ventana. Doble V. dio unos pasos para que pudiera verlo y cruzó la calle hasta la entrada, esperando hasta que su amigo abrió la puerta unos minutos después.

            —He oído que pasó algo con Tom —susurró de camino a la cocina—. ¿Estás bien?

            Le contó lo ocurrido sin entrar en detalles y Yomi sacó una mochila de la despensa, abriendo una de las cremalleras para entregarle el dinero que le había guardado.

            —Preparé algo de ropa y comida en cuanto escuché los rumores. Nadie estaba seguro de lo que había ocurrido, pero supuse que era mejor estar preparado.

            —¡Siempre puedo contar contigo, tío!

            Guardó los billetes en un bolsillo y se colocó la mochila a la espalda.

            —¿Necesitas algo más?

            —Mark va a trabajar en el vertedero, ¿podrías cuidar de él?

            La petición lo cogió por sorpresa, pero accedió sin dudar.

            —Puedo llevarte en la barca —sugirió.

            —No hace falta.

            No quería preocuparlo, por lo que no le dio los detalles de su escapada. Toda la ciudad se enteraría al día siguiente de su temeridad así que, se despidió con un abrazo y se alejó camino al taller.

            Contuvo el aliento cuando abrió la puerta y cerró tras de sí buscando el interruptor. Se giró hacia la derecha con un nudo en el estómago y a continuación se rio por lo bajo.

            La moto seguía allí.

 

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