Varias
caravanas llegaron a la ciudad aquella mañana y Doble V. se acercó a saludarlos,
regresando al pabellón bastante animado.
—Los
tracers llegarán al atardecer —le dijo a Mark—. Iremos por allí después de
practicar con Yomi.
—¡Genial!
—se entusiasmó el niño.
Jer
no dijo nada, aunque se mantuvo de un humor huraño hasta que se marcharon.
Intentó estudiar durante un rato, pero no tardó en rendirse, saliendo en
dirección al parque pensando que era mejor saber a qué atenerse en lo que se
refería a aquellos dos. Llevó las ruedas consigo y encontró a Jacky junto a la
pista de skate. Ella lo miró con los ojos brillantes de felicidad y las revisó
una a una con expresión satisfecha.
—¡Gracias!
Son perfectas.
Danny
no estaba lejos, aunque por una vez, no estaba enfocando a los chicos con una
cámara.
—¿Hoy
no vas a grabar nada? —preguntó cuando los presentó.
—Más
tarde. Espero conseguir un equipo mejor esta tarde —la miró con sorpresa—.
¿Doble V. no te lo ha dicho? Os acompañaré al campamento.
Parpadeó
confuso y ella lo miró con curiosidad.
—¿También
vas a comprar algo del mercado negro?
—¿Mercado
negro?
—Sí,
ya sabes —hizo un gesto vago—. Compras un producto más barato y no preguntas de
dónde procede.
Ella
soltó una carcajada.
—En
realidad… —empezó.
—No
debes sentirte culpable —lo cortó—. West consigue beneficios de sobra como para
echar en falta unas migajas. ¡Es un robo lo que cuesta una cámara decente! —su
voz se elevó indignada—. ¿Te das cuenta de que fabricamos cientos de androides
a diario, y sin embargo, no hay ninguno en esta ciudad?
Lo
miró con el ceño fruncido y él buscó algo que decir al respecto.
—No,
claro, todos están en los sectores.
Fue
lo único que se le ocurrió. De pequeño le habían llamado la atención algunos de
los robots que parecían actuar como humanos, aunque no sabía gran cosa acerca
de ellos.
—Tú
creciste en el Sector 6, ¿verdad? —dijo Jacky—. La madre de Danny vive allí.
La
aludida le echó una mirada de interés.
—Cada
vez que voy a verla es como entrar en otro mundo. Debe de haber sido un gran
cambio para ti.
Danny
le dirigió un gesto de circunstancias antes de hacer un mohín.
—Me
imagino que una ciudad sin robots tiene que tener su parte buena —dijo Jacky.
Su
amiga se quedó pensativa antes de soltar una risita.
—Si
en la oficina de gobierno hubiese androides tampoco se notaría la diferencia.
—¡Qué
exagerada! No es tan malo.
La
cara pecosa se frunció con una expresión de asco bastante graciosa.
—¡Es
de lo más aburrido! Pero al menos así al menos mi padre me deja en paz y puedo
seguir estudiando audiovisuales.
Danny
le cayó bien enseguida; ya fuera por su amistad con Jacky o por el hecho de que
no se molestaba en ocultar lo que pensaba. Doble V. llegó con Mark en ese
momento, saludó a Jer como si nada y no hizo ningún comentario cuando se unió a
ellos.
Los
nómadas habían acampado junto a la presa, como era habitual. Era un grupo
bastante pequeño y se quedó mirando las caravanas con más atención de la que
les había prestado en otras ocasiones. Además de servirles de vivienda,
aquellos vehículos estaban diseñados para cumplir otras funciones. Algunos
creaban un pequeño escenario al bajar la parte de atrás y otros se abrían
lateralmente para montar una especie de mostrador, donde colocaban distintos
tipos de mercancía.
Caminaron
entre la multitud, deteniéndose de vez en cuando en algún puesto. Había una
gran variedad de artículos a la venta. Desde ropa y bisutería extravagante
hasta equipos de sonido de segunda mano. Se pararon delante de un pequeño
escenario, observando a una pareja que llevaba unos llamativos trajes de
colores vivos. Bailaban dando vueltas y vueltas, siguiendo el ritmo animado de
un estilo de música que le costó identificar.
—¿Qué
clase de baile es ese? —preguntó Jacky.
—Ritmos
latinos —dijo Jer.
Danny
meneó la cabeza.
—Hacía
años que no escuchaba una música como esa.
—Vamos
—Doble V. hizo un gesto para que lo siguieran.
Se
metieron por detrás de las caravanas para acceder al campamento, donde los
tracers ya se estaban acomodando. Algunos charlaban a un lado y otros se
dedicaban a revisar sus motos o a llevar cosas de aquí para allá. Habían
montado unas tiendas de campaña bastante amplias y un par de chicos estaban
inflando unas colchonetas.
Doble
V. llamó a uno de los nómadas y este les mostró una gran variedad de cámaras.
Danny las sostuvo con expresión soñadora mientras comentaban las
características de cada una. Mientras ella se decidía, otro chico se acercó a
Doble V. y le advirtió que Ryan había estado alborotando los ánimos.
—Ese
estudiante quiere retar a Luke de nuevo. Ryan se atrevió a sugerir que le
dejase ganar para subir las apuestas en la siguiente ocasión y creí que le
pasaría por encima con la moto.
—No
me imaginaba que tuvieran tantos escrúpulos —se asombró Jacky—. He oído que en
esas competiciones no hay reglas.
—En
igualdad de condiciones, cualquiera puede usar algún truco sucio para apartar
al contrario. Venderse de esa manera es algo muy distinto.
—Los
tracers nunca se dejan ganar —intervino Doble V.
Danny
pagó su cámara nueva y parloteó acerca de sus virtudes mientras se acercaban a
los motoristas. Luke estaba hablando con un chico de pelo oscuro, por lo que
fue Ty quien se acercó a saludarlos.
—¿Ese
es el que quiere retar a Luke? —preguntó Doble V.— ¿Es bueno?
—Es
bastante decente —dijo Ty sin comprometerse.
—Pero
entonces, ¿Luke no participa en las carreras? —preguntó Jacky.
—Se
reserva para las oficiales.
Estaban
demasiado lejos como para oír la conversación, pero pudieron ver que el líder
de los tracers mostraba una expresión divertida cuando el otro se marchó
cabizbajo. Su actitud cambió en cuanto Doble V. se acercó a hablar con él. Le
echó un vistazo a Mark y se acercó con pasos largos. Mark le echó una mirada
nerviosa.
—¿Cuántos
años tienes? —preguntó Luke de golpe.
Doble
V. se apresuró a llegar junto a ellos.
—Catorce
—contestó antes de que Mark pudiera abrir la boca.
—Ca-catorce
—repitió el niño.
Luke
se cruzó de brazos y arqueó una ceja.
—¿En
serio? —dijo con sorna.
Mark
se irguió y le sostuvo la mirada. Luke esbozó una sonrisa torcida y soltó un
sonido de diversión al verlo.
—Para
Doble V. ya es tarde, pero tú aún estás a tiempo de aprender que a veces se
gana más diciendo la verdad.
Doble
V. protestó, pero el otro lo cortó con un gesto. Mark parecía incluso más joven
con aquella mirada de vulnerabilidad asomando a sus ojos.
—Pronto
cumpliré trece años —confesó.
Luke
lo miró con aprobación.
—¿Por
qué vas a fugarte con alguien que ni siquiera es de tu familia?
—Nadie
ha dicho… —empezó Doble V.
Luke
levantó una sola ceja.
—¿Crees
que no sé que pretendes llevarte al crío contigo? —se volvió hacia Mark—. Es
mejor que te quedes en el pabellón, te lo aseguro.
El aludido
se removió incómodo y Jer se acercó con gesto protector.
—Esa
es una opinión cuestionable —dijo sin pensar.
Se
arrepintió enseguida al ver las miradas que le echaron, pero ya era tarde para
rectificar. Tendría que arreglarlo en otro momento.
—¡Voy
a buscar a mi madre! —soltó Mark con rabia.
Se
cruzó de brazos imitando la postura de Luke y lo miró desafiante antes de
continuar.
—Lo
haré con Doble V. o sin él. Con tu ayuda o sin ella, ¿está claro?
Un
brillo de interés asomó a los ojos castaños del tracer.
—Tienes
agallas, lo reconozco, pero ¿acaso has averiguado dónde está?
—Aún
no —mostró de nuevo aquel aire indefenso al bajar la mirada, pero volvió a
enderezarse enseguida—, pero lo haré.
—Esté
donde esté —dijo Luke con voz más suave—, no es un lugar al que deba ir alguien
tan joven como tú y yo no me haría muchas ilusiones en cuanto a que Ryan se
moleste en conseguir la información.
Doble
V. hizo un mohín.
—Podría
hacerlo, si quisiera ¿Va a correr de nuevo? —su tono no presagiaba nada bueno—.
Si pudiera ganarle…
—Es
posible que corra, dependiendo de quién lo rete.
—¡No
tienes moto! —exclamó Jer con severidad.
—Podría
conseguir una.
El
muy caradura se atrevió a echarle una mirada ladeada y Jer soltó un bufido de
exasperación.
—¡Ni
hablar!
Se
tragó las palabras que se le apelotonaban en la garganta para no explotar.
Había trabajado muy duro para conseguir algo de dinero, aguantando al imbécil
de Ryan a diario, y Doble V., que se había dedicado a bromear con él como si
nada, ahora quería arriesgar la moto en una carrera sin reglas.
«¡Cabeza
de chorlito!».

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