Las
planchas de metal estaban apiladas sobre una montaña de chatarra y le pareció
ver la forma ondulada de un cable. Podría haber sido tan solo una sombra, por
lo que soltó un sonido de excitación en cuanto se agachó para comprobarlo.
«Es
como los que usan en los sectores. ¡Debe de ser casi tan ancho como mi puño!».
Tiró
del extremo, sacudiendo la tierra seca y dejando a la vista la cubierta roja,
pero no tardó en descubrir por qué nadie se lo había llevado. Aunque tenía un
par de metros a la vista, el resto estaba atrapado bajo las placas.
«¡Ni
siquiera deberían estar aquí! Son demasiado grandes». La decepción aumentó su
desánimo.
El
centro de reciclado debía de encontrarse desbordado el día que las descargaron.
Se mordió los labios, reacio a abandonar su hallazgo y miró a un lado y a otro
buscando a Doble V. El señor Jenkins podía retirarlas sin dificultad con el
camión grúa, pero no podría convencerlo de que lo hiciera cuanto antes.
Divisó
el pelo rubio a lo lejos, pero iba acompañado de Ryan. Soltó el extremo del
cable con brusquedad para ocultarlo y cogió la botella de agua fingiendo que se
estaba tomando un descanso. Se puso aún más nervioso cuando se acercaron
directamente a él. Doble V. tenía una expresión extraña. Se detuvieron a un par
de metros y Ryan se cruzó de brazos.
—Jer,
esto… —Doble V. sopló con aire indeciso y se apartó el pelo de la frente.
Aquello
no le gustaba. No era normal que le costase encontrar las palabras. Mark se
acercó por su izquierda y una extraña sensación de peligro le recorrió la
columna. Sintió el impulso irracional de decirle al niño que saliera de allí,
pero Doble V. se decidió a hablar en ese momento.
—Ryan
nos ayudará a encontrar a la madre de Mark si tú y yo nos unimos al salto de la
iglesia.
Le
costó un segundo entender lo que acababa de decir. Se quedó paralizado y su
única reacción fue ponerse a parpadear como un idiota. Ryan le dedicó una
sonrisa de maliciosa satisfacción y Doble V. empezó a protestar.
—En
realidad no creo que sea necesario que metas a Jer en esto —había recuperado su
habitual verborrea—. El trato es entre tú y yo. Con mi ayuda, podrás contar con
los chicos del pabellón y los de la zona sur.
Ryan
negó con la cabeza, divertido.
—Te
conozco, tío. Tú saltarías de todas formas. El trato solo es válido si incluyes
a tu amigo la superestrella.
El
cerebro de Jer parecía haberse colapsado cuando Ryan lo miró de arriba abajo.
Se notaba que estaba disfrutando de aquello.
—¿Qué
dices, Superstar? ¿Te apetece un baño?
Decidió
que cualquier cosa era mejor a seguir viendo aquel regocijo en sus ojos.
—¡Te
daré el skate! —exclamó Mark.
—Tendré
que pensarlo —soltó él casi a la vez.
No
estaba seguro de quién se sorprendió más por su respuesta, si los demás o él
mismo. Doble V. lo miró con las cejas arqueadas y Mark parecía consternado.
Ryan, sin embargo, sonrió satisfecho.
—Ya
me avisaréis cuando os decidáis —se despidió.
Se
acercaron a él y hablaron a la vez, aunque apenas los escuchaba. Yomi llegó en
aquel momento y dejó la carretilla a un lado, preguntando qué había ocurrido.
Doble V. se lo explicó brevemente. El chico dejó escapar un silbido, mirándolo
con curiosidad.
—No
tienes que hacerlo —insistió Mark.
Miró
al niño con cierta culpabilidad. Jacky había cumplido su palabra en cuanto a
buscar el identificador de su madre, pero solo pudo confirmar que estaba
desactivado. Jer no había encontrado el momento para hablar de ello con Mark,
pero el crío tampoco había preguntado. ¿Debería hacer caso a Doble V. y dejar
que mantuviera sus falsas esperanzas? Suspiró regresando a sus preocupaciones
actuales.
—No
he dicho que vaya a hacerlo, sino que lo pensaría —se giró hacia Doble V.— ¿En
serio crees que puede conseguir la información?
—Es
probable —se encogió de hombros—. Como mínimo, debería ser capaz de entrar en
el despacho de su padre.
Eso
no quería decir nada. Era posible que el hombre no llevara un registro de ese
tipo de actividades o que lo guardara en otra parte. ¿Se arriesgaría Ryan a
buscarlo? No tenía ni idea de cómo sería Walters con su familia, pero tenía
fama de tipo duro y codicioso. Más de una vez se había preguntado si Ryan se
resentía de que lo vieran en el vertedero, cargando piezas de metal como
cualquier otro chico que no tenía dinero ni familia.
—¿Cuándo
piensan saltar?
—Creo
que aún no han decidido la fecha. Algunos quieren esperar a que llegue el
supervisor de zona. Ya sabes, para causar mayor efecto —Doble V. le echó una
mirada especulativa.
—Entonces,
hay tiempo para pensar en otro plan.
Le
sonrió a Mark, palmeando el hombro del niño con aire de seguridad. No se veía
capaz de saltar, pero tenía que haber otra solución y se dijo que ya pensaría
en ello más tarde.
No se
acordó del cable hasta que regresó junto a la carretilla. Se lo enseñó a Doble
V. y este se marchó para hablar con el encargado. Yomi lo acompañaba cuando
regresó.
—Será
mejor que Yomi te ayude y que sea él quien lo entregue en el almacén —sugirió.
Aceptó
con gesto agradecido, pendiente del camión que se acercaba. Por alguna razón,
Yomi era el único chico de la zona sur al que Ryan no le quitaba parte de sus
ganancias.
«Es
uno de los mejores bailarines de la zona y tiene la esperanza de que algún día
cambie de bando», había bromeado Doble V. A Mark tampoco le robaba. Era una
suerte que el niño se hubiese criado en el norte porque de lo contrario, Jer no
sabía cómo se lo habría tomado.
El
camión se alejó y Yomi apoyó una rodilla en el suelo para inspeccionar el
cable. Debía de llevar allí bastante tiempo. Tiraron de él, sacando unos
cuantos metros, el resto estaba medio enterrado.
—Parece
un rollo bastante grande —Yomi sonrió de oreja a oreja—. Pásame esa pieza
alargada.
Se la
alcanzó con una sonrisa de satisfacción. El chico empezó a despejar los bordes
y Jer buscó algo que pudiera usar como pala. Encontró un pedazo de chapa
bastante adecuado y se agachó a su lado trabajando con entusiasmo.
«¡Por
fin podré comprar un hornillo!». Una sensación de alegría burbujeó en su pecho
y no pensó en el reto de Ryan hasta más tarde, cuando entró en el Skyway
decidido a encontrar alguna forma de hacerle pagar todas sus estupideces.
«El
conocimiento es poder, ¿no?» Necesitaba averiguar todo lo posible acerca de su
enemigo.
—Oye,
Nick. ¿Qué sabes del grupo de Ryan Walters?
Estaba
seguro de que tendría una opinión bastante clara al respecto.
«¿Qué
vas a hacer? ¿Averiguar que son malos y echárselo en cara?», pensó con acritud.
De todas formas, había que empezar por alguna parte. El músico se giró hacia él
con una mirada de desprecio, lo que hizo que diera un respingo, ya que no había
esperado una reacción tan intensa.
—¡A
eso no se le puede llamar grupo! —resopló Nick—. No son más que un puñado de
músicos pagados por su padre.
Eso
le sorprendió. Había pensado que actuaba con el mismo grupo con el que bailaba
en el parque.
—¿Quieres
decir que toca con profesionales? —el músico asintió y Jer insistió—. ¿Es que
no son buenos?
—Oh,
no. Son bastante decentes —aclaró Nick—. El problema es que tienen que
adaptarse a lo que les pida Ryan. ¡Todo el tiempo! —hizo una mueca—. No creo
que sea agradable que un mocoso te diga cómo debes cambiar tus canciones hasta
convertirlas en lo que él quiera.
Garrett
acababa de llegar y escuchó la última parte.
—¿Hablas
del River? He oído que cambian más de integrantes que de barril de cerveza —se
rio.
—¡Normal!
¿Qué clase de músico puede aceptar algo así a largo plazo? Bastante malo es que
te obliguen a hacerlo en el Sector 6, pero allí al menos sacas algo a cambio.
—No
sé qué decirte. Parece que Walters está ofreciendo cada vez más dinero.
—¿En
serio? —preguntó Jer—. ¿Por qué lo hace?
—¡Para
intentar vencer al Skyway! ¿Qué otra razón podría tener? —Garret soltó una
carcajada—. No lo hace para cumplirle el capricho a su hijo, eso seguro. A Ryan
no se le da bien componer, aunque tiene buena voz.
—Eso
no voy a negarlo —intervino Nick—. Pero el estilo de las canciones… Se empeña
en copiar cualquier cosa que se ponga de moda. ¿Qué interés tiene eso?
«No
toca con un grupo de amigos y los músicos no lo soportan. ¿De qué me sirve
saberlo? —pensó un tanto decepcionado—. Es un capullo al que los demás solo
toleran por su padre. ¿Tiene algún amigo de verdad? Es posible que no, pero ¿de
qué me sirve saber eso?».
—He oído que Walters intentó comprar la voz del chico de
la iglesia, pero él no quiso saber nada del tema —siguió diciendo Garret—.
Sabes quien te digo, ¿no? El padre es amigo de Sean.
—Sí,
sí, el chico se llama Jon —dijo Nick—. Tú lo escuchaste cantar, Jer, ¿te
acuerdas?
Se
dio cuenta de que se refería a la voz angelical que escuchó durante el funeral
de su padre. Nick pareció acordarse del detalle y se mostró incómodo por
haberlo mencionado, por lo que Jer se apresuró a responder.
—Es
imposible no recordarlo —dijo con despreocupación—. Una voz así es un gran
activo en un grupo, no solo como vocalista sino para respaldar las voces menos
potentes.
Nick
se mostró aliviado por su respuesta y no tardó en seguir criticando la música
del River con ayuda de Garret. Jer se quedó pensando en Jon y su decisión de
rechazar la oferta de Walters. ¿Cómo se lo habría tomado el hombre?
Seguramente, estaba acostumbrado a conseguir lo que quería, sobre todo en el
norte. Se preguntó por qué razón la familia de Jon mantendría una amistad con
un Collins cuando estaba claro que eso podría perjudicarlos. Aprovechó una
pausa en la conversación para preguntarlo.
—Bueno,
Jason no nació en la 97 —explicó Garret, refiriéndose al padre del chico—. De
hecho, vivió un tiempo en el Skyway cuando llegó a la ciudad. Luego conoció a
su mujer y se mudó al norte, pero nunca dejó que eso le influyera. Tampoco es
tan extraño que el chico se achante ante Walters, su familia materna nunca ha
necesitado de su influencia, si sabes a lo que me refiero.
Jer
asintió pensativamente, preguntándose si aquella información le sería útil
algún día para enfrentarse a Ryan.

No hay comentarios:
Publicar un comentario