martes, 28 de octubre de 2025

Rebeldes pero leales. 20- Dessert

 




            Un camión atravesó la verja trasera del vertedero y Doble V. se puso en movimiento enseguida. El remolque venía cargado de restos robóticos de todo tipo y Mark se le unió enseguida.

            «Al menos se mantienen a una distancia prudencial mientras descarga», se dijo Jer con resignación.

            —¡Vamos, Jer!

            La rueda se le atascó en un bache y empujó con fuerza, pero después de unos minutos, consiguió llegar junto a ellos. Los más pequeños se mantendrían alejados de aquella zona hasta que estuviera despejada, ya que, al no estar acostumbrados a ver robots, salían despavoridos en cuanto un brazo o una pierna de metal asomaban entre los restos.

            Mark dio un salto a la vez que soltaba un grito.

            —¡Aaah!

            Jer lo miró asustado y corrió hacia él. El chico movía los brazos como si quisiera alejar un insecto, dio varios pasos hacia atrás y trastabilló hasta caer de culo. Una pequeña silueta plateada saltó por encima de su hombro y Jer dio un salto cuando aquella cosa pasó a su lado, desapareciendo entre una pila de chapas que reflejaban la luz del sol.

            —¿Qué era eso? —preguntó alarmado.

            Mark abrió la boca, pero no fue capaz de emitir ningún sonido, tenía los ojos abiertos de par en par con una expresión de asombro. Doble V. se agachó junto a él, y después de asegurarse de que el niño estaba bien, se acercó a inspeccionar el lugar por donde había desaparecido lo que quiera que fuese aquello.

            —O acabó aquí por error o alguien se olvidó de desconectarlo.

            —Mark —insistió Jer, aunque el chico ya se había puesto de pie—. ¿Te ha hecho daño?

            Él negó con la cabeza y siguió a Doble V. Los ojos verdes relucían de expectación mientras inspeccionaba los recovecos más cercanos por donde hubiese podido escapar aquella cosa.

            —Deberíamos llamar al encargado —sugirió Jer.

            Los otros ni siquiera lo escucharon.

            —¡Podría ser una mascota! —Mark señaló unas marcas en la tierra seca.

            Las huellas desaparecían bajo un montón de chatarra.

            —O podría ser una rata de alcantarilla —dijo él con asco—. Las usan para limpiar las cañerías y demás.

            El niño lo miró con los ojos muy abiertos, aunque no dudó de su palabra. Sabía que en el Sector 6 había máquinas que se ocupaban de todo tipo de tareas. Jer nunca había visto una de esas ratas, pero había oído hablar de ellas.

            —Avisaré a Jenkins —dijo Doble V. con decepción.

            Jer respiró aliviado, regresando a por la carretilla, aunque le echó una mirada de aprensión a la pila de deshechos.

            —¿Crees que puede haber más? —preguntó Mark.

            —Es mejor no arriesgarnos —decidió—. Nos quedaremos a cierta distancia, por si acaso.

            Señaló una zona un poco más lejos y se dirigió hacia allí. Echó un vistazo atrás al ver que Mark se rezagaba y se detuvo a esperarlo. El niño toqueteó su pulsera, ampliando la pantalla y observándola con el ceño fruncido.

            —Creí que la rata o lo que fuera había estropeado el identificador cuando me trepó por el brazo —sonrió encogiéndose de hombros.

            —Si te da problemas, pediremos que te revisen la pulsera a la vuelta.

            Jer soltó la botella de agua de su gancho, pero apenas quedaban un par de tragos. El niño tendió la mano para que se la diera y lo observó alejarse con una sonrisa. Se puso a cargar unas barras de hierro y las colocó de forma que no resbalaran.

            Doble V. llegó poco después con el señor Jenkins y lo siguió mientras este revisaba los restos metálicos, buscando algún indicio de actividad en su pantalla. Pudo ver la expresión ceñuda del hombre cuando el chico le mostró las huellas.

            —¡Vía libre! —exclamó su amigo poco después.

            Al contrario que él, no sentía demasiado interés por los robots, y además, tenía que ir a descargar. Se sorprendió cuando apareció a su lado, casi trotando, cuando apenas llevaba media carga.

            —He decidido hacer de amortiguador —declaró Doble V. con tono alegre—. Entre tú y Ryan, quiero decir.

            —¿Por qué? —se asombró.

            —Tengo mis motivos —soltó una risita—. Uno de ellos es que, por alguna razón que no puedo entender, últimamente te empeñas en enfadarte conmigo cada dos por tres.

            Jer soltó un bufido.

            —Eso debe de ser una novedad —dijo con sorna.

            —En realidad, sí que lo es —lo miró con curiosidad—. Parece que me consideras un cabeza hueca y eso me ofende un poco.

            —Ajá.

            Pocas cosas parecían afectarle de verdad, aunque era cierto que se llevaba bien con todo el mundo.

            —Intenta no abrir el pico y yo me ocuparé de hablar, ¿vale?

            —No necesito niñera, gracias. Y puedo descargar más rápido que tú.

            —Sí, claro —Doble V. resopló divertido—. Como si ese fuera el problema.

            Jer le llevaba más de una cabeza y era más fuerte que él, pero solo se lo recordó porque sabía que le molestaba.

            —Eh, Superstar, ¿qué traes ahí?

            El apodo no le molestaba demasiado por sí solo, lo que no soportaba era el tono de burla que siempre lo acompañaba.

            —Hierro —respondió con su mejor tono de indiferencia.

            —¡El hierro nunca falla! —canturreó Doble V.

            —Eso es verdad —se rio Ryan.

            Jer se encaminó hacia los contenedores de metal, deteniéndose en la báscula para que Ryan anotara el peso. Tenía que descontar la carretilla y ahí era donde siempre manipulaba las cuentas. No quiso ni mirar la pantalla. Ya llegaría el momento de enfrentarse a Ryan. mientras tanto, era mejor ignorarlo.

            Empujó la carga para subir la rampa y la dejó caer por el borde cuando llegó arriba. El ruido pareció resonar en sus oídos y se giró al salir del almacén. Contuvo una sonrisa al ver que Doble V. aún estaba llegando a la parte superior de la rampa de al lado.

            Regresó junto a Mark, que había separado algunas piezas en distintos montones. Doble V. no tardó en llegar a la carrera, dirigiéndole una mueca burlona mientras se quitaba los guantes de un tirón, guardándolos en el bolsillo a la vez que sacaba un pequeño destornillador. Asintió con gesto satisfecho al ver la selección de piezas y soltó un sonido de anticipación. Les indicó varios componentes que valía la pena desmontar y se pusieron manos a la obra. Algunos de los chicos menos aprensivos se acercaron y empezaron a trabajar a su lado, preguntándole a su «experto» qué partes debían salvar para sacar algo más de ganancia.

            Trabajaron durante un buen rato sin descanso y tuvieron que recordarle a Doble V. que llegarían tarde al comedor. La mención de la comida hizo que por fin se guardara el destornillador en el bolsillo.

            —Espero que hoy tengan albóndigas —dejó escapar un sonido de anticipación.

            Jer no pudo disfrutar de la comida desde que vio cómo Vicky se había acercado a hablar con Jacky. Resultaba obvio que se estaba cansando de intentar ganársela.

            «No tardará en recuperar la actitud hostil», se dijo.

            Soltó un gruñido al ver que tenían natillas de chocolate en el menú y sus temores se confirmaron cuando las abusonas señalaron al grupo de Jacky. Una tras otra, las demás chicas empujaron los cuencos sin decir nada, pero ella se resistió.

            —¡No! —exclamó en voz alta.

            La chica se había girado, lo que le permitió ver su expresión desafiante cuando se metió una cucharada en la boca. Todos los cubiertos parecieron detenerse a la vez, creando un silencio inquietante.

            —¡Eh! —gritó Vicky.

            Jacky se levantó arrastrando la silla y Jer la imitó sin pensar. Se lamentó de no haber reaccionado más rápido, ya que no podría llegar antes que Vicky.

            Jacky sujetó el bol con las dos manos, y en cuanto la chica se acercó, le lanzó el contenido a la cara.

            «¡Madre mía, la que se va a armar!».

            El ataque la había cogido por sorpresa y se pasó las manos por los ojos, incrédula, salpicando el suelo de chocolate. Se limpió las palmas en la camiseta con un gesto de disgusto y levantó la mano para darle una bofetada a Jacky. Ella fue más rápida y le lanzó el recipiente a la cabeza. Vicky soltó un grito cuando le acertó en la sien y el cuenco se rompió con estrépito al caer al suelo.

            Jacky se apartó y Jer corrió a colocarse junto a ella apretando los dientes. Vicky no pareció verlo o quizás no le importó. Se lanzó hacia delante, embistiendo con furia. Él se adelantó para frenar su avance de un empujón.

            Lo miró con incredulidad, levantando la mano para golpearlo ciegamente. No le costó parar el golpe y consiguió atrapó su muñeca, sujetándola con fuerza. Vicky soltaba veneno por los ojos mientras tironeaba del brazo y él la dejó ir con una mirada de desagrado.

            Los encargados del comedor llegaron a toda prisa preguntando qué había ocurrido. La sangre de Jer latía en sus oídos con golpes sordos, haciendo que las voces parecieran lejanas.

            —No vuelvas a acercarte a ella —le advirtió a Vicky.

            Lo dijo con un tono tan frío que casi no reconoció su propia voz. Vicky le lanzó una mirada desafiante y él abrió los ojos con incredulidad. Estuvo a punto de cargar contra ella, pero uno de los encargados le colocó una mano en el pecho, deteniéndolo. Ni siquiera se había dado cuenta de que se había movido.

            Se llevaron a la chica a la enfermería y a ellos dos los enviaron a ver al director. Caminaron uno al lado del otro, cabizbajos. Una vez que el calor del momento se había enfriado, las consecuencias de sus actos no parecían muy favorecedoras.

            Jer se sentó en un banco del pasillo con el corazón todavía acelerado y Jacky se deslizó a su lado, haciendo que recordara aquel momento que habían compartido en el hospital.

            —Gracias —susurró ella mordiéndose los labios con preocupación.

            Él le echó un vistazo a su cara, colorada como nunca la había visto. Buscó algo que decir durante unos segundos, sintiéndose estúpido.

            «¡Di algo, lo que sea! —gimió interiormente—. A Doble V. ya se le habrían ocurrido una docena de comentarios». Se aferró a lo primero que le vino a la mente y se obligó a sonreír con desparpajo antes guiñarle un ojo.

            —Tuvo suerte. Si llega a ser sorbete de limón, le hubiese escocido en los ojos.

            «Eso ha sido patético, tío». Le pareció escuchar la voz de Doble V. en su cabeza.

            Jacky soltó un bufido por lo bajo y sus labios temblaron de diversión antes de girarse hacia él.

            —¡Es una pena que Danny no estuviera aquí para sacarle una foto! —susurró ella con un brillo pícaro en los ojos.

            —Hubiese preferido que te la sacase a ti —Jer soltó una risita nerviosa—. ¡Parecías una amazona como las de las películas!

            Ella bajó la vista, azorada, aunque tuvo la impresión de que el cumplido le gustaba. Era cierto que le había parecido formidable, erguida como una guerrera y con los ojos negros ardiendo de furia. Ella se soltó la coleta y se pasó las manos por el pelo.

            —Es una pena que no existan superhéroes de verdad —se lamentó la chica—. Alguien debería proteger a los demás de las injusticias. Cuando uno se defiende, no solo tiene que arriesgarse a llevar las de perder; incluso cuando vence debe afrontar un castigo.

            Suspiró con pesar, inclinando la cabeza hacia delante de forma que su pelo negro ocultara su rostro. Jer esperó lo que le pareció una eternidad antes de colocar su mano sobre la de ella. Temió que se apartara cuando dio un respigo, pero pareció relajarse enseguida.

            «Es un detalle estúpido. Seguro que ni se acuerda». Se quedaron en silencio hasta que se abrió la puerta.

            Yo iré primero —dijo él.

            No había pensado que volvería a hablar con el director tan pronto y menos aún en aquellas circunstancias. Esperaba hacerle entender la situación antes de que sacara conclusiones equivocadas.

            Al principio usó un tono tranquilo para explicarle lo ocurrido, pero poco a poco, su voz empezó a cambiar al contarle que aquellas chicas llevaban tiempo abusando de las pequeñas sin que nadie hiciera nada. Le lanzó una mirada acusadora y el hombre se lo quedó mirando con sorpresa.

            —Jacky solo se estaba defendiendo —le aseguró.

            El director lo interrumpió en ese punto.

            —La violencia no es una respuesta aceptable, Jeremy —replicó—. Los encargados deben ocuparse de esos temas, ¿por qué nadie los avisó de lo que estaba ocurriendo?

            Jer respiró hondo antes de hablar.

            —¿Cuántos años lleva usted aquí? Estoy seguro de que conoce de sobra a la gente de la 97. Presumen de ser leales incluso en las circunstancias más adversas y no dudan en crucificar a cualquiera que se va de la lengua. ¿Qué cree que pasará cuando se enteren de lo que acabo de contarle? —empezó a canturrear—: «Run, traitor, run».

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