Jer
se encontraba en la pasarela de la presa y el ruido del agua resultaba
ensordecedor. Era de noche y el viento frío se colaba bajo su ropa,
provocándole escalofríos.
—¿Vas
a saltar, Jeremy? —preguntó Sean antes de mirar a Nick con gesto desafiante.
Sonrió
antes de dejarse caer y él solo pudo dejar escapar un grito, sin atreverse a
mirar hacia abajo.
—¡Splash!
—dijo Nick —. ¡Uno fuera!
Se
lanzó detrás de su amigo riendo y Jer alargó la mano como si pudiera detenerlo.
—Decídete,
Jer —su padre estaba a su lado y lo miraba con el ceño fruncido.
—¡Vamos,
chico! —dijo Garrett a unos metros de distancia.
Cuando
se giró ya había desaparecido, pero pudo ver que Albert Collins se encontraba
cerca.
—¿Todavía
no has aprendido la lección? —preguntó con gesto severo antes de saltar a su
vez.
El
chico se volvió hacia su padre, que lo miraba expectante.
—Decídete,
Jer —insistió.
—No
quiero saltar —dijo él con voz temblorosa.
—Nadie
quiere —respondió su padre con tristeza antes de dejarse caer.
Se
lanzó tras él, intentando agarrarlo de la ropa y en ese momento despertó
sobresaltado. Se frotó la cara con las manos, intentando despejarse. Estaba
sudando, pero se sentía helado por dentro.
Tiró
de la ropa de la cama. La sábana se había soltado por completo y acabó hecha
una bola en sus manos. La apretó contra el pecho, intentando alejar aquella
fría sensación. No era la primera vez que tenía una pesadilla parecida. Le
ocurría desde que había escuchado la historia de Sean y se preguntó si sería
capaz de aceptar el reto de Ryan.
«Puede
que sea la forma más sencilla de conseguir la información». Un estremecimiento
pareció desmentir sus palabras y se arrebujó en la calidez de la colcha.
Intentó quedarse dormido de nuevo; sin embargo, su cerebro parecía
completamente alerta.
«Solo
era un sueño». Se giró mirando al techo y escuchó con atención, reconociendo
los diferentes sonidos nocturnos. Trató de relajarse, acompasando su
respiración con el ritmo constante de Doble V., pero se incorporó con
frustración cuando no lo logró. Eran apenas las once, comprobó con un gemido.
Se sentía despierto por completo y tenía la garganta seca, así que se levantó
para ir a beber. Al ponerse las zapatillas, le pareció que la cama de Mark
estaba vacía y se acercó pensando que la vista lo había engañado debido a la penumbra.
«¡No
está!», constató sorprendido. Apoyó la mano sobre la colcha, confuso y encendió
la luz pensando a toda velocidad.
«¡Habrá
ido al baño, idiota!». Respiró aliviado en cuanto lo pensó.
Salió
en silencio cuando Doble V. se giró en la cama, pero no encontró al niño en los
lavabos más cercanos ni por el pasillo. Regresó sintiéndose cada vez más
inquieto y empezó a zarandear a Doble V. por los hombros.
—¡Doble
V. despierta! —exclamó—. Mark se ha escapado.
—¿Qué?
El
chico se frotó los ojos con expresión confundida, pero se levantó de un salto
en cuanto le explicó la situación.
—¡Vístete,
vamos! —lo urgió su amigo—. Tenemos que ir a buscarlo.
Obedeció
sin pensar y ya se estaba calzando cuando se le ocurrió preguntar.
—¿A
dónde crees que ha ido?
—A
casa de Walters —respondió Doble V. sin vacilar.
Lo
miró con incredulidad.
—¡No!
No se habrá atrevido —protestó negando con la cabeza—. ¡No es posible!
—¿Se
te ocurre otra razón para que haya salido de noche?
Jer soltó
un gruñido de exasperación.
—¡Será
cabezota! —masculló.
Le
echó una mirada acusadora a Doble V., pero él lo ignoró, saliendo al pasillo.
El ruido de sus pisadas hacía que a Jer le rechinaran los dientes, aunque nadie
pareció enterarse, ni siquiera los chicos que dormían con la puerta abierta.
Escuchó sus respiraciones con el cuerpo en tensión y le pareció que estaban
tardando una eternidad en llegar a la parte trasera.
Doble
V. le señaló una de las aulas.
—La
puerta está bloqueada de noche —susurró.
Abrió
una ventana y saltaron al exterior. El muro que rodeaba el patio no era
demasiado alto y lo escalaron sin problemas. Jer se dejó caer al otro lado de
un salto y Doble V. le hizo un gesto para que lo siguiera hacia la zona menos
iluminada.
—¡No
veo el día de dejar todo esto atrás! —exclamó el chico.
Jer lo
miró con interés y se preguntó cuál sería su plan. ¿Habría pensado en las
consecuencias de llevarse a Mark? Esperó hasta que se alejaron unos metros para
hablar.
—¿A
dónde irás? —preguntó en la penumbra.
—¡Lejos!
—dijo el otro con un destello de dientes blancos—. Lo más lejos posible.
Caminaron
en silencio durante unos minutos y Jer se abrochó la cazadora hasta arriba.
Hacía frío a aquellas horas.
—¿Y
tú? —preguntó Doble V.— ¿Quieres volver al Sector 6?
Curiosamente,
la pregunta lo sorprendió. Ni siquiera se le había pasado por la cabeza y es
que ya no echaba de menos su antigua ciudad. Si la 97 le provocaba sentimientos
dolorosos, no quería ni imaginarse cómo se sentiría allí.
—No
lo creo —rechazó la idea.
La
puerta de un local cercano se abrió y escucharon las risas de unos clientes
antes de que salieran a la calle.
—Por
aquí —Doble V. señaló una calle estrecha.
Apresuraron
el paso hasta salir a una calle más ancha que no reconoció. Doble V. parecía
saber dónde estaban y giró a la derecha. Él lo siguió, cruzando la calle y
metiéndose por otro callejón. Se sintió completamente desorientado hasta que
llegaron a la esquina de una plaza y reconoció la casa de piedra de Walters.
Rodearon
el edificio con cautela, hacia el lateral donde se encontraba el despacho. Se
veía luz por los huecos de las cortinas, pero no había ni rastro de su amigo.
Jer se puso nervioso al vislumbrar al hombre, que estaba sentado ante el
escritorio. Doble V. tiró de él y se escondieron detrás de un árbol que había a
unos cuantos metros, mirando a un lado y a otro.
—¿Crees
que Mark se habrá perdido? —Jer respiró hondo.
Estaban
cerca del parque del norte y el olor a eucalipto inundaba el aire.
—El
chaval creció en esta zona —respondió Doble V. en voz baja—. Puede que esté por
aquí cerca mientras espera a que Walters se vaya a la cama.
Era
una posibilidad aterradora. Jer cambió el peso de un pie al otro, inquieto y estuvo
a punto de sugerir que Doble V. fuera a echar un vistazo, pero no le apetecía
quedarse allí solo.
—¿Qué
harás si no consigues encontrar a su madre? —preguntó en cambio.
Doble
V. se movió unos centímetros y la luz de una farola iluminó los ojos verdes,
más serios que de costumbre.
—Descubriré
dónde está de una forma u otra.
Lo
dijo con demasiada seguridad para su gusto.
—¿Y
cómo piensas conseguir que no te atrapen con un niño de doce años a cuestas?
—preguntó Jer—. Supongo que no querrás meter a los nómadas en problemas.
—Usaremos
las pulseras que están a buen recaudo en la 95 —soltó un sonido de
impaciencia—. Deberíamos separarnos para buscarlo.
Jer se
olvidó de lo que iba a decir cuando los sobresaltó un movimiento por encima de
su cabeza.
—Estoy
aquí —dijo Mark.
Dieron
un respingo y lo observaron bajar del árbol con agilidad. Se los quedó mirando
tan tranquilo y Jer sintió tal alivio que no supo si abrazarlo o darle un
coscorrón.
—Yo
también quiero conocer el plan —susurró el niño.
—Eres
demasiado pequeño —replicó Jer.
—Shhh
—chistó Doble V.—. Aquí no. ¡Vámonos!
Mark
empezó a protestar, pero Doble V. le tapó la boca con una mano y lo empujó con
la otra. Lo soltó cuando se alejaron lo suficiente.
—¡Tengo
que averiguar dónde está mi madre! —insistió el pequeño.
—¿Y
vas a entrar de noche en la casa de uno de los hombres más poderosos de la
ciudad? Podría matarte por error o simplemente porque nadie iría tras él —Doble
V. le dio un pellizco en una oreja—. ¿Crees que Walters se tomará a la ligera
que alguien se ponga a hurgar en sus negocios sucios, aunque se trate de un
crío? ¿Por qué crees que Ryan no ha conseguido la información a estas alturas?
Mark se
llevó la mano a la oreja y se mordió los labios temblorosos antes de responder.
—¡Estás
dando por hecho que me descubrirían! —acusó—. Y no pensaba entrar en el
despacho, para que lo sepas.
—¿Ah,
no? —preguntó Jer—. ¿Y qué pensabas hacer?
—Os
lo enseñaré —sonrió antes de echar a andar.
Jer se
debatió entre la curiosidad y la preocupación cuando los llevó hasta la parte
de atrás del vertedero. Mark se detuvo junto a los árboles que había en el
lateral y se enderezó con orgullo.
—¡Atentos!
—soltó una risita.
Toqueteó
su pantalla y un destello plateado se acercó a la carrera.
—¿Has
robado la rata? —Jer se apartó alarmado.
—No
es una rata —respondió con suficiencia—. ¡Es un gato!
Se
agachó para tocar la cabeza del robot, señalando las orejas puntiagudas. Doble
V. se acercó enseguida, obviamente fascinado. Mark tocó la pantalla de nuevo y
el gato se tumbó, enroscándose sobre sí mismo.
—¿Cómo
lo atrapaste? —susurró Doble V. mirando la bola plateada sin apenas parpadear.
—Se
vinculó al identificador cuando me subió por encima —se encogió de hombros—.
¡Mira!
Desplegó
la pantalla para mostrarle el menú de control, que parecía un programa de
reconocimiento de terreno. Reflejaba la zona donde se encontraban, mostrando la
posición del robot con una luz roja.
—¿Qué
es eso? —preguntó Jer con recelo señalando unos puntos verdes.
—Árboles
—señaló los abetos que había a unos cuantos metros.
Seleccionó
uno y el gato salió a la carrera, subiendo por el tronco sin dificultad.
—Cuando
el menú se activó, toqué uno sin querer y salió corriendo del vertedero.
—¿Se
subió a un árbol? —Doble V. se echó a reír—. ¿Antes de que llegara el señor
Jenkins, quieres decir?
Mark
asintió, haciendo que el robot regresara. Este se estiró y dio unas cuantas
vueltas, sentándose finalmente sobre las patas traseras. Las orejas se movieron
sobre su cabeza y las dos luces verdes de sus ojos se cerraron de forma
siniestra. La nariz y la boca destacaban en su cara plateada y los bigotes se
movían como antenas. Soltó un maullido y Jer se apartó al ver los afilados
colmillos. El gato se sentó de nuevo en posición de espera y no sabría decir si
le resultaba más inquietante que se pareciera a un gato de verdad o que no lo
pareciera del todo. Nunca había visto una de esas mascotas tan de cerca.
—No
parece averiado y está fuera del vertedero —dijo Mark —. Si acabó aquí por
error, no hay ninguna razón para decir nada, ¿verdad?
—Está
programado para podar y recoger fruta —aclaró Doble V. toqueteando la pantalla.
El
gato levantó una pata, mostrando la zarpa y sacando las uñas, que parecían más
bien unas pequeñas cuchillas. No era una mascota, después de todo.
—Es
posible que venga del Sector 4 —dijo Jer con el ceño fruncido—. En ninguna otra
parte usarían un robot para esas tareas.
—Tienes
razón —Doble V. tocó la zarpa con cuidado.
Mark
enderezó más la espalda.
—Tiene
una cámara incorporada —dijo con suficiencia—. Solo tengo que encontrar una
manera de hacerla entrar en la casa.
—¿Es
una chica? —preguntó Doble V.
Él
asintió.
—Voy
a llamarla Queen.
Jer estuvo
a punto de gritarle que se olvidara del tema y dejó escapar un gruñido de
frustración. Doble V. le echó una rápida mirada y se acercó a Mark.
—Será
mejor que no lo hagas ¿vale? —dijo con un tono suave—. Podrían atraparla y no
volverías a verla.
Le
puso una mano sobre el hombro y Jer lo fulminó con la mirada haciéndole saber
que aquello era culpa suya. Sintió ganas de golpear a Doble V. Este carraspeó y
contuvo la sonrisa que había asomado a sus labios. Se puso serio y le hizo
prometer al niño que no haría nada al respecto.
—Confía
en mí —pidió—. Averiguaremos dónde está tu madre antes de irnos.
Mark
puso al gato en posición de reposo y este se enroscó de nuevo como si estuviera
durmiendo. Acababa de guardarlo en la mochila cuando escucharon el ruido de un
motor y se apresuraron a esconderse entre los árboles. Dos pequeños camiones
que pasaron por el camino de tierra seguidos por una furgoneta.
—¿A
dónde irán a estas horas? —murmuró Jer.
Doble
V. lo había oído.
—Son
los camiones de Walters.
—¿Salen
de noche? —se extrañó.
—No
creo que lleven piezas recicladas —su amigo sonrió socarronamente.
Le
explicó que solían esperar a que dieran las doce en la zona de construcción.
—Quiero
verlos —decidió.
El
otro intentó disuadirlo, pero él no lo escuchó. Se encaminaron hacia el límite
norte y Mark los siguió en silencio. Doble V. tiró de él antes de girar en una
esquina y le señaló uno de edificios a medio construir. Subieron a la primera
planta y pudieron ver los vehículos en la calle de delante, parados a cierta
distancia.
—Esperan
a que salga el reparto de la fábrica a medianoche y se dirigen a la carretera
principal por el camino que usan los del equipo de construcción.
Señaló
el extremo de la calle, apenas iluminada por la luna. Un camino de tierra se
perdía de vista entre la maleza.
—¿No
pasan por el control?
—No
—confirmó él—. Suelen ser uno o dos camiones pequeños y detrás siempre va una
furgoneta. Podríamos meternos bajo la lona del remolque, pero tendríamos que
bajarnos en algún punto del camino.
Jer lo
miró con incredulidad.
—Acabas
de decir que Walters podría matar a cualquiera como si nada —le recordó en voz
baja—. ¿Y pretendes colarte en uno de los vehículos en los que transporta
alguna mercancía ilegal?
—Eh —levantó
las manos en un gesto defensivo—. Ya te dije que no valía la pena venir a
comprobarlo. Solo valoré la idea durante un tiempo —admitió—. Preferiría usar
uno de los camiones de West, aunque es bastante más difícil. Es posible entrar
en la zona de carga, pero hay demasiada gente. Una vez que salen de la fábrica,
la única forma de subirte a uno es cuando se detienen antes de incorporarse a
la carretera general. Solo puedes agarrarte a la manilla de la puerta y apoyar
los pies en un saliente, lo que es bastante incómodo.
—Podrías
deslizarte con un skate y dejar que te arrastre —intervino Mark.
Doble
V. negó con un gesto.
—Lo
probé hace un tiempo y acabé en la cuneta —torció los labios—. ¡No sabes la
velocidad que alcanzan al salir de la ciudad!
—¿Lo
probaste? —preguntó Jer asombrado—. ¿Con un camión de West?
El
chico soltó un suspiro de pesar.
—Así
perdí la tabla —confesó—. Salí volando y no pude encontrarla —se estremeció al
recordarlo—. Dejar la ciudad es sencillo, el problema es alejarte lo suficiente
antes de que se enteren.
Jer se
quedó pensativo mientras vigilaba. Sentía el calor de Mark a su costado y le
resultaba reconfortante, aunque le hacía notar aún más la brisa que entraba por
las ventanas sin cristales. Por fin distinguió algo de movimiento cuando dos
hombres llegaron desde el final de la calle. Uno de ellos se subió al primer
camión y el otro se dirigió hacia la furgoneta.
—Ya
ha salido el reparto de la fábrica —susurró Doble V.— Así evitan cruzarse con
los camiones de West.
Se
encaminaron de vuelta cuando los vehículos desaparecieron al doblar una curva.
—¿Ya
tenemos un plan? —preguntó Mark.
—Depende
de Jer.
«¡Cómo
no! Lo que quieres es hacerte con la moto de Nick», pensó, obligándose a
ignorar la mirada de Mark con un nudo en el pecho.
—¿Todas
tus ideas son igual de arriesgadas? —preguntó—. Porque preferiría no verme
atrapado en alguna de tus locuras.
Doble
V. puso los ojos en blanco, pero Mark lo interrumpió antes de que pudiera
contestar.
—Siempre
podemos colarnos en la furgoneta de Walters —declaró el niño.
Jer lo
miró consternado y Doble V. enarcó las cejas divertido.

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