martes, 28 de octubre de 2025

Rebeldes pero leales. 26- Confession Song

 



            Jer le sugirió a Doble V. que revisara la moto a fondo antes de que se le ocurriera alguna locura por su cuenta. Se había rendido ante la terquedad de sus amigos, aunque se resistía a decirlo en voz alta.

            —¿En serio piensas llevarte la moto de Nick Parker? —preguntó Mark.

            —Es mejor que saltar en mitad de la carretera o que te atrapen los empleados de Walters —admitió con renuencia.

            Precisamente, había incluido al niño en la conversación para evitar que se precipitara y se marchara por su cuenta si llegaba a averiguar el paradero de su madre. No sería tan impulsivo si le ofrecía una opción mucho menos arriesgada.

            —Le dejaré la guitarra de mi padre a cambio.

            Lo dijo como si estuviera hablando de una transacción normal y corriente, aunque sabía que lo último en lo que pensaría Nick sería en el valor de la moto.

            Si nos deja llevarla al taller, podría hacerle unas cuantas mejoras —sugirió Doble V.

            No fue difícil convencer al músico.

            —Tengo un amigo que quiere sacarse el permiso de moto —le dijo Jer—. Aún no tiene la edad para arreglar los papeles, pero le haría ilusión poder practicar.

            —¡Claro! —respondió Nick de inmediato. Después se lo quedó mirando y pareció pensárselo mejor—. Siempre que sea de fiar.

            —¡Por supuesto! —le aseguró.

            «Depende para qué», añadió mentalmente.

            —Si se hace daño, más vale que no le vaya con el cuento a los de West —advirtió.

            De camino al Skyway, Doble V. empezó a hablar de la actuación que estaban preparando para las fiestas de Navidad.

            —Deberías unirte a nosotros —sugirió.

            —¿Piensas estar aquí para entonces?

            Eso era una buena noticia.

            —Es mejor mantenerse ocupado hasta que podamos irnos —dijo sin más—. ¿Es que ya no te interesa formar un grupo?

            —Si me interesara, sería una estupidez marcharme. El Skyway es uno de los mejores locales.

            Le hizo un gesto para torcer a la izquierda.

            —Es posible que Nick esté en la casa del huerto.

            Llegaron hasta el muro que rodeaba la propiedad y lo siguieron hasta llegar a la puerta junto al puente. Jer la abrió, comprobando que no la habían bloqueado. El huerto olía a tierra y a las flores que rodeaban la casa. Nick estaba bajo un manzano y levantaba a Nicole para que pudiera llegar a una rama cargada de frutos, que la niña arrancaba con gritos de alegría.

           

            —Eh, Nick —lo llamó.

            Él se acercó con la niña en brazos y miró a Doble V. de arriba a abajo cuando se lo presentó.

            —¡Vaya! —le dijo este a la niña—. ¿Qué tal se respira ahí arriba?

            Nicole lo miró con curiosidad y Nick sonrió, divertido por el extraño comentario.

            —Mi padre era solo un poco más bajo que él —fanfarroneó Jer por lo bajo.

            Se enderezó, estirándose todo lo que pudo y el chico le lanzó una mirada torcida, con los ojos verdes centelleantes. Nicole se revolvió para bajar al suelo y se quedó mirando a Doble V. con la cabeza ladeada.

            —Hola —saludó—. ¿Quieres una manzana?

            El chico asintió y la niña lo cogió de la mano, llevándolo hasta donde estaba el cesto con la fruta. Nick le echó una mirada de duda a Doble V., pero el chico se acercó con el cesto, dando un mordisco a una de las frutas y masticando con indiferencia.

            —Si llega con los pies al suelo, no hay problema, pero no salgáis del huerto —dijo Nick finalmente. Vio a Willy en el umbral de la puerta y lo llamó—. Échale un ojo a tu hermana, ¿quieres?

            Nicole le trajo una manzana y Jer la aceptó sonriendo. La niña cogió el cesto con las dos manos y se lo pasó a su hermano. Nick les hizo un gesto para que lo siguieran y se quedaron en el patio del Skyway mientras él iba a buscar las llaves.

            —Tengo que admitir que me da algo de reparo robarle la moto a este grandullón —dijo Doble V. entre dientes.

            —Dijo que podía usarla cuando quisiera, ¿recuerdas?

            Doble V. apenas llegaba con las puntas de los pies al suelo, pero Nick se relajó en cuanto vio que sabía lo que hacía.

            —Sean ha salido a un recado y Jane va a llevar a los niños a casa de Albert. Si os vais antes de que vuelva, cerrad la puerta del huerto, ¿vale? —le entregó la llave a Jer.

            Doble V. dio varias vueltas por el camino que rodeaba la casa hasta que se quedaron a solas. Entonces se paró a un lado y empezó a revisar la moto. Hablaba en voz baja, y de vez en cuando, le daba unas palmadas al vehículo. Jer puso los ojos en blanco, ya que era lo mismo que hacían tanto él como Mark con Queen.

            Se sentó a la sombra de un árbol, observando el cielo azul y las nubes blancas como algodón que lo surcaban. Sin la familia, el huerto estaba tan tranquilo que le provocaba una sensación extraña, algo así como una mezcla de paz e inquietud a la vez. Se concentró en las formas redondeadas, intentando no pensar en nada más. Se quedó medio dormido.

            Se sobresaltó cuando Doble V. arrancó la moto algo más tarde, pero cerró los ojos de nuevo. Respiró el aroma de las flores de un arbusto cercano y sintió la brisa en su cara. El ruido de la ciudad sonaba amortiguado en el interior de aquellos muros. En otras circunstancias, aquel lugar podría haberle parecido un verdadero refugio.

            Volvió a quedarse dormido hasta que escuchó a Doble V. llamándolo. No despertó del todo hasta que se acercó y casi le gritó al oído. Lo miró un tanto atontado y se dio cuenta de que agitaba la mano saludando a alguien. Miró en aquella dirección y se sorprendió al ver que Jacky llegaba desde el puente.

            Había ido a ver a Nicole, pero no pareció desilusionada al saber que no estaba. Se dirigió hacia la moto y se la quedó mirando con los ojos muy abiertos.

            —¡Oh, yo también quiero aprender! —dijo al saber que pertenecía a Nick.

            Jer le echó una mirada de advertencia a Doble V., que parecía a punto de acceder. Ya era tarde, Jacky sujetó el manillar y soltó el pie de la moto.

            —«Mientras llegue con los pies al suelo» —imitó el chico con una risita.

            A él no le hizo gracia.

            —No te preocupes —dijo ella—. Le pediré permiso antes de conducirla.

—Puedo darte una vuelta —ofreció Doble V.

            A Jer no le dio tiempo a protestar antes de que se subiera y arrancara con Jacky a su espalda. Los observó con los labios fruncidos.

            «Irme con este tío es una pésima idea —se dijo—. Si no fuera por Mark…».

            Meneó la cabeza sin saber cómo convencer al niño. ¡A saber dónde acabarían si se iban ellos dos solos!

            Dieron varias vueltas a la casa antes de detenerse. Jer se había echado de nuevo bajo el árbol y los escuchó fingiendo indiferencia. Doble V. dijo algo acerca de los amortiguadores y ella empezó a hacerle varias preguntas, a las que contestó con paciencia. Cuando le explicó cómo funcionaba el motor, él ya había perdido el hilo de la conversación. Sin embargo, Jacky parecía escucharlo con interés.

            —La célula de energía está en las últimas —dijo Doble V. acercándose.

            Se incorporó enseguida.

            —¿Estás seguro?

            Hizo un gesto que no parecía muy esperanzador.

            —No tiene suficiente fuerza.

            Se refería a un viaje largo, por supuesto.

            Jacky preguntó acerca de las ventajas de los distintos tipos de células. Los escuchó distraído hasta que Doble V. se marchó al taller.

            Caminaron por el jardín, pero una parte de su mente seguía pensando en aquello. Ella pareció darse cuenta.

            —¿Por qué te preocupa tanto la moto?

            —¿Qué? —lo pilló desprevenido—. No me preocupa, en absoluto. Es cosa de suya. Como es mecánico, quiere hacerle unos arreglos.

            —Ajá —entrecerró los ojos—. ¿Qué estáis tramando?

            Volvió a sentir aquel rechazo a mentirle, como si al inventar una excusa se empañase el vínculo que lo unía a ella. Necesitaba esa conexión de una manera que no podía entender, y además, sentía que podía confiar en Jacky.

            No supo ni cómo empezó a hablar, pero una vez que lo hizo, ya no pudo detenerse. Le contó la pelea que había mantenido con su padre y lo mucho que le dolía imaginárselo en el Skyway mientras él se divertía en la 95. Mencionó las circunstancias de Mark con más detalle, explicándole su plan para huir con la moto.

            Ella le echó una mirada incrédula, intentando asimilar todo aquello y no dijo nada hasta que terminó.

            —¡Por dios! —exclamó—. ¡Pensaba que solo queríais dar una vuelta en secreto o algo así!

            Caminaron hacia los árboles y se echaron sobre la hierba. Apenas había nubes ya, pero se quedaron mirando las pocas que pasaban sobre ellos con expresión pensativa.

            —Sabes que irte no es la mejor opción —dijo ella sin mirarlo—. Aquí tienes el futuro asegurado, hagas lo que hagas.

            —Es posible, pero cuando pienso en las posibilidades, tengo la sensación de que se trata de la vida de otra persona —se incorporó y miró al frente—. Es como si todos tuvieran claro quién soy y lo que debería hacer y se sintieran obligados a decírmelo. Excepto Sean. Él… es distinto, pero eso no basta para contrarrestar lo demás.

            Jacky apoyó la espalda contra el tronco, rodeándose las rodillas con sus brazos y manteniendo la mirada sobre los pies.

            —Ya ni siquiera siento el mismo interés por la música —confesó—. Es como si todo lo que me hacía sentir en el pasado hubiese desaparecido de pronto.

            —Lo siento —dijo ella con voz suave—. Cuando veo a mi hermano tocando o componiendo; no sé, es como si estuviese en su propio mundo. Parece un lugar especial. Debe de ser duro haber perdido algo así, además de todo lo demás.

            Sus ojos se nublaron de tristeza y quiso darse de bofetadas por haber abierto la boca. Por un momento, casi había olvidado que ella había perdido tanto como él.

            «Al menos tiene a su hermano», se dijo. De pronto recordó que el chico trabajaba en el Skyway.

            —No se lo digas a Jay, ¿vale? —pidió—. No es que tenga importancia, y seguramente, Sean no diría nada; pero Nick… A veces me siento como si lo estuviera defraudando, lo que no tiene ningún sentido —hizo una pausa—. Es extraño. Si quisiera dedicarme a la música, estaría defraudando a mi padre. ¡No hay forma de acertar! —se rio nerviosamente—. De todas formas, prefiero no tener que explicárselo.

            Ella prometió no comentarlo, le dio un ligero apretón en la mano y Jer se sintió bastante mejor.

            «Todo el mundo necesita sincerarse con alguien de vez en cuando», decidió.

            —A veces, cuando me enfado con Jay —dijo Jacky con un brillo de malicia en los ojos—, enciendo su teclado y le cambio las opciones personalizadas. Solo un poquito. Así piensa que ha tocado algo sin querer y no puede acusarme.

            La miró divertido aunque un tanto confundido.

            —Me has contado tu secreto —explicó—. Es justo que te cuente el mío. ¡De acuerdo! —exclamó levantándose—. No lo entiendo, pero si quieres marcharte, te ayudaré en lo que pueda. Aunque solo se trate de distraer a Nick mientras te llevas la moto.

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