Doble
V. no había parado de hablar acerca de las carreras durante días.
—Si
uno de los tracers me hubiese dejado una moto…
—Seguro
que estarían encantados de ver cómo te estrellas contra un muro —dijo Jer con acritud.
Queen
subió al escritorio de un salto y caminó con cuidado entre las piezas que había
desparramadas sobre él. Doble V. tocó la pantalla para hacer que la gata
regresara al suelo y esta se subió a la cama de Mark, que le dio unas palmadas
cuando se acomodó a su lado.
—Creo
que puedo insertarle un programa para que responda a las órdenes de voz
—murmuró mientras revisaba el menú—. ¿Qué dices, Mark? ¿No te gustaría que
acudiera cuando la llamas por su nombre?
—¿En
serio?
Lo
miró con los ojos brillantes de excitación.
Jer
puso los ojos en blanco, pensando que al menos le habían hecho caso manteniendo
a la gata en la habitación. Resultaba algo inquietante ver cómo saltaba de un
sitio al otro, pero empezaba a acostumbrarse.
—Podría
haber conseguido que Ryan nos ayudara —insistió Doble V. cuando Mark salió al
patio con su skate.
Jer
lo dudaba seriamente ya que la actitud del chico se estaba volviendo cada vez
más inaguantable. Incluso cuando conseguía ignorarlo, Ryan se empeñaba en
buscarle las cosquillas diciendo cosas como: «Eh, Superstar, ¿te ha comido la
lengua el gato?» o «¿Ya se te han pasado los aires de grandeza, Superstar?». Y
lo decía mientras seguía robando parte de su paga, lo que lo sacaba de quicio.
Pasó
la mano por la tira de cuero que llevaba en la muñeca derecha, sintiendo cierto
consuelo.
«Al
menos demostraré que es un ladrón». Había hablado con Danny acerca de la
investigación del vertedero, preguntándole si tenía una cámara lo bastante
pequeña como para que no lo atraparan grabando lo que allí ocurría. La chica se
había mostrado indecisa, pero acabó por acceder y le había enseñado la pulsera
de cuero. El objetivo de la cámara estaba disimulado en el botón de cierre.
—Ten
cuidado de que no te pillen o nos veremos en un buen lío. ¡Por no hablar del
dineral que me costó!
Estaba
vinculada a una pequeña pantalla que recibía las imágenes y guardaba los
archivos. Podría llevarla en un bolsillo y activarla sin que nadie lo notara.
—¿Captura
audio?
—Sí,
aunque tienes que estar cerca. Para las imágenes también, de lo contrario no
verás más que un borrón. Será mejor que practiques antes para acostumbrarte a
enfocarla.
Le
mostró cómo activarla y observó el resultado pensativo, por lo que su pregunta
lo cogió totalmente por sorpresa.
—¿Me
darías una copia de los archivos cuando termines? Puede que la investigación se
haga pública, pero no divulgarán las pruebas. Correrán rumores, pero nadie
sabrá la verdad y yo creo firmemente que la gente debería enterarse de esas
cosas, ¿sabes?
Dijo
que se lo pensaría, puesto que no tenía ni idea de lo que pensaba hacer con las
imágenes y, fuera lo que fuera, lo más seguro es que West no se lo tomara
demasiado bien.
Jer practicó
hasta encontrar una postura desde la que obtener una grabación más o menos
precisa, mientras valoraba si debía hablar o no con Greg Evans. Pensaba
entregarle las grabaciones para que pudiera demostrar las condiciones en que se
trabajaba, la falta de medidas de seguridad y la edad de los chicos; pero,
sobre todo, quería dejar en evidencia cómo Ryan manipulaba las cifras. Con esa
idea en mente, su presencia le resultaba un poco más tolerable.
Al
día siguiente, su resolución se vio puesta a prueba cuando llegó el momento de
ir a cobrar. Ya había unos cuantos chicos haciendo cola para que el señor
Jenkins les pagara y Jer se colocó detrás de un niño de unos once años,
preparándose para tratar con Ryan. No podía ver la cara del chico, pero le
pareció que era nuevo en el vertedero y debía de ser del sur, porque protestó
en voz baja cuando Ryan hizo las cuentas.
—Estas
son tus ganancias. Si quieres más dinero, tendrás que trabajar más. ¡Siguiente!
«¡Maldito
idiota! —pensó—. ¡Siempre tiene que fastidiarme el día!».
La
rabia relucía en los ojos del muchacho cuando se giró y Jer conocía de sobra la
impotencia que se reflejaba en ellos. Sin embargo, tal y como era de esperar, el
chico se marchó sin decir nada. Jer se obligó a mantener la mirada en el
mostrador, a pesar de tener la sensación de que Ryan sonreía con burla.
«Piensa
en la cámara —se dijo—. Lo demás no importa. No me importa, no me importa…»

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