Hacía
un día espléndido para estar a finales de octubre. Todo estuvo listo para la
barbacoa cuando terminaron de montar la larga mesa en el jardín.
Willy
se acercó con timidez a Lee, preguntándole por su grupo. Garret no tardó en
unirse la conversación, relatando con voz animada los detalles de la última
actuación de su hijo.
—Caroline
acaba de enviar un mensaje —dijo Jane acercándose—. Parece que Albert va a
retrasarse un poco.
—¿Rebeca
traerá a su amigo? —preguntó Sean.
Ella
asintió.
—¿Va
a traer a un chico? —se extrañó Garrett —. ¿Y Albert lo sabe?
—No
es nada de eso —respondió Sean—. Se trata de un compañero de la zona este.
—¿En
serio? —El hombre arqueó las cejas.
Se
imaginó que Rebeca Collins debía de relacionarse con los estudiantes, aunque
seguramente no tendría por costumbre invitarlos a una reunión familiar.
—¡Más
vale que no lo asustéis! —Jane les lanzó una mirada de advertencia.
—¡A
la orden! —bromeó Garrett —. Nada de hablar de la fábrica, ni del gobierno, ni
de los problemas de la 97… ¡Uf, es posible que tenga que hablar de contabilidad
con Albert! De lo contrario no podrá participar en la conversación —Soltó una
carcajada.
Su
mujer meneó la cabeza, aunque los ojos le brillaban de risa.
Sean
preguntó si ya habían reservado escenario para las fiestas de Navidad, lo que
hizo que cambiaran de tema. Aún faltaban varios meses, pero el grupo de Lee ya
se había asegurado un hueco. Eso despertó varios comentarios entusiastas.
A
Nicole no le interesaba el tema. Sujetó la mano de Jer declarando que le
mostraría sus juguetes. Dejó que lo llevara al interior de la casa, aliviado de
no verse obligado a participar en la conversación. Prefería mil veces jugar con
ella.
La
niña decidió que debía interpretar el personaje de un pequeño osito blanco que
había sido secuestrado por un brujo. Le ordenó situarlo en el alféizar de la
ventana, que hacía las veces de fortaleza y ella sujetó a un oso marrón más
grande sobre un caballo. Estaban a punto de escapar cuando percibió un
movimiento por el rabillo del ojo.
—¡Mira!
Ha llegado tu prima Rebeca —le dijo a la niña.
La
chica se acercó a los demás, acompañada de su madre y del que debía de ser el
chico del este.
—¿Quién
es? —preguntó ella.
—No
sé. ¿Vamos a hablar con él?
Dejó
el oso a un lado, entusiasmada y bajó las escaleras sonriendo. Le encantaba
conocer gente nueva, y al contrario que su hermano, se acercaba enseguida a
parlotear con cualquiera.
—¡Nicky!
—la llamó su prima.
Echó
a correr y se lanzó hacia ella de golpe, abrazándola. A continuación se apartó,
inclinando la cabeza y mirando al extraño con curiosidad. Él se había quedado a
un lado. Ella se le acercó con desenvoltura, extendiendo la mano.
El
chico era alto y delgado. Miraba a los demás de una manera que no supo definir.
¿Orgullo? ¿Confianza? Esas palabras no parecían suficientes para describirlo.
Quizás solo era una actitud común entre los chicos del este, se dijo.
Se
inclinó para estrechar la mano de la niña.
—¡Hola,
me llamo Nicole y tengo seis años! —soltó ella de carrerilla.
—¿En
serio? Yo tengo dieciséis —sonrió—. Encantado de conocerte. Mi nombre es Jin.
La
niña le echó una larga mirada.
—¿Eres
un príncipe? —señaló su pelo, peinado hacia un lado y con los mechones
perfectamente colocados en su sitio.
Él
abrió los ojos, sorprendido. Los demás se habían callado al oír a la niña.
—Mi
papá es un príncipe, pero está ocupado y no puede ir a rescatar a Pudding
—explicó cogiéndolo de la mano—. Ven, me ayudarás a salvarlo.
Jin
miró confundido a Rebeca. Ella le hizo un gesto, animándolo a seguirla mientras
contenía una sonrisa. Los adultos soltaron unas risitas.
—¡Un
príncipe! —Garrett se rio por lo bajo—. Pero hombre… ¿tú qué le enseñas a tu
hija?
—¡Ten
cuidado o no habrá carne para ti en mi reino! —bromeó Sean.
—¡Jermi!
—lo llamó desde el umbral.
—Supongo
que tendré que dejar que me rescaten —Jer fingió un tono desolado.
Rebeca
soltó una carcajada y se encaminaron a la planta superior. La chica recibió el
papel de hada bondadosa que ayudaba a los héroes. Después de rescatar al oso,
Nicole se inventó otras extrañas aventuras y los hizo ir de un lado a otro de
la habitación para que hicieran avanzar a sus personajes. No tardaron mucho en
llamarlos para que bajaran a comer y ella aceptó dejar el juego con un mohín.
—¿No
tienes hermanitos? —le preguntó a Jin.
—Tengo
un hermano mayor.
—Yo
también, aunque siempre está tocando la guitarra. Tiene suerte porque puede
jugar consigo de vez en cuando. ¿Tu hermano juega contigo?
Negó
con un gesto.
—También
prefiere tocar la guitarra —respondió.
Ella
soltó un suspiro exagerado.
—Aquí
todos están tocando todo el rato. ¡Menos mamá! A ella le gusta cocinar—entrecerró
los ojos azules y le lanzó una mirada suspicaz —. ¿Tú también quieres ser
músico?
—A lo
mejor —admitió sonriendo—. Toco el piano, aunque no todo el tiempo.
Le
temblaron las comisuras de los labios al decirlo.
—Mi
papá toca el piano. ¡Es el mejor músico del mundo! ¿A que sí, papá?
Echó
a correr hacia Sean, estirando los brazos para que la cogiera en brazos. Nick
la interceptó y la levantó en el aire, haciendo que emitiera un chillido que
enseguida se convirtió en una carcajada.
—Tu
papá es el mejor, ¿eh? ¿Ya te has olvidado de tu padrino? —Volvió a levantarla
y ella chilló más fuerte.
Nick
empezó a hacerle cosquillas y ella llamó a su padre entre risas
—Quién
es el mejor, ¿eh? ¿Quién?
—Willy
es el mejor —terció Sean.
Cogió
a su hija en brazos y le revolvió el pelo al chico al pasar a su lado. Este se
ruborizó complacido.
—De
acuerdo, Willy gana —aceptó Nick —, pero yo voy segundo.
Sean
lo ignoró y se dirigió a Jin, que se había sentado junto a Rebeca.
—¿Te
interesa la música?
«Ya
no hablarán de otra cosa».
Soltó
un gemido interior cuando Lee le hizo algunas preguntas acerca de sus estudios.
—No
es habitual entre los chicos del est… —Garrett se corrigió en el último
segundo—. Entre los trasladados de West.
—¿Ah,
no? —Jin pareció extrañarse, aunque el tono de su voz sonó un tanto divertido—.
En cualquier caso, ninguno de los lugares en los que he vivido tenía una
herencia musical tan interesante.
La
conversación se interrumpió cuando empezaron a comer. Se concentró durante un
rato en saborear las costillas, aderezándolas de vez en cuando con la salsa
especial de Garrett.
—¡Tienes
que probarla! —animó este a Jin—. Es una vieja receta de familia.
Él
obedeció, asegurándole que estaba deliciosa.
—Entonces,
¿te has mudado hace poco?
El
chico asintió.
—¿Dónde
vivías antes? —preguntó Lee.
—En
la 75.
—¡Vaya!
¡Eso sí que es lejos! —Garrett soltó un silbido—. Ninguno de los que estamos
aquí ha llegado tan lejos. A excepción de Jer, que nació en el Sector 6.
Jin
le dirigió una breve mirada de interés, pero no dijo nada. Eso le extrañó.
Normalmente, cualquiera que se interesara por la música le haría unas cuantas
preguntas. Al fin y al cabo, era el lugar al que la mayoría aspiraba a llegar.
«Quizás
es diferente para él», pensó. No tenía ni idea de qué aspiraciones podrían
tener los estudiantes.
—¡Ah!
Y Nick —recordó Garrett —. Nick, ¿pasaste alguna vez por la 75 cuando viniste
del este?
Él
negó con la cabeza y volvió a prestarle atención a Nicole. La niña parloteaba a
su lado, explicándole cómo había rescatado a Pudding.
Jin
se lo quedó mirando durante un buen rato. Eso apartó la atención de Jer de la
comida. Siguió su mirada con curiosidad. El chico se giró hacia Rebeca para
preguntarle algo. Sin embargo, no pudo dejar de mantenerse pendiente de él.
«¿Me
lo he imaginado? Puede que fuera Nicky quien llamó su atención». Nick se rio de
algo que había dicho la niña y Jer se fijó en la reacción del chico.
«No,
se trata de Nick —confirmó—. ¿Habrá oído hablar de él?». Era posible, desde
luego, pero resultaba extraño que no mostrase el mismo interés por Sean.
Siguió
vigilando al chico con disimulo. Pareció darse cuenta enseguida y le devolvió
la mirada con un brillo de desafío en los ojos. Jer levantó las cejas de forma
inquisitiva. Él esbozó una sonrisa antes de apartar la vista. No le pareció que
hubiese ganado aquella batalla.
Trató
de ignorarlo, pero sentía una inquietud que lo mantuvo alerta hasta que
terminaron de comer. No se dio cuenta de que Rebeca estaba más callada que de
costumbre hasta que también ella miró a Nick de una forma extraña.
«Tú
sabes algo —pensó—. ¿Qué demonios os traéis entre manos?».
Le
alivió saber que ella formaba parte de aquel misterio. Fuese lo que fuese lo
que estuviese pasando, se dijo que no podía ser demasiado grave.
Después
de comer, Jane se llevó a Nicole a dormir la siesta y Willy acompañó a Lee al
estudio de grabación de su padre. Rebeca solía sugerir que vieran una película
en la pantalla grande del salón. Le echó una mirada y ella bajó los ojos
cohibida. No parecía tener ninguna intención de levantarse.
«De
acuerdo —se dijo—. Veamos hacia dónde nos lleva esto».
—Convencí
a mi madre para instalarnos cuanto antes —explicó Jin—. Estaba deseando llegar
a la ciudad. ¡Llevo años oyendo hablar de la 97! Cuando nos destinaron aquí,
casi no me lo podía creer.
—¿Has
dicho que tu padre llegará en un par de semanas? —preguntó Sean.
—Sí
—respondió soltando una risita—. Eso me dará tiempo para conocer algún local
como el Skyway. Él todavía se resiste a la idea de que me dedique a la música.
—Es
comprensible. De todos modos, es mejor que te familiarices con la ciudad poco a
poco —dudó—. Los chicos de por aquí… digamos que tardan un tiempo en aceptar a
los extraños.
Casi
soltó un bufido. Seguro que no tardaría en enterarse de cómo funcionaban las
cosas.
—¿Cómo
lo hiciste tú? —le preguntó a Nick, que lo miró con sorpresa—. Antes
mencionaron que llegaste de algún otro lugar. ¿Te costó que te aceptaran?
El
aludido pareció recordar antes de contestarle.
—En
realidad, solo tuve que acercarme al mejor músico de la ciudad y retarlo con
unas cuantas improvisaciones —se rio volviéndose hacia su amigo—. Si confías en
tu talento, no dejes que te intimiden. Es el mejor consejo que puedo darte.
—Es
importante saber escoger a los amigos —intervino Garrett — y también a los
enemigos.
—¿Enemigos?
—se extrañó Jin.
Esta
vez no pudo reprimir un resoplido.
—No
te preocupes, ellos te escogerán a ti —dijo con un tono de burla—. No te
costará diferenciarlos.
—¿El
chico de Walters te está dando problemas? —Nick se volvió hacia él.
—¿No
es eso lo que hacen los del norte con los del sur? —preguntó con amargura.
Todos
se quedaron callados durante un momento. Sean lo miró con preocupación y se
arrepintió de haber abierto la boca. Le hubiese gustado ser capaz de
controlarse, pero lo ponía de los nervios que intentaran advertirle que tuviera
cuidado sin mencionar el motivo claramente.
—¿De
verdad quieres dedicarte a la música? —Jin asintió y él lo miró fijamente antes
de añadir—: ¿Quieres subirte a un escenario de la 97 para que el público te
aplauda y que grite tu nombre? —El chico hizo un gesto con los ojos que parecía
decir que la respuesta era obvia—. ¿Por qué?
Se
había cansado de sutilezas y de preguntarse qué misterio ocultaba.
—Por
mi hermano —respondió sorprendiéndolo—. Se marchó hace tiempo, cuando mi padre
le prohibió tocar. Dejó todo atrás por su sueño y eso me llamó la atención de
pequeño. Es posible que empezara a tocar para imitarlo.
No
supo qué decir. Tenía que reconocer que sus palabras parecían sinceras. Su
padre había perdido a un hijo tratando de impedir que alcanzara su sueño. Se
preguntó si eso le habría facilitado las cosas a Jin de alguna manera.
—¿Tu
hermano es bueno? —preguntó Garrett.
—Es
el mejor —dijo con confianza.
Se
giró hacia Nick y le echó una larga mirada, como esperando una reacción. El
hombre dio un respingo y Jer contuvo el aliento.
«No
puede ser eso —se dijo—. Aunque… la historia concuerda».
—¿Cuál
es tu apellido, Jin? —le preguntó Nick.
—Parker.
—¿Parker?
¡Vaya, se apellida igual que tú, Nick! No conozco a ningún otro Parker —Garrett
se quedó pensativo—. ¿Cómo se llama tu hermano?
Nick
palideció como si le hubieran dado un puñetazo en el estómago. Los ojos del
chico se suavizaron.
—Ni
siquiera lo sabías, ¿no es verdad? —acusó en voz baja.
«¿Nick
era el hermano que se había marchado?».
El
músico se levantó sin decir palabra y se dirigió hacia el puente con grandes
zancadas.
—¿Qué
le pasa? —Garrett se extrañó—. ¿A dónde va de repente?
—Es
posible que haya ido a ver a mi madre —dijo Jin en voz baja—. O quizás solo
necesita un tiempo para asimilar que tiene un hermano.
Garrett
miraba la espalda del hombre y después se volvió hacia el chico con el ceño
fruncido. Soltó una exclamación y volvió a mirar hacia el puente. Nick ya había
desaparecido de la vista.
—Parker
—lo miró con los ojos entrecerrados—. ¿James Parker es tu padre? Y él… —meneó
la cabeza, incrédulo.
Jin
se levantó, disculpándose por haber provocado aquella escena.
—Lo
siento —le dijo a Sean—. No podía desaprovechar la oportunidad de conocerlo
antes de que la llegada de mi padre complique las cosas.
—Podrías
haberle dicho quién eras desde el principio —dijo con voz suave.
—No
habría hecho falta si no bloqueara los mensajes que le envía mi madre
—respondió con pesar.
Albert
Collins llegó en ese momento. Jin se cruzó con él justo antes de irse. Sean los
miró con gesto grave y se mordió los labios cuando miró hacia el Skyway.
—¿Ha
pasado lo que creo que ha pasado? —Garrett todavía intentaba asimilar la
información.
Albert
intercambió un par de frases con el chico. No podían escuchar su conversación y
esperaron, expectantes, a que se sentara a la mesa.
—¿Sabías
que Nick es hijo del martillo de West? —le espetó Garrett.
—¿Qué?
¿De qué hablas?
—No
es su hijo —aclaró Sean—. Parker es su padrastro.
—¿Tú
lo sabías? —inquirió.
Negó
con la cabeza.
—Solo
sé que no conoció a su padre y que su madre se casó años más tarde.
—A
ver, que alguien me explique a qué viene esto —pidió Albert con voz calmada.
Los
miró enarcando las cejas. Sean parecía reacio a hablar. Garrett cogió aliento,
preparándose para hacerlo en su lugar. Rebeca se le adelantó, explicando la
situación.
—Jin
me pidió que lo trajera hoy para conocer a Nick. Son medio hermanos por parte
de madre, aunque nunca se habían visto. Parece que Nick ni siquiera sabía de su
existencia. Jin, sin embargo, siempre se ha mantenido al tanto de lo que hacía
su hermano. —dijo con pesar—. Lo siento, papá. No dije nada porque me pareció
una historia tan triste… Me suplicó que lo ayudara y no pude negarme.
—Nick
es el hijastro del supervisor, pero llevan años sin verse —resumió su padre.
Vio
una sombra de inquietud en sus ojos. Supuso que estaba valorando si aquello le
ayudaría en su relación con Parker o por el contrario, se convertiría en un
problema que entorpecería sus planes.
Se
sorprendió de lo fácil que le resultaba adivinar sus pensamientos. Collins era
considerado un ejemplo de calma y contención, no era en absoluto una persona
que dejara entrever sus sentimientos. Claro que solo hacía falta ver las cosas
desde su perspectiva para entender los patrones que seguía su mente.
«Quizás
me resulta fácil entenderlo porque solo lo he visto con Sean».
Era
obvio que este se preocupaba por su amigo y se marchó poco después para
comprobar si estaba en el Skyway. Albert dejaba escapar algún sonido indefinido
mientras escuchaba los comentarios de Garrett, a los que no prestaba demasiada
atención.
Mientras
un hermano se enfocaba en cómo se sentían los demás, el otro se centraba en
cómo una determinada situación le afectaba a él mismo.
No es
que lo considerara una mala persona. Sabía que los planes que tenía para la 97
eran para mejorar la ciudad. Aun así, estaba seguro de que solo pensó en Nick
como un inconveniente que afrontar.

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