Jer entró en la habitación silenciosa del hospital, sintiendo un
escalofrío que no tenía nada que ver con el aire acondicionado. Sean Collins
estaba tumbado, pálido, pero con la misma calma que irradiaba en el Skyway. Se
obligó a saludarlo con más ánimo del que sentía.
—¡Vaya, Nick tiene razón! Parece que
necesitas menos cables y más libertad —dijo al acercarse a la cama.
Sean rio, conteniendo una tos seca.
—Tengo que admitir que es el
descanso más largo que he tenido en años.
Jer lo ayudó a incorporarse un poco
y se sentó en el borde de la silla. Había pensado mucho en los pasos necesarios
para que su plan diera resultado, pero no estaba seguro de cómo reaccionaría
Sean cuando se lo contara.
—Estoy planeando el salto de la
iglesia —soltó, mirando directamente a los ojos del mentor—. Pero no será el
salto de siempre. Quiero que sea épico, como cuando tú y Nick lo hicisteis. Un
desafío que los de West no puedan ignorar.
Sean arqueó las cejas con una
expresión de interés genuino.
—Eso suena bien. ¿Y qué se te ha
ocurrido?
—Necesitamos unificación —explicó
Jer, inclinándose—. Quiero que salten los del sur, por supuesto; pero también
quiero a Jin Parker y a algunos más del este. Doble V. se ocupará del pabellón
y del resto, pero si salta el norte, Ryan Walters tendrá que hacerlo con ellos.
Sean guardó silencio un momento,
como sopesando el riesgo y la recompensa en una balanza invisible.
—Es un plan ambicioso —dijo Sean sin
comprometerse—, Meter a los estudiantes podría arruinarlo todo en cuanto los
demás se enteren y, lo que es peor, intentar algo así podría acabar con tu
reputación para siempre.
—Es cierto —admitió Jer con un
encogimiento de hombros—. Pero Jin sería uno de ellos y, si sale bien, ¿te lo
imaginas, Sean? ¿No sería increíble que los propios chicos de West rompieran
las normas a nuestro lado?
Jer se acercó más a causa de la
emoción y su propio entusiasmo pareció reflejarse en los ojos azules.
—Sin
duda, sería un salto «épico» —admitió Sean.
Se frotó el mentón pensativo durante unos segundos y Jer
esperó impaciente, mordiéndose los labios para no insistir y con el miedo a que
rechazara su arriesgado plan atravesado en la garganta.
—¿Recuerdas a mi amigo Jason? —preguntó
finalmente—. Dile que vas de mi parte y quizás consigas que su hijo y algunos
más se unan a tu salto.
Jer casi
dio un salto de alegría. Había pensado en hablar con Jon por su cuenta, pero la
idea tendría más peso si surgía del amigo de su padre.
—¡Gracias, Sean! Es justo lo que
necesitaba, yo…
Sean lo interrumpió con un gesto y
le echó una mirada de advertencia.
—Mantén
lo de los estudiantes en secreto hasta el final —advirtió con seriedad.
—Lo haré, aunque tendré que
contárselo a Doble V. —aclaró.
Sean le sonrió con cariño y asintió
con gesto cansado. Quiso decirle algo más, pero la llegada de Jane interrumpió
sus pensamientos. Jer se despidió al poco rato, dejando sola a la pareja.
—La próxima vez que te vea, espero
que me cuentes cómo ha ido todo —pidió Sean.
Le prometió que así lo haría y se
marchó del hospital casi a la carrera. Decidió ir a ver primero a Jin, después
de todo, incluirlo en el plan no se debía solo a la petición de Sean de
acercarse al hermano de Nick.
A pesar de que las casas de West
eran todas iguales, solo tuvo que preguntar para saber cuál de ellas pertenecía
al supervisor Parker. Dio un par de vueltas por la manzana pensando en lo que
debía decirle y caminó con decisión cuando las dudas empezaron a asaltar su
mente. Jin quería ser un rebelde como Nick y él podía ofrecerle una manera de
lograrlo, no había razones para que el chico se negara.
Una mujer de cabellos rizados y ojos
verdes le abrió la puerta con expresión amable y casi se atragantó con las
palabras al darse cuenta de que era la madre de Nick. Consiguió preguntar por
Jin y ella lo acompañó al jardín trasero sin disimular su curiosidad. Le hizo
varias preguntas que respondió sin dar muchos detalles y la mujer no insistió.
Jin se encontraba en un rincón junto
al garaje, donde un reguero de agua se colaba por un sumidero. La moto relucía
al sol, recién lavada y el chico los observó acercarse con cierta suspicacia.
—¿Qué haces aquí? —espetó en cuanto
su madre desapareció de la vista.
—He venido a hacerte una proposición
—Jer se forzó a sonreír a pesar del tono beligerante—. Vamos a organizar un
salto y podría incluirte.
Eso apaciguó la expresión del chico,
que lo miró con franco interés.
—Te escucho —dijo con un desinterés
fingido.
Jer le resumió su idea de juntar a
toda la ciudad sin excluir a nadie.
—Pero necesito algo a cambio —dijo
Jer.
La expresión dura regresó a los ojos
castaños del otro.
—¿Cuál es el precio? —preguntó Jin
con cautela.
Jer carraspeó antes de atreverse a
hablar.
—Tu moto —la señaló con un gesto.
La sorpresa de Jin fue tan grande
que, en otras circunstancias, le hubiese resultado cómica.
—¿Qué? —exclamó con los ojos
abiertos de par en par—. ¡Mi moto! ¿Es que estás loco? ¿Crees que puedo
deshacerme de ella así como así? ¡No tienes ni idea de lo que he tenido que
hacer para conseguirla y quieres que te la regale sin más!
Jer suspiró pacientemente a que
terminara el exabrupto. Jin le había parecido calmado y un tanto calculador,
pero en aquel momento le recordaba a Nick más de lo que hubiese imaginado. Tuvo
que contener una sonrisa en cuanto lo pensó y se limitó a mirarlo con los
brazos cruzados mientras Jin boqueaba en busca de algo más que objetar. La
postura de Jer era clara: quería la moto.
—Te ofrezco una oportunidad única de
ser un rebelde —dijo finalmente.
—¿Y qué me impide juntar a grupo de
chicos del este y saltar por mi cuenta? —preguntó desafiante.
—Nada —Jer se encogió de hombros—,
pero hay una razón muy clara para que nadie del este se haya atrevido a
organizar un salto, ¿no crees?
—¿Ah, sí? ¿Y cuál es?
—Que nunca serías parte
de los rebeldes de la 97. El resto de la ciudad podría ofenderse por robar su
tradición, sí, pero su reacción sería burlarse para quitarle todo el valor a
semejante audacia. «Mira a esos niñatos tratando de copiarnos…» —dijo con tono despectivo y un tanto exagerado.
Jin
se desinfló al comprender que tenía razón y, aunque se alejó apretando los
puños de rabia, acabó por aceptar el intercambio.
Una
vez resulto aquel punto, Jer se dirigió al pabellón para hablar con Doble V.
Había varios grupos de chicos en el patio y todos parecían bastante alterados.
—¿Habéis
oído lo que dicen? —dijo uno a su espalda—. ¡A partir del lunes no podremos
trabajar en el vertedero!
—¡Maldito
supervisor! —exclamó otro.
—¡No
sé si unirme al salto de Ryan solo por eso! Si de todas formas van a
castigarnos…
Escuchó
varias conversaciones parecidas de camino a su cuarto y se dijo que tenían que
actuar cuanto antes para usar aquel descontento en su beneficio. Encontró a
Doble V. a solas en la habitación y cerró la puerta tras de sí. Su gesto debió
de delatarlo porque el otro lo miró con evidente curiosidad.
—He
conseguido otra moto —soltó Jer acercándose.
—¿Qué?
¿Cómo? —se sorprendió su amigo.
Jer actuó
como si no tuviera importancia, aunque se sentía bastante orgulloso de sí
mismo. Se moría de ganas de contarle todos los detalles, pero se dijo que debía
contenerse, así que, decidió pillarlo por sorpresa antes de que Doble V. lo
acosara a preguntas.
—¿Cuánto
tardarías en organizar un salto?
El
chico balbuceó con la boca abierta durante unos momentos, pero acabó por soltar
una carcajada.
—¿Lo
dices en serio? Creía que te daba miedo.
No se
molestó en contestarle. Por supuesto que le daba miedo, pero eso no iba a
impedir que llevara a cabo sus planes.
—Con tu popularidad y mi ayuda… —dijo Doble V.
pensativamente—. Calculo que podría convencer a una docena de chicos de la
parte sur y a unos cuantos más del pabellón.
—Súmale
un puñado del este.
El
otro lo miró con incredulidad.
—¡Menuda
idea! —exclamó. De pronto cayó en la cuenta de que Jer hablaba en serio y
acercó su cara a la suya con mirada suspicaz—. ¿No me digas que así es como has
conseguido la moto?
Hizo
como si no lo hubiese escuchado. No pensaba explicarle el trato que había hecho
con Jin, al menos, no por el momento.
—No
lo aceptarán, tío —sacudió la cabeza con pesar.
—Pues
no se lo digas —Jer se encogió de hombros y Doble V. apretó los labios con
desaprobación—. ¿Quieres la moto o no?
—Claro
que la quiero —suspiró rindiéndose.
—Además,
quiero convencer a algún chico del norte. ¿Crees que tú podrías convencer a
alguno?
—¿Qué?
—gritó Doble V. por la sorpresa—. ¿Por qué?
—Bueno,
alguien dijo una vez: «Conócete a ti mismo. Así podrás crear tu propia
historia». Yo no quiero que mi vida esté teñida de estúpidas rivalidades que
nadie sabe cómo empezaron. Además, todo el mundo pensaba saltar con Ryan, ¿no?
No veo porqué no podrían hacerlo con nosotros.
Jer esbozó
una sonrisa, satisfecho de dejar su propia huella antes de abandonar la ciudad.
«Y si
el plan sale bien, lograré vengarme de Ryan».
—No
creo que nadie lo acepte, por bonito que suene.
—¿Por
qué no? Vamos a organizar un salto de proporciones épicas. ¿De verdad van a
perdérselo?
—Supongo
que podría intentarlo —dijo sin mucho convencimiento—. Después de todo, los del
pabellón no tienen nada que perder y están motivados. El resto…
—Tienen
que ser mayores de catorce —insistió en aquel punto ya que excluía
automáticamente a Mark—. Y avísame si Ryan decide saltar con nosotros.
Doble
V. abrió los ojos de forma exagerada.
—¡Sí,
claro! Vas a fastidiar su salto —frunció el ceño con expresión confundida—. ¿Y
esperas que se una al tuyo?
—Si
reunimos a un grupo lo bastante grande, ¿qué remedio le queda? Quedará como un
idiota si se empeña en hacerlo más tarde. O aprovecha la ocasión o más le vale
no hacer nada. Y lo mismo vale para los demás, ¿no crees?
—Puede
que tengas razón… Y supongo que no hace
falta explicarles los detalles de antemano —murmuró
con un brillo travieso en los ojos.
Doble
V. se puso en acción enseguida y habló con varios chicos del pabellón. Estos se
lo dirían a los demás mientras iba a buscar a Yomi para que se enteraran los de
la parte sur. La noticia no tardaría en esparcirse por toda la ciudad.
Mientras
tanto, Jer se dirigió al norte para hablar con Jason. El hombre se sorprendió
al verlo, pero escuchó su petición con interés en cuanto mencionó que iba de
parte de Collins.
—Dentro
de unas horas, todos los chicos de la ciudad sabrán que esta noche se celebrará
un salto —explicó Jer.
—Creía
que eso sería en unos días —dijo el hombre con expresión divertida—. ¿No iba a
organizarlo el chico de Walters?
—Así
es —admitió—, pero nuestro salto reunirá a más gente que nunca y sería una
tontería que los del norte se molestaran en repetirlo por su cuenta.
El
hombre asintió pensativamente, pero no tardó en acceder a hablar con su hijo y
sus amigos. No podía asegurarle que accedieran, pero no le tenían ningún
aprecio a Ryan, lo que podría decantar su decisión. Sus ojos mostraron cierta
nostalgia por un momento.
—Sean
me acogió en el Skyway cuando llegué a esta ciudad y nunca me pidió nada a
cambio. Ni siquiera cuando conocí a una chica del norte y cambié de bando. Es
un buen hombre.
—De
eso no hay duda —dijo Jer con una sonrisa.
Regresó
al pabellón con el calor de la esperanza calentándole el pecho. «¡Vamos a lograrlo!», gritó mentalmente.
Doble
V. lo esperaba en la entrada, impaciente para compartir los detalles
logísticos. Habían fijado la hora de reunión para las once, dándole tiempo a
todos los chicos de la ciudad para llegar a la pasarela de la presa. Doble V, anularía
el lector y la cámara que había en el acceso de mantenimiento, lo que evitaría
que saltara la alarma; aunque a nadie parecía importarle demasiado aquello.
—Los
guardias de West recibirán un aviso de avería —dijo Doble V. con
despreocupación—. Es posible que sospechen el motivo, así que el tiempo de
reacción dependerá de la persona que esté de guardia. Quizás deberíamos
sabotear algún que otro cable de la ciudad como distracción.
—Eso
lo dejo en tus manos —susurró Jer de camino a su habitación.
Doble
V. lo siguió murmurando para sí mismo y notó los gestos que les dirigían los
huérfanos que se encontraban en el camino.
—¿Qué
podemos perder? —dijo más de uno.
«A
este paso, el supervisor Parker tendrá que enfrentarse con unos verdaderos
rebeldes», pensó Jer.
Por
la tarde acompañó a Doble V. al parque, que se dirigió directamente hacia un
grupo de chicas. Jer saludó a Jacky y a Danny, pero se sorprendió al enterarse
de que todas ellas querían saltar.
—¿Qué?
¿Por qué? —preguntó Jer.
—¿Por
qué no? —Danny arqueó las cejas, divertida—. ¿Es que las chicas no son
bienvenidas?
—No
se trata de eso —masculló.
Miró
a Jacky preocupado y esperó a que terminaran de hablar para llevársela aparte.
—¿De
verdad quieres hacerlo?
—¡Claro!
¿Crees que no puedo ser una rebelde porque soy una chica?
¿Por
qué seguían preguntándole lo mismo?
—Por
mí como si todas las chicas de la ciudad saltan de la presa —espetó—. Lo que me
preocupa es que te hagas daño. No quiero que Mark salte, y en circunstancias
normales, yo tampoco lo haría.
—No
veo que te preocupes así por Doble V.
—¡Como
si pudiera detenerlo!
—No
le des más vueltas —le dio una palmada—. Es posible que nunca vuelva a tener
una oportunidad como esta.
¿Pensaba
que era un mensaje de rebeldía como los demás o se trataba de otra cosa? Danny
la llamó en aquel momento y no pudo preguntárselo.
Varios
chicos les dirigieron un gesto cómplice a la hora de la cena y Jer apenas pudo
contener su satisfacción. La mayoría de los del sur habían decidido saltar y Doble
V. le había asegurado que algunos del norte parecían dispuestos a unirse a
ellos.
Después
de la cena, se tendió en la cama y se quedó mirando el techo, tratando de
aquietar los latidos de su corazón.
Mark
activó a Queen, haciéndola saltar por la habitación. Jer había accedido a que
presenciara el salto desde la laguna y, por suerte, al niño no pareció
importarle quedarse al margen, lo que era un alivio.
Por
fin llegó la hora y salieron del pabellón en varios grupos pequeños. Se
reunieron en el acceso a la pasarela y un puñado de chicos tras otro se fueron
agrupando a lo largo del camino. Pudo ver al hijo de Garret entre ellos, que lo
saludó con un gesto. Jon estaba a su lado con varios chicos del norte y Jer le
dirigió una sonrisa que el otro le devolvió abiertamente. Jacky y el resto de
las chicas estaban junto a la alambrada, como si no quisieran que las dejaran
atrás. Jer les sonrió también antes de reunirse con Doble V., que ya había cortado
la malla en varios puntos. Su amigo había anulado las medidas de vigilancia y Jer
lo ayudó a apartar la malla para abrir un hueco por el que pasar.
—Jin
está aquí —los avisó Yomi con un susurro apremiante.
El
chico se acercó con la cabeza bien erguida y mirando al frente, seguido de
varios muchachos del este que intentaban disimular su desconfianza. Los
murmullos los seguían a su paso y Jer se adelantó a saludarlos, levantando las
manos con gesto tranquilizador para interrumpir las exclamaciones airadas que
empezaban a subir de tono.
—¡Escuchad! ¡Hoy no es un día para rivalidades!
—comenzó con tono alto y claro—. Todos estamos aquí por la misma razón, ¡para
ser rebeldes! Y sabéis muy bien que no
hay un rebelde de la 97 que pueda compararse con Sean Collins. Fue él quien me
habló de la tradición del salto y de cómo eso nos unía a todos, vivamos donde
vivamos. ¿Acaso no invitó a saltar a Nick Parker a pesar de no haber nacido
aquí? Sean me enseñó que el salto no le pertenece
solo a unos pocos y que cualquiera que tenga un espíritu rebelde debe ser
bienvenido.
«También
las chicas —pensó con una mueca—, incluso aquellas
que se llamen Jacky».
Unos
cuantos vitorearon sus palabras, tal y como esperaba. A pesar de que Sean
perteneciera al sur, sabía que era respetado en todas partes por igual y la
mención de Nick no hacía más que reforzar aquel argumento.
No estaba
seguro de si alguno conocía la historia de cómo Albert Collins había evitado
que los estudiantes saltaran en el pasado, pero esperaba que nadie se fuera a
acordar en aquel momento. Los gritos cesaron de repente, revelando la llegada
de Ryan y sus amigos. El líder se acercó a Jer con mirada desafiante y pareció
a punto de decir algo, pero se contuvo cuando Doble V. y Jin se adelantaron.
Ryan se limitó a apretar los labios y a quedarse con su grupo a un lado. El
brillo de sus ojos dejaba claro que le haría pagar por aquello, pero Jer tenía
preocupaciones más inmediatas como para pensar en las posibles consecuencias de
sus actos.
Los
chicos empezaron a caminar por la pasarela, pero sus pies se negaban a moverse.
No le hubiese importado esperar, pero Jacky tiró de él y la siguió sin pensar.
Mantuvo la vista sobre el suelo, caminando por el estrecho borde y apoyando la
mano en el muro a su derecha. La cascada de agua rugía por encima de sus
cabezas y el viento se colaba bajo su camiseta, haciendo que recordara aquel
sueño tan desagradable. Había evitado pensar en aquello hasta aquel momento,
pero la escena que se desarrollaba ante sus ojos se parecía demasiado a su
propia pesadilla.
Levantó
la vista buscando a Doble V., pensando que sería el primero en lanzarse. En
efecto, su amigo le dirigió una sonrisa de oreja a oreja y saltó.
«¡Splash!
Uno menos». Un sentimiento de inquietud lo asaltó de repente y escuchó la voz
de su padre preguntándole si iba a saltar. Otro chico saltó y luego otro. No
era complicado ya que estaban justo encima del depósito y solo tenían que
dejarse caer.
Jacky
le sonrió para darle ánimos y le dijo algo que no llegó a escuchar.
«¿Vas
a saltar, Jeremy?», repitió la voz de su cabeza.
«¡Sí,
voy a hacerlo!».
—¡Vamos!
—gritó Jacky en aquel momento.
Jer
no estaba seguro de si había saltado o se había dejado llevar por el tirón de
la chica. Sus manos se habían soltado y se encontró cayendo al vacío mientras
gritaba aterrado. Cerró los ojos instintivamente, pero notó el olor a cloro y
sintió la humedad en sus ropa antes de llegar al depósito.
Se
hundió de golpe y tragando agua, lo que le hizo mover los brazos con desesperación.
No había llegado a tocar el fondo para impulsarse y le pareció que tardaba
demasiado en salir a la superficie. Cuando por fin lo consiguió, boqueó
escupiendo y tosiendo con el corazón atravesado en la garganta.
El
agua rugía sobre su cabeza y miró a los lados, desorientado. No pudo encontrar
a Jacky ni a Doble V., pero vio cómo un chico se acercaba a una de las
aberturas que atravesaban el muro y desaparecía de la vista. Un chapoteo a su
espalda hizo que se girara y echó un vistazo hacia arriba.
—¡Vamos!
—gritó alguien a su izquierda—. ¡Hay que moverse!
Nadó
hacia el hueco más cercano y respiró hondo antes de dejarse arrastrar por el
agua. Estaba oscuro y cerró los ojos, esperando que aquello solo durara unos
segundos. Los abrió de nuevo al instante, soltando una exclamación de sorpresa.
Estaba cayendo en picado y el agua le salpicaba la cara con fuerza. Consiguió apartarse
el pelo de los ojos tras caer a la planta inferior y respiró aliviado cuando
por fin pudo ver el interior de la iglesia mientras se deslizaba a toda
velocidad. Sean tenía razón, no era muy distinto de los toboganes.
Se
preparó para caer en la laguna en cuanto distinguió el arco de salida,
aguantando la respiración en cuanto lo atravesó. Esta vez no tragó agua y logró
salir a flote más rápido. Escuchó un grito cuando alguien cayó por uno de los
arcos superiores y se puso a bracear para alejarse de allí.
Jacky
lo esperaba en la orilla y le tendió una mano. Él se incorporó chorreando agua
a su paso y se apartó el pelo mojado de la cara.
—¿Estás
bien? —preguntó la chica con la cara arrebolada de emoción.
Asintió
con el corazón todavía acelerado.
—¿Y
Doble V.?
—Se
ha ido con Mark.
Ella
levantó la vista y soltó una carcajada al observar las figuras en lo alto que
seguían saltando. Él se limitó a sonreír.
—¿Cuántos
crees que han saltado en total?
—Diría que algo más de cuarenta—respondió ella.
«Cuantos
más, mejor».
Eso
mantendría a las autoridades ocupadas. Era posible que atraparan a los más
rezagados, aunque esperaba que no delataran al resto de inmediato. Lo que les
daría tiempo para regresar al pabellón y fingir que estaban durmiendo.
Varios
chicos se acercaron a palmearlo en la espalda mientras soltaban gritos
triunfales antes de echar a correr. Ellos también se pusieron en movimiento y
atravesaron el centro de la ciudad hasta llegar al Skyway. El local aún estaba
abierto, por lo que tanto Nick como Jay estarían ocupados.
—Vas
a entrar por la puerta del patio, ¿no?
Ella
asintió, tirando de él hacia un rincón en sombra.
—Jer,
cuando te vayas…
Los
ojos negros reflejaban la luz de una farola cercana y sus caras estaban tan
cerca que notó su aliento en la mejilla.
—¿Qué?
—musitó con un nudo en la garganta.
—¿Regresarás
algún día?
«Pídemelo
y volveré solo para verte», pensó, pero no se atrevió a prometerle algo que no
sabía si podría cumplir.
Los
labios de Jacky se posaron suavemente sobre los suyos haciendo que se olvidara
de pensar una respuesta mejor.

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