Jin se había lastimado al caer de
los conductos de la iglesia a la laguna y Jer se había acercado a verlo en
cuanto le permitieron acudir al hospital. Greg Evans le había conseguido un
permiso especial para visitar a Sean ya que los de West habían prohibido las
salidas del pabellón por el momento. No habían capturado a ninguno de los
participantes, lo que resultaba extraño, pero el centro de huérfanos parecía
estar pagando el pato por todos.
—¿Crees que van a castigar a los
estudiantes? —se había quejado Doble V. — ¡Claro
que no! No podemos trabajar en el vertedero y no
podemos salir del centro… ¿Qué será lo siguiente?
Jer suspiró al llamar a la puerta
con los nudillos, dejando esas cuestiones para más tarde. Sabía que Jin se
había roto el brazo en la caída y suspiró pesadamente al girar el pomo,
esperando que no lo culpase del accidente. El chico se
recostaba contra la almohada con apariencia abatida, aunque sus ojos se
animaron al verlo entrar, lo que parecía una buena señal. Su madre estaba
sentada junto a la camilla y, cuando giró el rostro para saludarlo, volvió a
sorprenderse del parecido con Nick. No solo poseía aquellos vibrantes ojos
verdes sino que tenía los mismos rizos rubios, aunque los llevaba peinados de
forma más cuidadosa que el músico.
—Ho… hola —balbuceó
Jer—. He
venido a ver cómo estás.
Jin le mostró la escayola que le
habían puesto en el brazo derecho.
—El idiota de Ryan se me tiró
encima —dijo con
una mueca.
Su madre bajó los ojos ocultando una
sonrisa ante su tono de fastidio.
—Este es Jeremy, mamá.
¿Recuerdas que te hablé de él?
Lo miró con curiosidad, pero antes
de que pudiera decir nada, un hombre moreno entró como una tempestad haciendo
que Jin se tensara de inmediato. Supuso que era el padre del
muchacho y no se equivocaba. El supervisor Parker
resultaba bastante imponente. Mostraba un aspecto serio y su vozarrón sonaba
amenazante cuando le dijo a su hijo que había tenido suerte de no haberse roto
nada más.
—¿Ya tienen los resultados de
las pruebas? —preguntó
su mujer.
Él contestó que todo parecía estar
bien, aunque su voz parecía indicar todo lo contrario, al menos en lo que se
refería a las futuras actividades de su hijo. Jin lo miraba en silencio, con un
desafío en los ojos que no auguraba nada bueno.
Jer se despidió con rapidez y salió
de la habitación para dejarlos a solas. No se dio cuenta de que el hombre lo
había seguido al pasillo hasta que lo llamó casi gritando.
—¡Eh, tú, muchacho! —Jer se
detuvo con un sobresalto—. ¿También estabas en la presa?
Abrió más los ojos, mirándolo
asustado y sin saber qué decir. Negó con la cabeza, incapaz de hablar y
retrocedió unos pasos en cuanto se acercó.
—¡No me mientas! —vociferó—. Puedo
verlo en tu cara.
Jer se apartó otro paso, sin
atreverse a mirar hacia atrás. El supervisor empezó a despotricar acerca de los
jóvenes que no tenían sentido común y que se saltaban todas las normas. Se
encogió cuando lo agarró por un brazo, diciendo que investigaría todo aquello y
que más le valía empezar a hablar.
Intentó desasirse, pero lo tenía bien sujeto.
Un médico se acercó, protestando y el hombre
gritó que la ley debía hacerse cumplir o algo por el
estilo. Un tipo trajeado le habló con voz calmada,
pidiéndole que se tranquilizara. Debía de ser
alguien del equipo de
gobierno.
—Señor, le prometo que llegaremos al fondo del asunto,
pero esta no es la manera —dijo el hombre.
Parker pareció darse cuenta entonces de la
escena que estaba montando y aflojó un poco la
presa, pero una voz a su espalda hizo que se
tensara de nuevo.
—Suéltalo —dijo Nick
con una voz fría como el hielo—. Ahora mismo.
Parker pareció sorprenderse y Jer
aprovechó su desconcierto para soltarse. Se acercó a Nick, que parecía un ángel
vengador en aquel momento, con los rizos revueltos y los ojos brillantes de
furia. El músico se cruzó de brazos, enderezando la espalda. Debía de llevarle
una cabeza a su padrastro, aunque el supervisor era más ancho de hombros.
—¡Tú! —pareció
escupir la palabra—. ¡Todo esto es culpa tuya!
Nick lo ignoró, colocando una mano
sobre el hombro de Jer para que lo acompañara.
—¡Tu hermano no estaría en el
hospital si no intentara seguir tu ejemplo!
Nick se detuvo sin girarse.
—Veo que no has cambiado nada
—dijo con
voz suave—. Siempre
te resultó fácil señalar las culpas de los demás.
Parker pareció atragantarse con las
palabras, soltando algo parecido a un rugido.
—¿Te has molestado siquiera
en ir a ver a tu madre? —gruñó.
Se detuvieron durante apenas un
segundo, antes de llegar a la esquina.
—Eso no es asunto tuyo —Nick se
giró con los ojos verdes entrecerrados.
Se echó a caminar de nuevo y le dio
un suave empujón a Jer. Este se obligó a caminar con calma y solo se dio cuenta
de que estaba temblando cuando estaban llegando a la habitación de Sean.
Sacudió la cabeza para quitarse la sensación que le había provocado aquella
escena.
—No te preocupes, solo actúa
como un oso enfadado porque se ha llevado un buen susto —Nick le
dio unas palmaditas en la espalda—. Mañana se habrá olvidado
de ti.
Asintió, no muy convencido y bajó la
cabeza ante la intensa mirada de Nick.
—He oído que fue cosa tuya y
de ese amigo tuyo, Doble V.
Lo dijo con voz suave, pero sus ojos
eran inquisitivos.
—Es cierto —admitió
Jer, preguntándose cómo se habría
enterado.
—Me alegro de que no te
hicieses daño —torció la
comisura de los labios levemente.
—¿No estás enfadado por lo de
Jin? —se
sorprendió.
Después de todo, era su hermano,
aunque no lo hubiese visto hasta hacía unas semanas.
—¿Serviría de algo? —se
encogió de hombros y añadió algo más animado—. Espera a que se entere
Sean, seguro que quiere conocer todos los detalles de tu aventura.
Jer levantó la cabeza tímidamente y
reconoció cierto respeto en los ojos verdes, lo que
hizo que irguiera la espalda con más confianza.
Nick le dedicó una sonrisa torcida y abrió la puerta
sin miramientos.
—Sean, espero que estés preparado. ¡Aquí te traigo a
todo un rebelde!

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