—¿Jer?
No
sabía cuánto tiempo se había quedado apoyado contra uno de los árboles pensando
qué hacer, pero había sido el suficiente como para que la nariz le picara
debido al olor a resina.
—¿Has
visto a tu abuela?
Él
asintió, mirándolo con precaución.
—¿Estás
bien?
—Es
una nota de Sean, aunque no dice gran cosa —Se guardó el papel en el bolsillo.
Doble
V. suspiró profundamente.
—Mi
abuela quiere enviarle un mensaje cuanto antes, por eso he venido a buscarte
—Intentó animarlo con una palmada en la espalda—. ¡Ven, te la presentaré!
Había
bastante movimiento cerca de la casa y también en el interior. Las paredes
estaban desconchadas y los muebles mostraban manchas de humedad, pero no
parecía un lugar abandonado desde hacía un siglo.
Escuchó
risas cuando pasaron junto a la cocina, donde un grupo de nómadas estaban
preparando la cena. Un par de chicos los adelantaron a la carrera para subir a
la planta superior.
La
anciana los esperaba en el salón. La silla de ruedas estaba cerca de la
ventana, que dejaba entrar la luz del atardecer. Una chica de unos veinte años
miraba al exterior y se inclinaba de vez en cuando para decirle algo al oído.
—Esa
es Jenny —susurró señalándola—. Mi abuela casi no ve, por eso la acompaña a
todas horas.
Se
quedó mirando a la enjuta anciana con aprensión. Nunca había visto a nadie con
tantas arrugas en la cara ni con el pelo completamente blanco. Doble V. lo
presentó alegremente y los labios de la mujer se extendieron en una sonrisa en
cuanto escuchó su voz. La piel tostada por el sol se arrugó aún más.
—Acércate,
muchacho, que no voy a morderte —pidió extendiendo el brazo en el aire.
Casi
dio un respingo cuando Jenny tiró de su brazo para que se inclinara. La chica
ignoró su reacción, colocando la mano de la mujer sobre su hombro.
—No
hace falta asustar al chico, Jenny —Soltó una risita ante el resoplido de la
joven.
Él se
mordió los labios, inseguro de lo que debía hacer. Los ojos grises parecían
descoloridos y la forma en que intentaba enfocar la mirada lo ponía nervioso.
Ella se acercó más, intentando ver los rasgos de su cara.
—Es
alto como su padre —informó Jenny—. Y tiene el pelo castaño; pero por lo demás,
no se parece a él.
—Me
parezco a mi madre.
Por
algún motivo, sintió la necesidad de explicarlo.
La
anciana le dio unas palmaditas en la mejilla y su mirada dejó de inquietarlo
cuando le sonrió directamente. Se irguió de nuevo cuando ella se reclinó hacia
atrás, aunque deslizó la mano por su brazo hasta encontrar su mano. Tragó
saliva cuando vio sus dedos hinchados y un tanto retorcidos, pero se relajó
ante la calidez del contacto.
—Así
que decidiste unirte a mi nieto en busca de aventuras —dijo de buen humor.
—No
exactamente.
Le
dio unas palmadas en el dorso de la mano antes de soltarlo.
—Sean
Collins me explicó lo ocurrido. Al parecer, sí que te pareces a tu padre en
cuanto al carácter —Soltó una risita. No pudo negarlo, pero ella tampoco esperó
a que lo hiciera—. ¿Has decidido lo que vas a hacer?
—Supongo
que debería hablar con él —dijo con desgana—. No quiero causar problemas.
—Le
dije a Sean que lo tendría al tanto y que cuidaría de ti si aparecías por aquí.
A cambio, él prometió que no intentarían llevarte a la fuerza. ¿Eso es
suficiente para que te quedes?
—¿Por
qué va a ayudarme? —se extrañó.
—Eres
un invitado de Wendell.
Tardó
unos segundos en darse cuenta de que se refería a Doble V. Este hizo una mueca
al ver su mirada. Se giró hacia la anciana cuando esta añadió:
—Nadie
entiende el deseo de seguir el propio camino mejor que un nómada. Nos
quedaremos aquí hasta el final de la cosecha, por lo que tendrás algún tiempo
para pensar en lo que quieres hacer.
—Le
enviaré un mensaje a Sean —dijo Jenny tecleando en su pulsera.
—¿Qué
vas a decirle?
—Oh,
nada específico —Le guiñó un ojo—. «Hemos recibido su pedido y todo está en
orden. Nuestro repartidor pasará mañana por la ciudad». Algo así.
La
miró con el ceño fruncido.
—Significa
que alguien irá mañana a la ciudad para hablar con él —dijo Doble V.
—¿Y
por qué no lo dices sin más? —le preguntó a Jenny.
—Por
costumbre —Ella se echó a reír—. No nos gusta que West meta las narices en
nuestros asuntos.
—Oh.
Nunca
se le había ocurrido pensar en ello. Claro que tampoco había tenido ningún
motivo para hacerlo.
—Ven,
te enseñaré dónde dormiremos. Querrás darte una ducha caliente antes de cenar,
¿no?
Subieron
a la planta superior y entraron en una habitación con varios colchones apilados
contra la pared. Colocaron un par de ellos en el suelo y extendieron unas
mantas por encima.
Doble
V. le explicó que usaban un par de generadores para tener electricidad, y
aunque disfrutó del agua caliente durante unos minutos, no se demoró demasiado.
Aquel era el único baño completamente funcional y ya había un par de chicos
esperando su turno cuando salió al pasillo.
Se
sintió mucho mejor en cuanto se aseó y se puso ropa limpia. Dejó las prendas
que había usado junto a su cama provisional. Las lavaría al día siguiente.
Encontró
a su amigo en la cocina, charlando alegremente con Ty y mordisqueando un trozo
de pan. Le ofreció un pedazo y se sorprendió al notar lo compacta que era la
miga. Le dio un mordisco y abrió los ojos ante el sabor intenso.
—Es
pan de maíz y patata. La mezcla de especias es una receta secreta —explicó con
una risita—. Vamos, los demás están fuera.
Los
tracers estaban sentados a una larga mesa de madera. Las motos estaban
aparcadas junto a un almacén al otro lado del patio trasero, donde dormirían
los chicos.
Olía
a leña y a maíz asado. Doble V. se acercó a un hombre que estaba junto a una
parrilla y este les entregó sendos platos de verduras asadas. Jer sujetó el
suyo con una mano cuando una chica le ofreció un cuenco de sopa.
Se
sentaron en un banco junto a los demás y se dedicaron a comer mientras los
chicos hablaban de la próxima carrera en la que iban a participar y de los
rivales a los que se enfrentarían.
Se
estiró para alcanzar otro pedazo de aquel extraño pan y Doble V. le pidió que
acercara la fuente con las mazorcas de maíz. Se hizo con un par de ellas en
cuanto estuvieron a su alcance.
Se
sintió reconfortado por la comida y el ambiente bullicioso, pero no tardó en
pensar en su padre. Decidió que lo mejor sería hablar con Sean para saber a qué
atenerse. Por su carta, y por lo que había oído, parecía un tipo bastante
razonable.
Se
llevó a Doble V. a un aparte y le preguntó qué sabía acerca de él.
—Veamos,
es el hermano de Albert Collins y ya sabes que es el dueño del Skyway… —Se
frotó la nariz, pensativo—. ¿Tu padre no te habló de él?
Miró
al chico antes de responder. Por primera vez desde que lo conocía, el pelo
rubio caía en mechones lacios junto a su cara, lo que hacía que pareciera aún
más joven.
—No
recuerdo que dijera gran cosa, aparte de que solían tocar juntos antes de que
dejara la ciudad.
—Sean
se hizo famoso en la costa oeste unos años después de que tu padre se marchara,
sobre todo desde que empezó a tocar con Nick Parker —explicó—. Nick cuando tenía unos dieciocho años y los dos se hicieron inseparables. Incluso las chicas
de otras ciudades se desplazaban a la 97 para verlos actuar cada fin de semana.
—Pero
se casó hace tiempo, ¿no? Creo que tiene dos hijos.
—Conozco
a Willy. Creo que tiene una hermana pequeña.
—Quizás
que por eso nunca intentó triunfar en el Sector 6 —pensó en voz alta.
Doble
V. soltó una carcajada.
—Es
posible. Tanto él como Nick reforzaron la idea de lo que es un rebelde de la
97. Ya sabes, rechazando la fama y todo eso—Realizó un gesto amplio con la
mano—. Se convirtieron en un ejemplo para muchos chicos.
—Pero
la mayoría sigue queriendo triunfar en la industria, ¿no?
—Sí,
bueno, es la única forma de ganar dinero de verdad —Se encogió de hombros—. Esa
contradicción forma parte del espíritu de la ciudad. Al fin y al cabo, aunque
ser un rebelde puede ser admirable, no da demasiados beneficios.
Doble
V. siguió hablando del Skyway y de algunos grupos que habían actuado en el
local antes de triunfar en el Sector 6. Se puso a pensar en sus propios planes
y dejó de prestar atención durante un rato.
—Es
curioso que Sean no tenga ninguna participación en los negocios de la familia
—dijo Doble V.
—¿A
qué te refieres? —preguntó distraído.
—Los
Collins pertenecen a una de las primeras familias que se establecieron en la
ciudad —Abrió más los ojos con un gesto que no entendió—. Quiero decir que
siempre han tenido dinero. Albert es el hermano mayor, por lo que es normal que
dirija los negocios; pero es extraño que Sean se mantenga completamente al
margen.
—No
es tan raro, si lo que le interesa es la música.
—Pero
no solo se dedica a actuar, ¿recuerdas? Albert es el dueño del Hard Carry, que
es uno de los locales más antiguos. Aun así, él se empeñó en abrir el Skyway.
Tuvo ayuda de su hermano, obviamente; pero sirve mesas y trabaja como
cualquiera. Su mujer incluso se ocupa de la cocina.
—Hummm.
Aunque
Doble V. no lo mencionara, era posible que Sean no se llevara demasiado bien
con su familia. O puede que quisiera hacerse un nombre por sí mismo. Fuese cual
fuese el motivo, era algo admirable.
—Háblame
de la ciudad —pidió.
Doble
V. empezó a describir la distribución del lugar. Le habló de los canales que
rodeaban la parte más antigua y de los edificios más emblemáticos. Después de
un rato, cogió un palo y dibujó tres círculos sobre el suelo de tierra. Eso le
recordó el mapa que había estudiado descuidadamente.
—¿Ves?
Las granjas se extienden al sureste a ambos lados del río. Cuando llega a la
ciudad, el cauce se divide. Este sería el islote del mercado. Está rodeado por
el canal central.
Jer
señaló un punto en el tercer círculo.
—El
Skyway se encuentra por aquí, en la parte sur del canal exterior, ¿no es
cierto?
—¡Exacto!
—Sonrió con aprobación y siguió hablando durante unos minutos.
Seguía
sus gestos con atención y levantó la vista cuando se calló de repente.
—¿Piensas
ir a la ciudad? —soltó de golpe.
No
se molestó en negarlo.
—Iré
contigo —ofreció.
—¿Te
has vuelto loco? —exclamó llamando la atención de un par de mujeres que lo
miraron con curiosidad.
—No
te preocupes. No dejaré que los de West me vean.
—¿Y
qué hay de los demás? ¡Cualquiera podría reconocerte!
—Ya
te dije que a nadie le gustan los chivatos. Además, tendré cuidado.
—No
sé por qué quieres arriesgarte. Te aseguro que no hace falta que vengas.
—No
es solo por ti —Los ojos verdes reflejaron las llamas de la hoguera—. Le hice
una promesa a un amigo y no he podido cumplirla. Por cierto, acerca de mi
nombre…
—Wendell.
Tuvo
que contener la risa ante la expresión de su cara.
—Significa
viajero. Y mi abuela es la única que me llama así, ¿de acuerdo? —dijo a la
defensiva—. Será mejor que olvides que lo has oído.
Le
prometió que así lo haría, aunque no pudo evitar que le temblaran las comisuras
de los labios al decirlo.
El
chico meneó la cabeza, disgustado, pero no insistió. Se marchó para hablar con
la anciana y se preguntó qué tipo de promesa lo empujaría a regresar a la 97.
Sintió un nudo en el estómago al pensar en enfrentarse a su padre y decidió que
tenía bastante con sus propias preocupaciones. Después de todo, Doble V. no era
responsabilidad suya.

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