viernes, 24 de octubre de 2025

Rebeldes pero leales. 7- Lion Boy


            


                —¿Jer?

            No sabía cuánto tiempo se había quedado apoyado contra uno de los árboles pensando qué hacer, pero había sido el suficiente como para que la nariz le picara debido al olor a resina.

            —¿Has visto a tu abuela?

            Él asintió, mirándolo con precaución.

            —¿Estás bien?

            —Es una nota de Sean, aunque no dice gran cosa —Se guardó el papel en el bolsillo.

            Doble V. suspiró profundamente.

            —Mi abuela quiere enviarle un mensaje cuanto antes, por eso he venido a buscarte —Intentó animarlo con una palmada en la espalda—. ¡Ven, te la presentaré!

            Había bastante movimiento cerca de la casa y también en el interior. Las paredes estaban desconchadas y los muebles mostraban manchas de humedad, pero no parecía un lugar abandonado desde hacía un siglo.

            Escuchó risas cuando pasaron junto a la cocina, donde un grupo de nómadas estaban preparando la cena. Un par de chicos los adelantaron a la carrera para subir a la planta superior.

            La anciana los esperaba en el salón. La silla de ruedas estaba cerca de la ventana, que dejaba entrar la luz del atardecer. Una chica de unos veinte años miraba al exterior y se inclinaba de vez en cuando para decirle algo al oído.

            —Esa es Jenny —susurró señalándola—. Mi abuela casi no ve, por eso la acompaña a todas horas.

            Se quedó mirando a la enjuta anciana con aprensión. Nunca había visto a nadie con tantas arrugas en la cara ni con el pelo completamente blanco. Doble V. lo presentó alegremente y los labios de la mujer se extendieron en una sonrisa en cuanto escuchó su voz. La piel tostada por el sol se arrugó aún más.

            —Acércate, muchacho, que no voy a morderte —pidió extendiendo el brazo en el aire.

            Casi dio un respingo cuando Jenny tiró de su brazo para que se inclinara. La chica ignoró su reacción, colocando la mano de la mujer sobre su hombro.

            —No hace falta asustar al chico, Jenny —Soltó una risita ante el resoplido de la joven.

            Él se mordió los labios, inseguro de lo que debía hacer. Los ojos grises parecían descoloridos y la forma en que intentaba enfocar la mirada lo ponía nervioso. Ella se acercó más, intentando ver los rasgos de su cara.

            —Es alto como su padre —informó Jenny—. Y tiene el pelo castaño; pero por lo demás, no se parece a él.

            —Me parezco a mi madre.

            Por algún motivo, sintió la necesidad de explicarlo.

            La anciana le dio unas palmaditas en la mejilla y su mirada dejó de inquietarlo cuando le sonrió directamente. Se irguió de nuevo cuando ella se reclinó hacia atrás, aunque deslizó la mano por su brazo hasta encontrar su mano. Tragó saliva cuando vio sus dedos hinchados y un tanto retorcidos, pero se relajó ante la calidez del contacto.

            —Así que decidiste unirte a mi nieto en busca de aventuras —dijo de buen humor.

            —No exactamente.

            Le dio unas palmadas en el dorso de la mano antes de soltarlo.

            —Sean Collins me explicó lo ocurrido. Al parecer, sí que te pareces a tu padre en cuanto al carácter —Soltó una risita. No pudo negarlo, pero ella tampoco esperó a que lo hiciera—. ¿Has decidido lo que vas a hacer?

            —Supongo que debería hablar con él —dijo con desgana—. No quiero causar problemas.

            —Le dije a Sean que lo tendría al tanto y que cuidaría de ti si aparecías por aquí. A cambio, él prometió que no intentarían llevarte a la fuerza. ¿Eso es suficiente para que te quedes?

            —¿Por qué va a ayudarme? —se extrañó.

            —Eres un invitado de Wendell.

            Tardó unos segundos en darse cuenta de que se refería a Doble V. Este hizo una mueca al ver su mirada. Se giró hacia la anciana cuando esta añadió:

            —Nadie entiende el deseo de seguir el propio camino mejor que un nómada. Nos quedaremos aquí hasta el final de la cosecha, por lo que tendrás algún tiempo para pensar en lo que quieres hacer.

            —Le enviaré un mensaje a Sean —dijo Jenny tecleando en su pulsera.

            —¿Qué vas a decirle?

            —Oh, nada específico —Le guiñó un ojo—. «Hemos recibido su pedido y todo está en orden. Nuestro repartidor pasará mañana por la ciudad». Algo así.

            La miró con el ceño fruncido.

            —Significa que alguien irá mañana a la ciudad para hablar con él —dijo Doble V.

            —¿Y por qué no lo dices sin más? —le preguntó a Jenny.

            —Por costumbre —Ella se echó a reír—. No nos gusta que West meta las narices en nuestros asuntos.

            —Oh.

            Nunca se le había ocurrido pensar en ello. Claro que tampoco había tenido ningún motivo para hacerlo.

            —Ven, te enseñaré dónde dormiremos. Querrás darte una ducha caliente antes de cenar, ¿no?

            Subieron a la planta superior y entraron en una habitación con varios colchones apilados contra la pared. Colocaron un par de ellos en el suelo y extendieron unas mantas por encima.

            Doble V. le explicó que usaban un par de generadores para tener electricidad, y aunque disfrutó del agua caliente durante unos minutos, no se demoró demasiado. Aquel era el único baño completamente funcional y ya había un par de chicos esperando su turno cuando salió al pasillo.

            Se sintió mucho mejor en cuanto se aseó y se puso ropa limpia. Dejó las prendas que había usado junto a su cama provisional. Las lavaría al día siguiente.

            Encontró a su amigo en la cocina, charlando alegremente con Ty y mordisqueando un trozo de pan. Le ofreció un pedazo y se sorprendió al notar lo compacta que era la miga. Le dio un mordisco y abrió los ojos ante el sabor intenso.

            —Es pan de maíz y patata. La mezcla de especias es una receta secreta —explicó con una risita—. Vamos, los demás están fuera.

            Los tracers estaban sentados a una larga mesa de madera. Las motos estaban aparcadas junto a un almacén al otro lado del patio trasero, donde dormirían los chicos.

            Olía a leña y a maíz asado. Doble V. se acercó a un hombre que estaba junto a una parrilla y este les entregó sendos platos de verduras asadas. Jer sujetó el suyo con una mano cuando una chica le ofreció un cuenco de sopa.

            Se sentaron en un banco junto a los demás y se dedicaron a comer mientras los chicos hablaban de la próxima carrera en la que iban a participar y de los rivales a los que se enfrentarían.

            Se estiró para alcanzar otro pedazo de aquel extraño pan y Doble V. le pidió que acercara la fuente con las mazorcas de maíz. Se hizo con un par de ellas en cuanto estuvieron a su alcance.

            Se sintió reconfortado por la comida y el ambiente bullicioso, pero no tardó en pensar en su padre. Decidió que lo mejor sería hablar con Sean para saber a qué atenerse. Por su carta, y por lo que había oído, parecía un tipo bastante razonable.

            Se llevó a Doble V. a un aparte y le preguntó qué sabía acerca de él.

            —Veamos, es el hermano de Albert Collins y ya sabes que es el dueño del Skyway… —Se frotó la nariz, pensativo—. ¿Tu padre no te habló de él?

            Miró al chico antes de responder. Por primera vez desde que lo conocía, el pelo rubio caía en mechones lacios junto a su cara, lo que hacía que pareciera aún más joven.

            —No recuerdo que dijera gran cosa, aparte de que solían tocar juntos antes de que dejara la ciudad.

            —Sean se hizo famoso en la costa oeste unos años después de que tu padre se marchara, sobre todo desde que empezó a tocar con Nick Parker —explicó—. Nick cuando tenía unos dieciocho años y los dos se hicieron inseparables. Incluso las chicas de otras ciudades se desplazaban a la 97 para verlos actuar cada fin de semana.

            —Pero se casó hace tiempo, ¿no? Creo que tiene dos hijos.

            —Conozco a Willy. Creo que tiene una hermana pequeña.

            —Quizás que por eso nunca intentó triunfar en el Sector 6 —pensó en voz alta.

            Doble V. soltó una carcajada.

            —Es posible. Tanto él como Nick reforzaron la idea de lo que es un rebelde de la 97. Ya sabes, rechazando la fama y todo eso—Realizó un gesto amplio con la mano—. Se convirtieron en un ejemplo para muchos chicos.

            —Pero la mayoría sigue queriendo triunfar en la industria, ¿no?

            —Sí, bueno, es la única forma de ganar dinero de verdad —Se encogió de hombros—. Esa contradicción forma parte del espíritu de la ciudad. Al fin y al cabo, aunque ser un rebelde puede ser admirable, no da demasiados beneficios.

            Doble V. siguió hablando del Skyway y de algunos grupos que habían actuado en el local antes de triunfar en el Sector 6. Se puso a pensar en sus propios planes y dejó de prestar atención durante un rato.

            —Es curioso que Sean no tenga ninguna participación en los negocios de la familia —dijo Doble V.

            —¿A qué te refieres? —preguntó distraído.

            —Los Collins pertenecen a una de las primeras familias que se establecieron en la ciudad —Abrió más los ojos con un gesto que no entendió—. Quiero decir que siempre han tenido dinero. Albert es el hermano mayor, por lo que es normal que dirija los negocios; pero es extraño que Sean se mantenga completamente al margen.

            —No es tan raro, si lo que le interesa es la música.

            —Pero no solo se dedica a actuar, ¿recuerdas? Albert es el dueño del Hard Carry, que es uno de los locales más antiguos. Aun así, él se empeñó en abrir el Skyway. Tuvo ayuda de su hermano, obviamente; pero sirve mesas y trabaja como cualquiera. Su mujer incluso se ocupa de la cocina.

            —Hummm.

            Aunque Doble V. no lo mencionara, era posible que Sean no se llevara demasiado bien con su familia. O puede que quisiera hacerse un nombre por sí mismo. Fuese cual fuese el motivo, era algo admirable.

            —Háblame de la ciudad —pidió.

            Doble V. empezó a describir la distribución del lugar. Le habló de los canales que rodeaban la parte más antigua y de los edificios más emblemáticos. Después de un rato, cogió un palo y dibujó tres círculos sobre el suelo de tierra. Eso le recordó el mapa que había estudiado descuidadamente.

            —¿Ves? Las granjas se extienden al sureste a ambos lados del río. Cuando llega a la ciudad, el cauce se divide. Este sería el islote del mercado. Está rodeado por el canal central.

            Jer señaló un punto en el tercer círculo.

            —El Skyway se encuentra por aquí, en la parte sur del canal exterior, ¿no es cierto?

            —¡Exacto! —Sonrió con aprobación y siguió hablando durante unos minutos.

            Seguía sus gestos con atención y levantó la vista cuando se calló de repente.

            —¿Piensas ir a la ciudad? —soltó de golpe.

No se molestó en negarlo.

            —Iré contigo —ofreció.

            —¿Te has vuelto loco? —exclamó llamando la atención de un par de mujeres que lo miraron con curiosidad.

            —No te preocupes. No dejaré que los de West me vean.

            —¿Y qué hay de los demás? ¡Cualquiera podría reconocerte!

            —Ya te dije que a nadie le gustan los chivatos. Además, tendré cuidado.

            —No sé por qué quieres arriesgarte. Te aseguro que no hace falta que vengas.

            —No es solo por ti —Los ojos verdes reflejaron las llamas de la hoguera—. Le hice una promesa a un amigo y no he podido cumplirla. Por cierto, acerca de mi nombre…

            —Wendell.

            Tuvo que contener la risa ante la expresión de su cara.

            —Significa viajero. Y mi abuela es la única que me llama así, ¿de acuerdo? —dijo a la defensiva—. Será mejor que olvides que lo has oído.

            Le prometió que así lo haría, aunque no pudo evitar que le temblaran las comisuras de los labios al decirlo.

            El chico meneó la cabeza, disgustado, pero no insistió. Se marchó para hablar con la anciana y se preguntó qué tipo de promesa lo empujaría a regresar a la 97. Sintió un nudo en el estómago al pensar en enfrentarse a su padre y decidió que tenía bastante con sus propias preocupaciones. Después de todo, Doble V. no era responsabilidad suya.

 

 

 

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