viernes, 24 de octubre de 2025

Rebeldes pero leales. 6- Paradise

 



            Despertó bruscamente cuando la furgoneta empezó a dar tumbos y se frotó los ojos, confundido. Los rodeó la oscuridad al dejar atrás el camino para atravesar un prado.

            Doble V. lo saludó masticando y le ofreció un bollo que sacó de la mochila. Lo aceptó en silencio y le dio un mordisco sujetándose al borde del remolque. Miró la hora en su pantalla.

            —¿Ya es medianoche? —Se estremeció de frío—. ¿Cuánto he dormido?

            —Ni idea, yo me desperté hace solo un rato.

            El vehículo se detuvo por fin y bajaron para reunirse con los demás. Los tracers parecían acostumbrados a acampar y no tardaron en organizarse. Jer acompañó a Ty, internándose en el bosque y recogiendo ramas para hacer una hoguera.

            Se estremeció de nuevo sin poder evitarlo.

            —Se nota que estamos cerca del río, ¿verdad? —dijo Ty con tono comprensivo—. No te preocupes, tenemos un hornillo. Para cuando regresemos ya podrás beber algo caliente.

            Tenía razón. Alguien le ofreció una taza y la sujetó de forma que le calentara las manos, agradecido por la calidez del metal. Acercó la bebida a la nariz antes de probarla. Era una especie de chocolate artificial, pero resultaba reconfortante. Se lo terminó demasiado pronto.

            Se hizo con un par de bocadillos y se acercó a la hoguera en cuanto esta prendió.

            —Creo que no había sentido tanto frío en toda mi vida.

            Doble V. se echó a reír, aunque le castañeteaban los dientes.

            —Lo mismo digo —Se acercó al hornillo y preguntó esperanzado—. ¿Eso es sopa?

            —No sé de qué te quejas —dijo el chico que revolvía el líquido del cazo—. No sabrás lo que es el frío de verdad hasta no que te pases todo el día conduciendo en moto.

            —O lo que es peor, toda la noche —dijo otro.

            El primero asintió con una risita.

            —¿A quién se le ocurre ponerse a dormir al atardecer sin ni siquiera echarse algo por encima? —preguntó Luke acercándose y meneando la cabeza.

            Jer se envolvió con la manta que le ofreció y engulló el último bocado, mirando a Doble V. con envidia cuando enjuagó su taza para rellenarla de sopa. Lo imitó en cuanto pudo y regresó junto a la hoguera, que ya ardía con más fuerza.

            —Nos pondremos en camino antes del amanecer, así que será mejor que aprovechéis el tiempo.

            Repartieron más mantas y se acomodaron alrededor del fuego, casi pegados los unos a los otros. No tenía sueño, aunque le resultó relajante escuchar las respiraciones pesadas de los demás.

            Doble V. estaba a su derecha, tapado casi por completo. Sonrió al ver que apenas asomaba un mechón de pelo rubio por encima de la manta. Él ya no sentía tanto frío, pero no dijo nada cuando el chico se removió, acercándose más a su costado.

            Miró hacia el cielo, admirando la cantidad de estrellas que lo salpicaban. La luna estaba en cuarto menguante y el aire olía a humo y tierra. Se sintió sobrecogido por un momento ante las sensaciones que lo asaltaban. Estaba acostumbrado a las luces deslumbrantes del Sector 6, pero aquel espectáculo de la naturaleza le pareció mil veces mejor.

            Se concentró en aquellos puntitos de luz, intentando mantener a raya sus pensamientos acerca del futuro. Creyó que no sería capaz de quedarse dormido, pero después de un rato notó que su cuerpo se relajaba por completo.

            Lo despertó un codazo de Doble V., que rezongaba enterrándose bajo la manta. Todavía era de noche, pero los demás ya se habían levantado. Aceptó una taza de café sin decir nada. No era su bebida favorita, pero no quería ser desagradecido.

            —¡Vamos, chaval! —Luke tiró de la manta de Doble V. sin apiadarse al escuchar sus gemidos de protesta—. Tendrás tiempo de sobra para dormir en la furgoneta.

            Acabó por levantarse, caminando de forma insegura hacia el hornillo. Sus ojos eran dos rendijas verdes llenas de resentimiento y los mechones de pelo se levantaban sobre su cabeza tiesos como púas. Parecía un erizo enfadado y Jer se giró intentando contener la risa.

            No tardaron en ponerse en marcha, mientras Doble V. seguía masticando las galletas del desayuno con los ojos cerrados. Se envolvió con un par de mantas y se quedó dormido poco después.

            Volvió a maravillarse ante la visión del cielo nocturno y esperó con expectación la llegada del amanecer. Este no se hizo de rogar. El horizonte empezó a aclararse con una luz grisácea al principio, dejando ver la tupida vegetación que volvía a dominar el paisaje. Se dirigían hacia el oeste, por lo que pudo admirar el ascenso del sol elevándose lentamente por detrás de las colinas.

            Nunca se le había ocurrido pensar en lo grande que era el Territorio ni en todos los lugares que nunca había visto. De repente le resultó extraño que el Sector 6 abarcaba toda su vida: su pasado, su familia, sus aspiraciones futuras…

            Observó a los chicos de las motos preguntándose qué se sentiría al vivir en la carretera. ¿Cuáles eran sus objetivos? ¿Se preocupaban siquiera por el futuro? Se los imaginó compitiendo en una carrera y se preguntó si sentirían que habían logrado algo importante cuando ganaban o si tan solo les causaba diversión.

            Empezó a revisar sus objetivos desde otro punto de vista, preguntándose si de verdad sabía lo que quería. Su padre había creído saberlo, pero era obvio que no era feliz con su carrera desde hacía años. ¿Por qué habría seguido actuando? ¿Era una cuestión de cabezonería? Porque si era así, lo asustaba cometer el mismo error sin darse cuenta. A pesar de que no quería parecerse a él, se daba cuenta de que compartían ciertos rasgos de carácter.

            Pensó en su madre, que siempre los había apoyado a ambos de forma incondicional.

            «Por favor, no dejes que siga ese camino», rogó.

            Hicieron una breve parada hacia el mediodía. Comieron algo y estiraron las piernas durante unos minutos, aunque todos se mostraron impacientes por reanudar el trayecto cuanto antes. Solo faltaban unas horas para llegar.

            Doble V. se había mojado el pelo, aplastando los mechones sobre la cabeza. Después de dormir toda la mañana, se mostró hablador durante el resto del camino. Le hizo algunas preguntas acerca del Sector 6 y le explicó una de las tradiciones más antiguas de la 97: «el salto de la iglesia».

            —¿Quieres decir que se lanzan al depósito de agua?

            —Así es, desde la pasarela que hay a unos quince metros —dijo jactancioso—. ¿Tu padre no te habló de ello?

            Intentó recordar.

            —No creo. Quizás me lo contó cuando era un crío y me imaginé que era una especie de leyenda.

            —Estoy seguro de que él también saltó. Todos los rebeldes lo hacen en algún momento.

            —¿Tú también?

            —No surgió la oportunidad —Hizo un mohín—. Y te aseguro que lamento haber esperado a que Ryan Walters lo organizara.

            —¿El dueño de la moto que te llevaste?

            —Ese mismo —Sonrió con descaro—. Es un par de años mayor que yo. Al ser el hijo de Walters, tendrá que hacerlo tarde o temprano. Todos los chicos del norte lo seguirán.

            —¿Por qué? ¿No has dicho que está prohibido?

            Doble V. resopló de risa.

            —Es una pena que no se decidiera —se lamentó—. Yomi y yo pensábamos reclutar a los del sur y a los del pabellón. Hace siglos que nadie reúne a todos los chicos de la ciudad para saltar.

            No conseguía entender el propósito de esa tradición. Nunca había conocido a nadie que se empeñara en romper las normas o que hiciera algo potencialmente peligroso solo porque sí.

            Seguía pensando en ello cuando la furgoneta se detuvo al llegar a un camino de tierra.

            —¿Hemos llegado?

            No había ninguna granja a la vista, aunque el paisaje era aún más frondoso que antes. Se levantaron a la vez cuando Luke empezó a dar indicaciones en voz alta. El líder se alejó por el camino mientras los demás vehículos daban marcha atrás para regresar a la carretera.

            —¿Qué ocurre? —le preguntó Doble V. a Ty.

            —Han dejado una advertencia en el camino —Señaló una pila de piedras en mitad del desvío que acababan de abandonar—. No parece grave, pero Luke ha ido a asegurarse.

            Doble V. se removió inquieto, lo que le recordó que estaba allí para encontrase con su abuela. Esperaba que no le hubiese ocurrido nada.

            Contuvo la respiración cuando la moto de Luke apareció a lo lejos y sintió el impulso de bajar para encontrase con él. Doble V debía de sentir lo mismo porque se agarraba al borde del remolque con el cuerpo en tensión.

            Luke se detuvo junto a ellos y apagó el motor. Se quitó el casco y le dijo a los demás que continuaran hasta la granja. Se bajó de la moto y miró directamente a Jer.

            —Tu padre ha estado aquí —Enarcó una ceja—. Llegó esta mañana con Sean Collins.

            Sintió que se mareaba y fue incapaz de hablar.

            —¿Qué? ¿Cómo es posible? —preguntó Doble V.

            Luke le echó una mirada llena de intención.

            —La 97 solo está a unas seis horas.

            ¿Había llegado a la ciudad en el tren y había salido a buscarlo justamente allí? ¿Por qué?

            —¿Está…? —Tragó saliva con dificultad—. ¿Está aquí?

            —No, no se quedaron. Nadie sabía que veníamos, por lo que no pudieron decirles nada —dijo con una mueca—. Aunque era una deducción lógica si sospechan que estáis juntos.

            —Es por mi culpa —admitió Doble V.—. Todos en la ciudad saben que los nómadas vienen aquí por esta época.

            —¿Los de West también?

            ¿Qué clase de huida había planeado si cualquiera podía adivinar sus intenciones?

            —Es posible, pero ya te dije que a ellos no les importa —respondió—. No se molestarán en enviar a alguien para buscarme.

            —¡Eso no lo sabes! —exclamó, incrédulo ante la confianza de su tono.

            —Pensaba mantenerme fuera de la vista —se defendió—. Además, el dron de Ty los detectará antes de que se acerquen demasiado.

            Luke carraspeó para llamar su atención y le tendió un trozo de papel.

            —Tu padre dejó una carta y pidió que le hagamos saber que estás bien —Apretó la nota en el puño y Luke se volvió hacia Doble V.—. Como te imaginas, tu abuela no quiere tener problemas con los Collins. Y nosotros tampoco, desde luego.

            —Así que le diréis que estoy aquí.

            —Será mejor que primero leas lo que sea que te haya escrito.

            Volvieron a ponerse en marcha. Doble V. se disculpó repetidamente, pero él no lo escuchaba. Sujetaba el papel con fuerza, sin atreverse a leer lo que decía.

            Se imaginó a su padre siguiendo aquel mismo camino; enfadado y preocupado. Pensando que su hijo era un desagradecido; o lo que era peor, que lo consideraba un fracasado y no quería tener nada que ver con él. Que no lo quería.

            Tuvo que parpadear para alejar las lágrimas que afloraron a sus ojos y metió las manos en los bolsillos. Apretó los puños contra los costados para intentar contener sus emociones.

            Quiso tranquilizar a Doble V. No era culpa suya. Solo consiguió musitar las palabras sin mirarlo. Saltó de la furgoneta en cuanto esta se detuvo delante de una casa de piedra.

            Apenas escuchó los gritos de bienvenida y se alejó en la dirección contraria sintiendo que le faltaba el aliento. Atravesó un campo de altas hierbas y no se detuvo hasta que llegó a un bosque de pinos.

            Sacó la nota del bolsillo y la miró con aprensión antes de leerla. Le temblaban las manos y se enfadó consigo mismo por semejante reacción. Sujetó el papel con fuerza y respiró hondo.

 

            Jeremy, tu padre está demasiado alterado para escribirte,

            así que me he tomado la libertad de hacerlo en su nombre.

            Te aseguro que se arrepiente de sus palabras y te prometo

            que nadie te obligará a hacer nada que no quieras.

            Haznos saber que estás bien, es lo único que te pedimos.

            Te estaremos esperando, ya sea ahora o más adelante.

            Sean

 

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