El
dueño de la granja los recibió alegremente en la cocina, insistiendo en que
comieran algo antes de irse.
—¿Recuperaste
mi moto? —le preguntó Doble V. a Luke.
Este
se lo quedó mirando antes de arquear una sola ceja de nuevo.
—¿Te
refieres a la moto que robaste y que debo devolver en tu nombre?
—Dile
a Ryan que se lo compensaré algún día, ¿vale? —respondió con una mueca. Se
volvió hacia Jer—. Tenía algo de prisa por salir de la 97 y el único vehículo
que tenía a mano era una moto que acababa de poner a punto.
—Estoy
seguro de que Ryan lo entenderá.
El
tono de Luke indicaba todo lo contrario. Él no le hizo caso y se dirigió a Ren,
que observaba el intercambio con expresión divertida.
—Entonces,
¿mi abuela está en la 95? —preguntó el chico, aceptando que le sirviera otro
plato de un extraño potaje.
Lo
miró con curiosidad, tanto por la mención de su abuela como por la capacidad de
su estómago.
—Enviaron
un camión de fruta hace una semana; así que sí, estoy bastante seguro. La
cosecha de la 95 los tendrá ocupados varias semanas más.
West
95 era una ciudad abandonada. Lo que, por lo visto, era algo más común de lo
que uno pudiera imaginar. Cuando una población le daba problemas, West
levantaba una fábrica en otro lugar y empezaba de cero.
—Estamos
intentando que no ocurra lo mismo con la 94 —dijo Ren. Sonrió con algo de
tristeza antes de encogerse de hombros—. Es difícil ser rentables cuando la 93
está tan cerca y no deja de crecer y modernizarse. Solo podemos intentar
aguantar hasta que acabe por absorbernos.
Un
chico se asomó por la puerta diciendo que estaban listos para irse. Ren le
había buscado algo de ropa a Doble V. Metió las prendas en una mochila y Jer se
alegró del detalle. En su bolsa solo llevaba un pantalón, un par de camisetas y
algo de ropa interior.
—¡Recuérdale
a tu abuela que espero su visita antes de que regresen a casa! —se despidió con
un abrazo.
Doble
V. prometió hacerlo y salió apresurado. Estaba a punto de seguirlo cuando el
hombre lo detuvo.
—Cuida
de él, ¿quieres? Es un buen chico, pero a veces actúa sin pensar —Le dio unas
palmadas en la espalda—. Los de West no dejarán que se quede con los nómadas.
Es posible que no lo encuentren por ahora; pero si lo hacen, no dejes que se
meta en ningún lío, ¿de acuerdo?
Asintió
para tranquilizarlo, aunque no estaba muy seguro de que le gustara cargar con
esa responsabilidad. Además, semejante petición le resultaba un tanto extraña.
Había sido él quien se había lanzado de cabeza sin pensar demasiado en las
consecuencias.
Subió
a la trasera de la furgoneta. El chico se apoyaba contra unos bultos,
levantando la cara hacia los rayos de sol. Con esa actitud relajada, no parecía
especialmente dispuesto a meterse en problemas. Claro que las cosas podían
cambiar rápidamente. Se recordó que, después de todo, apenas sabía nada de él.
Ty lo
saludó desde otro remolque. Le devolvió el gesto antes de acomodarse frente a
su compañero de viaje. El trayecto sería largo y pasarían la noche en la
carretera. Sería una buena ocasión para conocerlo mejor.
Distinguió
a Luke cuando se dirigió hacia una de las motos. Les hizo un gesto a otros tres
motoristas que ya lo esperaban y salieron disparados en cuanto se colocaron los
cascos. Su furgoneta salió detrás de la de Ty y otras dos motos cerraban la
formación.
Doble
V. se incorporó en cuanto escuchó el zumbido del dron y lo siguió con la mirada
hasta que desapareció de la vista.
—Estoy
estudiando robótica —explicó sin que le preguntara.
—¿Puedes
continuar tus estudios con una identidad falsa?
—¡Por
supuesto! Solo tengo que pasar las pruebas de calificación —dijo
despreocupadamente—. ¿Tú estudias música?
Asintió,
preguntándose cuántas clases estaba dispuesto a perder antes de arriesgarse a
recuperar su identidad.
—Y
también producción.
—¿Piensas
seguir los pasos de tu padre o quieres producir a otros?
Dudó
antes de responder.
—Depende.
Cualquiera puede firmar un contrato de unos años. Ni siquiera es demasiado
difícil mantenerse como el número uno durante un tiempo.
—Ah,
¿no? —Entrecerró los ojos con aire de diversión—. Eso suena un poco arrogante.
—No
quiero decir que a mí me vaya a resultar más fácil o que sea mejor que los
demás —Buscó las palabras antes de continuar—. En realidad, es cuestión de
suerte; y a veces, de perseverancia. Cada año llegan montones de músicos al
Sector 6. Cualquiera de ellos puede ser la nueva estrella de las pantallas. El
problema es que ninguno dura demasiado.
—¿Y
tú crees que puedes cambiar eso?
Se
encogió de hombros un tanto incómodo.
—Al
menos tengo alguna idea de los tipos de contratos que existen y de cómo
funcionan las grandes compañías en general.
—¡Eso
es cierto! Mi mejor amigo es bailarín. Tiene clases de todo tipo, pero nunca le
he oído hablar de cuestiones prácticas.
Se
quedaron callados durante unos minutos.
—Ren
dice que no puedes quedarte con los nómadas. Legalmente, quiero decir. ¿Cómo es
posible si son tu familia?
—El
único familiar directo que tengo es mi abuela. Es bastante mayor y hace tiempo
que está en una silla de ruedas.
—Vaya,
lo siento.
Hizo
un gesto para quitarle importancia.
—El
caso es que West no tiene un buen concepto de los nómadas —Torció los labios—.
Y, además, nací con una válvula del corazón defectuosa. No he vuelto a tener
problemas desde que me operaron, pero me consideran una persona especialmente
vulnerable.
Soltó
una risita que lo desconcertó y lo miró preocupado. Quizás no debería estar
realizando ese viaje. Él se dio cuenta de lo que estaba pensando.
—¡Ni
siquiera me acuerdo del hospital, tío! Era muy pequeño. ¡Te aseguro que estoy
bien!
—Si
tú lo dices… —dijo sin saber qué pensar.
—En
serio, no hay nada de lo que preocuparse — y añadió con algo de amargura—. Es
solo una excusa para no dejarme marchar. A los de West les gusta actuar como si
supieran lo que te conviene en cada momento.
—Háblame
de la cosecha —pidió para cambiar de tema—. Entiendo que tu abuela no vive en
la 95. ¿O es que queda alguien en la ciudad?
—No
hay ni un alma desde hace más de cien años. Ni siquiera en las granjas —Sonrió
de nuevo—. Pero eso no significa que los árboles dejen de dar frutas.
Cualquiera puede ir y cogerlas. El grupo de mi abuela está asentado cerca de la
89, pero todos los nómadas están acostumbrados a ir de un lado a otro la mayor
parte del tiempo. Por desgracia, cuando conseguí llegar hasta allí, ya se
habían marchado.
Recordó
que había salido de la 97 en moto.
—¡Pero
eso está a varios miles de kilómetros!
—Ya,
por eso tuve que dejarme atrapar para poder viajar en el tren —dijo con un
guiño.
Carraspeó
al recordar a Wayne. Se imaginó la cara del hombre al descubrir la desaparición
del chico.
—Entiendo…
Parecía
estar esperando una alabanza y lo felicitó sin extenderse demasiado. Esperaba
que West no se tomara aquella jugarreta como algo personal.
Doble
V. pareció desinflarse ante su falta de entusiasmo y cerró los ojos,
disfrutando con obvia satisfacción de la calidez del sol. Jer se sentó sobre
una caja de madera para que la brisa le llegara de forma más directa.
Avanzaban
a bastante velocidad por la ancha carretera, bordeada de espesos arbustos y
árboles de todo tipo.
El
silencio se le hizo pesado después de un rato y buscó algo de lo que hablar.
Decidió hacerle algunas preguntas personales.
Doble
V. habló con voz somnolienta sin molestarse en abrir los ojos. Le explicó cómo
había aprendido a desmontar su primer motor cuando tenía diez años, que había
conocido a su amigo Yomi porque su padre también era mecánico; aunque se
especializaba en embarcaciones. También mencionó lo que hacían los chicos del
sur cuando se reunían en el parque.
—¿Cuándo
aprendiste a montar en moto?
—Con
doce años, más o menos. El mecánico era bueno arreglándolas, pero odiaba
subirse a ellas para comprobar que todo estuviera a punto.
«El
mecánico». Se dio cuenta de que no lo había llamado por su nombre ni una sola
vez, pero decidió no mencionarlo.
—Entonces,
te llevaste la moto de un cliente.
Eso
hizo que abriera los ojos por fin.
—¡Tío,
me llevé la moto de Ryan Walters! —exclamó meneando la cabeza—. Claro que en
aquel momento no pensaba con claridad. Menos mal que Luke accedió a
entregársela por mí.
Le
extrañó su tono vehemente. Nadie estaría contento de que se llevaran su moto de
esa manera, pero al menos pensaba devolverla.
—¿Crees
que te guardará rencor?
—¡Sin
duda! —resopló—. Su padre es uno de los hombres más importantes de la ciudad.
De hecho, la mayor parte de los negocios del norte dependen de él de alguna
manera. Ryan no es de los que pasan una ofensa por alto, ¿entiendes?
—¿Su
padre es tan importante como Albert Collins?
—¿Lo
conoces?
—Mi
padre lo mencionó —Se preguntó si estaría en el Skyway en aquel momento.
—¡Ah,
claro! Había olvidado que tu padre y Sean Collins son viejos amigos.
«Cualquiera
en la 97 sabe de sobra que el nombre de Rick Warren está asociado al sur»,
recordó.
Meneó
la cabeza para alejar la voz de su cabeza.
—¿Has
estado en el local alguna vez?
—¡Pues
claro! Todos los chicos del sur quieren subirse a ese escenario —La furgoneta
dio un brinco al coger un bache—. Uf, se nota que hemos salido de la carretera
principal.
Tenía
razón. Aunque el camino parecía asfaltado, se notaba que estaba descuidado. El
paisaje también empezó a cambiar. La vegetación era cada vez menos espesa y la
tierra seca empezó a dominar el paisaje antes verde.
—Esto
es tierra de nadie —explicó—. Hay muchas zonas así entre ciudades.
Le
habló de su viaje hasta la 89 y de los lugares que había visto. Su voz se apagó
después de un rato y le pareció que se había quedado dormido. Decidió
acomodarse para intentar hacer lo mismo.
Soñó
con su madre.
Había
ido a buscarla a la Asociación de Artistas, donde trabajaba como asesora a
cargo del gobierno. Él acababa de cumplir quince años y llevaba un año
realizando las prácticas en una de las grandes compañías del Sector 6, lo que
le había abierto los ojos en cuanto a las realidades de la industria musical.
Llevaba un tiempo pensando en cambiar a una empresa más pequeña y quería hablar
del tema con ella.
Su
rostro se animó en cuanto lo vio.
Siempre
le había parecido una persona alegre y llena de optimismo. Sin embargo, cuando
empezó a prestar más atención a las conversaciones que mantenía con sus amigas,
se dio cuenta de que el trabajo en la asociación le resultaba frustrante. Su
sentido de la justicia la empujaba a querer ayudar a los artistas, pero no
podía hacerlo de la forma que le hubiese gustado y a sus superiores parecía no
importarles.
«Pretendemos
estar de su lado, pero en realidad no solucionamos gran cosa», había dicho una
vez.
—¡Jer,
qué sorpresa! —dijo abrazándolo—. ¿Has salido temprano?
—Quería
hablarte de Oxygen —Se mordió los labios, indeciso—. Han aceptado mi solicitud.
—¡Eso
es genial! Ya te dije que lo harían —Le pasó la mano por los hombros y echaron
a andar—. Deberíamos celebrarlo. ¿Qué te parece si vamos al restaurante donde
celebramos tu cumpleaños?
—Había
pensado en ese sitio con distintas variedades de bocadillos. Dijiste que te
gustaban las ensaladas.
Su
padre estaba de gira, viajando de una pequeña ciudad a otra. Habían celebrado
su cumpleaños ellos dos solos, y aunque no era la primera vez que ocurría,
había sido la primera ocasión en que le había importado.
Además,
el sitio que él había sugerido era bastante más barato.
—De
acuerdo —accedió ella.
Contuvo
el aliento, pero no pareció darse cuenta de sus pensamientos. Le preguntó si ya
había avisado del cambio a su superior en Rewind.
—Aún
no me he hecho a la idea.
—Creí
que eso era lo que querías. ¿Qué te preocupa? Es cierto que Oxygen solo está
empezando a despegar y no se puede comparar con una de las grandes, pero eso
también la hace más humana —Se detuvo para mirarlo directamente—. Jack Sunnier
parece un tipo honesto. Sabes que de lo contrario no tardaría en enterarme.
—Ya…
—Veamos,
¿crees que te gustaría trabajar para Rewind en el futuro?
—Uf,
no.
La
empresa era como una máquina que fotocopiaba un éxito tras otro. Tenía la
suficiente repercusión para promocionar el tipo de artista que le diera la
gana, pero la opinión de los músicos al respecto apenas se tenía en cuenta.
—Entonces,
¿qué tienes que perder? —Le sostuvo la cara con las manos y lo miró con
seriedad—. Si Oxygen no está a la altura de lo que quieres, solo tienes que
buscar otro camino. Crea tu propia historia, Jer.

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