Doble
V. intentó disimular que se había lastimado durante la caída. Los tracers lo
felicitaron efusivamente a pesar de haber perdido y hasta Ryan se acercó para
hablar con él. No pudo oír lo que le decía, pero notó el gesto de dolor del
chico cuando le estrechó la mano.
—Tenemos
que llevarte al hospital —dijo cuando se acercó a ellos cojeando.
—No
es nada —aseguró—. Solo estoy un poco magullado, aunque creo que me he torcido
la muñeca.
—¿Puedes
llegar hasta el canal? —preguntó Yomi—. Será mejor que mi madre te eche un
vistazo.
Doble
V. puso los ojos en blanco, pero no protestó.
Yomi
se marchó a buscar la barca y Mark se acercó pasando el brazo del chico por los
hombros.
—No
deberías caminar —Lo sujetó por el otro lado.
Se
encontró con la mirada de Ty, que se ofreció enseguida a llevarlo en la
furgoneta.
—¡Tu
primera herida de guerra! —exclamó un chico a su lado, ayudándolo a subir a la
parte de atrás.
Él
sonrió orgulloso.
—¡Estuviste
genial! —Mark se mostraba entusiasmado.
—¿Es
que lo dudabas? —dijo riendo—. ¡Hasta Ryan tuvo que felicitarme!
—¡Genial!
—No ocultó su malhumor—. No hay nada como que te den la enhorabuena después de
hacerte caer de una moto.
—Yo
intenté tirarlo primero y lo sabes.
Soltó
un gruñido sin querer admitir su razonamiento. Doble V. se puso a hablar de la
carrera, por lo que supuso que no se había roto nada. Se tranquilizó al oírlo,
diciéndose que podría haber sido peor.
—Espero
que solo sea una torcedura —Ty le echó una mirada preocupada—. No puedes ir a
ver a un médico con una pulsera falsa.
—No
es nada —insistió. A continuación, lo sorprendió diciendo—: Deberíamos acampar
fuera de la ciudad esta noche.
Evitó
la mirada de Jer, que apretó los labios. No había querido darle la razón cuando
le advirtió que se estaba arriesgando al dejar que lo vieran. Se contuvo para
no echárselo en cara. Al menos era capaz de rectificar.
—Saldremos
en cuanto terminen las carreras —dijo Ty.
Los
dejaron junto al canal y Jer se paseó de un lado al otro hasta que Yomi llegó
en la barca. Doble V. ya podía caminar sin problema, lo que era una buena
señal.
—Te
veré en el campamento —dijo cuando Yomi saltó al muelle.
Se
marchó antes de que pudieran preguntarle a dónde iba. Ni siquiera él lo sabía.
Siguió
el borde del canal exterior hacia el este. Un par de lanchas pasaron en la
dirección contraria, dejando una estela plateada a su paso. Desde que había
salido del Sector 6; todo le resultaba extraño, lo que lo hacía sentir
totalmente fuera de lugar.
«Es
como si estuviera en otro planeta».
Se
fijó en un edificio a su izquierda y leyó la placa que había junto a la verja.
Se trataba del centro de huérfanos. Miró hacia la parte sur cuando llegó a un
puente de metal y dejó escapar un suspiro. ¿Debería ir a ver a su padre antes
de marcharse de la ciudad? Descartó la idea y siguió caminando.
El
canal se estrechaba un poco en la parte que se desviaba hacia la fábrica. Le
echó un vistazo y continuó hasta llegar a la laguna.
El
edificio de la iglesia era de una belleza sencilla. Se erguía en el medio del
lago, con pequeñas cascadas atravesando los arcos de la fachada. Daba la
impresión de que un gigante la estuviera sacando a la superficie después de
haberla sumergido en el agua.
Siguió
con la mirada el sendero que llevaba a lo alto de la presa. En lugar de subir
hasta el campamento, decidió atravesar los jardines. Unas zonas rectangulares
se elevaban parcialmente, cubiertas por unos tejadillos de color anaranjado.
Las
casas de West parecían de juguete incluso de cerca, como si las paredes fueran
demasiado blancas y los tejados demasiado rojos. En la orilla contraria, las
casas del centro de la ciudad mostraban una diversidad de colores; desde un
rosa pálido hasta un llamativo azul eléctrico. Resultaban bastante pintorescas.
Se
quedó mirando hacia la zona del Skyway aunque no podía verlo.
«¿Qué
estoy haciendo?».
Cruzó
un puente de piedra decidiendo que se marcharía en cuanto echara un vistazo.
Sabía que el local daba al río, por lo que solo tenía que buscar el tejado
verde para dar con él. No tardó en verlo a lo lejos. Apuró el paso sin pensar.
Rodeó
el edificio hasta llegar a una plaza y se escondió en una esquina a cierta
distancia. El local parecía bastante amplio, aunque los cristales opacos no le
dejaban ver más que alguna silueta cuando alguien pasaba por delante.
Observó
las idas y venidas de la gente, prestando atención cada vez que alguien abría
la puerta. Podía oír el murmullo de las conversaciones mezclado con el sonido
de la música que debía de salir de alguna pantalla. No alcanzaba a ver más que
unas mesas y la barra del fondo, pero era obvio que no había nadie actuando en
aquel momento.
Un
grupo de chicos salió a la calle dejando la puerta abierta mientras esperaban a
algún rezagado. Distinguió a Sean junto a la barra y soltó un respingo cuando
se acercó a un hombre moreno tan alto como él. Se trataba de su padre.
Quiso
dar un paso al frente cuando la puerta se cerró, pero se detuvo al recordar la
última vez que habían hablado. Meneó la cabeza y se alejó como si lo
persiguieran.
«Es
mejor darle más tiempo», se dijo. Lo último que le apetecía era repetir la
escena del tren.
Cuando
llegó al campamento, se sentó sobre la hierba con los demás. Un tracer le
estaba enseñando a Mark a conducir una de las motos. Lo observó sin decir nada
y agradeció que no le preguntaran dónde había estado.
Doble
V. tenía la muñeca vendada, pero le aseguró que no le dolía demasiado.
—Estaré
como nuevo en unos días —dijo alegremente.
La
moto era bastante ligera, como casi todas las que había visto. Era obvio que
Mark no había pilotado una en su vida porque avanzaba lentamente y haciendo
eses.
—Creo
que me gustaría probar —decidió.
Si el
niño podía intentarlo, no había razón para que él no fuera capaz.
—Podrás
hacerlo más tarde —dijo Ty acercándose.
Se
marcharon poco después en la furgoneta seguidos por un par de motos. No se
alejaron demasiado de la ciudad, aunque se desviaron por un camino estrecho que
atravesaba el bosque. Se detuvieron al llegar a un claro y no tardaron en
prepararse para pasar allí la noche.
El
chico que le había dejado la moto a Mark se ofreció a enseñarle. Trató de
ignorar los acelerados latidos de su corazón mientras seguía sus indicaciones.
Doble V. vigiló sus pobres intentos con mirada crítica, pero se alejó en cuanto
alguien preguntó qué querían cenar.
Después
de varias horas con el cuerpo en tensión, Jer acabó agotado.
Se
reunieron con los demás cuando empezó a oscurecer. Le pesaban los brazos y sus
hombros parecían estar ardiendo, pero se sintió satisfecho por haber logrado
mantenerse sobre la moto sin demasiados problemas.
—Le
pillarás el punto en cuanto logres relajarte.
Se
durmió en un sueño pesado en cuanto se envolvió con una manta junto al fuego.
Lo despertó la moto de Luke, que llegó cuando apenas había amanecido.
—Nick
Parker te ha traído una moto —Jer miró hacia el camino, esperando que
apareciera detrás de él—. Nos está esperando en la carretera principal.
Estuvo
a punto de preguntar quién era el tal Nick, pero recordó que Doble V. le había
hablado de él. Recogieron rápidamente y se encontraron con el resto de los
tracers, que ya habían subido una moto a la otra furgoneta.
El
hombre se lo quedó mirando con unos ojos tan verdes como los de Doble V. Debía
de ser más alto aún que Sean, aunque no era tan delgado. Llevaba varios días
sin afeitarse y sobre los anchos hombros se asentaban unos rizos rubios
bastante desordenados. A pesar de su aspecto, caminaba con cierto aire
elegante.
—Te
he traído unas cosas —dijo sin ni siquiera presentarse.
Parpadeó
un par de veces antes de seguir el gesto de su mano.
—Esto…
Gracias —consiguió decir—. ¿De dónde la has sacado?
—Es
mía —y añadió divertido—. Me imagino que tu amigo sabrá cómo anular el vínculo
de propiedad.
Doble
V. ya estaba revisando la moto de cerca.
—No
sé conducirla —confesó.
—Tendrás
tiempo de aprender. La célula de energía es bastante vieja, pero sigue
funcionando.
Echó
a andar hacia su furgoneta.
—¿Por
qué me la dejas? ¿Lo sabe mi padre?
—Te
la he traído para que puedas desplazarte por tu cuenta, y sí, él lo sabe. De
hecho, me pidió que te entregara algo. Yo me lo tomaría como una ofrenda de
paz.
Se
detuvo al oírlo. Nick iba delante y no pareció notar su reacción. Introdujo
medio cuerpo en el vehículo y salió con una guitarra en las manos. Abrió los
ojos por la sorpresa cuando vio que era la P-Jack.
—¿En
serio te pidió que me la dieras?
La
sostuvo con cuidado, impresionado.
—Sí,
bueno. Dijo que a él ya no le hace falta.
Levantó
la vista a tiempo de ver la expresión de su cara.
—No
ha vuelto a tocar desde que murió mi madre —musitó.
Nick
carraspeó incómodo. No tendría que haber mencionado algo así, se recriminó.
—No
te preocupes por él, ¿de acuerdo? —Le dio un apretón en el hombro—. Puede que
no esté en su mejor momento, pero no abandonará la música para siempre.
Se
despidió de la misma forma brusca y Doble V. tiró de Jer para regresar a la
furgoneta.
—No
me puedo creer que Nick Parker se molestara en traer su moto hasta aquí —dijo
con ojos brillantes.
Le
contó la historia del hombre, que había conducido cientos de kilómetros con la
única compañía de aquella moto.
Acarició
la funda de la P-Jack pensando en lo que había dicho Nick, pero no tardó en
llegar a la conclusión de que no tenía ni idea de cómo era su padre.
Suspiró
pesadamente. Esperaba que entregarle la guitarra fuera un gesto sincero y
hubiese aceptado que no podía decidir su futuro por él.
—Me
pregunto dónde habrá nacido —Doble V. seguía hablando del hombre con tono
excitado—. Por lo que sé, nunca habla de su familia ni del pasado. Lo más
seguro es que se escapara como tú.
Eso
llamó su atención.
—¿Eso
piensas? —preguntó—. A lo mejor solo iba en busca de aventuras.
—Podría
ser, pero no lo creo —descartó—. Si ese fuera el caso, no habría razón para
tanto misterio. En la 97 todo el mundo se conoce y no es fácil guardar
secretos.
Esa
teoría explicaría que le hubiese prestado su moto sin conocerlo siquiera.
Quizás lo consideraba un alma afín. Aquello le hizo gracia, aunque la idea
resultaba reconfortante.

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