viernes, 24 de octubre de 2025

Rebeldes pero leales. 11- Look



             De alguna forma, el tiempo transcurría de una forma diferente en la granja. Le recordaba a su infancia, cuando ignoraba lo que era preocuparse por lo que debía hacer al día siguiente. Se despertaba cuando el sol entraba por la ventana y el ruido de pies en el pasillo le hacía saber que la casa se estaba poniendo en movimiento.

            Por las mañanas ayudaba a recoger fruta o alguna variedad de verdura y se lanzaba al río con los demás para librarse del sudor antes de comer. Además, practicaba con la moto por las tardes.

            Doble V. quería aprender los trucos que usaban los tracers en las carreras. Él no tenía ningún interés en que lo tiraran de la moto y se conformaba con acostumbrarse a conducirla, aunque a veces sentía admiración por su perseverancia.

            —¿No te cansas de que te salgan moratones?

            El chico se frotó el hombro.

            —No hay ganancia sin esfuerzo —dijo a la vez que rebuscaba entre las herramientas—. Tengo mucho que mejorar si quiero retar a un tracer.

            —He oído que Luke solo participa en las carreras oficiales. Sin embargo, hizo una excepción para que Ryan aceptara tu reto.

            Doble V. se agachó junto a la moto y soltó un sonido de asentimiento.

            —Todo el mundo sabe lo bueno que es. Eso está bien para mantener el liderazgo, pero no ayuda con las apuestas —Soltó una risa ahogada.

            A Jer no le gustaba hacer demasiadas preguntas, pero no podía sacudirse la curiosidad que aquello le provocaba. Tanto los nómadas como los tracers compartían una forma de vida similar y mantenían una relación cercana. Ese podía ser un motivo para ayudarse los unos a otros, aunque no explicaba todo lo que habían hecho por Doble V.

            «Tiene que haber algo más. Primero las pulseras; no solo para él, sino también para alguien como yo, a quien no conocían de nada. Luego está lo de devolverle la moto a Ryan y apoyarlo cuando habló con él… Y finalmente, la carrera. En contra de su costumbre, Luke accedió a correr solo para que él también pudiera competir».

            —Habría que cambiarle algunas piezas —Le mostró una tuerca oxidada con expresión dolorida—. Estoy seguro de que Nick le tiene cariño, pero es evidente que no la saca del garaje desde hace tiempo.

            —Eh, al menos funciona.

            El chico resopló como poniéndolo en duda.

            —Hablaré con Ty para que nos consiga algunos repuestos a buen precio.

            —¿Por qué?

            —Porque de lo contrario te arriesgas a quedarte sin moto —dijo con tono de reproche—. Ya sé que Nick solo te la ha prestado, pero querrás poder usarla, ¿no?

            —Me refiero a por qué van a ayudarnos. Otra vez.

            Lo miró como si fuera obvio.

            —Así es más rápido. Y solo es un pequeño favor. Los nómadas son los mayores vendedores de mercancías de segunda mano, pero los tracers sabrán exactamente dónde encontrar las piezas para una moto tan vieja. —Dejó escapar una exclamación—. Por desgracia, una célula de energía seminueva sigue siendo bastante cara.

            Rebuscó en una caja de metal hasta encontrar una tuerca idéntica a la que le había enseñado. Soltó una exclamación satisfecha cuando la encontró y se agachó para colocarla en su lugar.

            —Luke dijo que le debías una. ¿Qué crees que piensa pedirte a cambio?

            Los tracers se marcharían en unos días, pero por alguna razón, el tema le preocupaba. No sabría decir qué lo empujaba a insistir, aunque podía deberse a que no estaba acostumbrado a recibir favores. No había nada que le hiciera desconfiar de las intenciones de Luke, pero le molestaba no comprender sus motivos.

            —¡Cualquier cosa! —dijo incorporándose—. ¿No entiendes el concepto de deber un favor a alguien?

            —No me gusta estar en deuda —admitió—. En el Sector 6, ese tipo de ayuda suele cobrarse un precio bastante alto. Las condiciones de una colaboración se establecen de antemano en un contrato. De lo contrario, siempre hay alguien que se aprovecha.

            —Ya veo. Tiene lógica cuando se trata de negocios, pero en este caso es una cuestión de supervivencia —Hizo un mohín al añadir—: No estoy diciendo que seamos almas caritativas todo el rato, pero somos conscientes de que si las cosas van mal solo podemos contar los unos con los otros. Es algo así como ser parte de una gran familia.

            No acababa de entenderlo, así que no le quedaba más remedio que aceptar su palabra.

            —En la 97 funciona de una forma parecida, incluso entre los grupos —Le lanzó una sonrisa torcida—. Mientras sean de la misma zona, por supuesto.

            —Todos unidos los unos contra los otros, ¿no es eso?

            Doble V. soltó una carcajada.

            —Al menos cada uno sabe dónde está su lugar.

            «Excepto yo», se lamentó. Se recordó que, en teoría, se lo consideraría del lado sur. No es que tuviera ganas de mezclarse con los del norte después de haber conocido a Ryan Walters. Lo que le preocupaba era que todos en la ciudad se conocían desde hacía tiempo. Si quería formar su propio grupo, tendría que ganarse su respeto de forma indiscutible.

            Le hizo algunas preguntas a Doble V. acerca de los chicos del parque. No estaría de más hacerse una idea de lo que se encontraría en el futuro.

            «¿En serio estoy pensando en quedarme?».

            Pensó en el Sector 6. No quería ser uno los músicos que llegaban a la ciudad, se apiñaban en pisos baratos buscando una oportunidad y se veían obligados a marcharse unos meses después.

            Eso le recordó a Jay. Le preguntó si lo conocía.

            —¡Desde luego! —dijo Doble V. soltando una risita—. Es muy popular. Los chicos lo admiran y las chicas suspiran a su paso.

            Puso los ojos en blanco cuando le describió la forma en que las miradas lo seguían allá donde fuera. A él le interesaba más su habilidad como compositor, aunque la popularidad también era un punto a tener en cuenta.

            Un par de caravanas llegaron por el camino y Doble V. fue hasta ellas corriendo. Regresó poco después con una expresión desilusionada.

            —Estoy esperando un mensaje —explicó.

            No dijo nada más, así que no le preguntó. Los recién llegados montaron una extraña estructura junto al patio con una rapidez increíble. Los ojos de Doble V. se animaron de nuevo.

            —¿Qué es eso?

            —Una cama elástica —respondió con una sonrisa de oreja a oreja.

            Varios chicos empezaron a dar saltos después de colocar una red de protección alrededor. Los miró fascinado y dejó escapar sonidos de admiración cuando empezaron a dar volteretas en el aire.

            —¿Nunca habías visto a alguien haciendo acrobacias?

            —¡Solo en alguna película!

            Uno de ellos abandonó la red después de un rato. Dio un par de pasos, saltó en el aire girando sobre sí mismo y cayó de pie como si fuera lo más fácil del mundo.

            —¡Guau!

            —Eso es algo más complicado, pero puedo enseñarte cómo se hace —dijo Doble V. con jactancia.

            Se subió a la red y empezó a saltar; dando volteretas y presumiendo abiertamente de sus habilidades.

            —¡Vamos, Jer! —lo llamó después de unos minutos.

            Se mordió los labios, indeciso, pero no pudo contener el impulso de probar. Empezó a dar botes de forma incontrolada sin dejar de reír. Decididamente, era lo más divertido que había hecho en su vida.

            Doble V. intentó enseñarle cómo controlar sus movimientos, pero estaba demasiado excitado como para hacerle caso. Saltó y saltó hasta acabar completamente agotado.

            Antes de cenar se acercaron a los acróbatas, que lucían sus habilidades sin necesidad de un trampolín.

            —¡Yo quiero hacer eso! —declaró—. Sería genial para llamar la atención sobre un escenario. No has visto a nadie que hiciera algo parecido en un grupo, ¿verdad?

            —Necesitas al menos a dos personas para que quede bien —Enarcó las cejas—. Podríamos practicar juntos.

            —¡Pero si a ti no te interesa la música!

            —Sé bailar y se me da bien la gente—afirmó—. Yomi podría ocuparse de las coreografías. Mark es bueno con el skate y estoy seguro de que podría aprender algunos trucos.

            ¿De verdad pensaba que solo se trataba de escoger a un puñado de amigos?

            —Se necesita algo más para crear un grupo.

            —Solo es una idea —Le guiñó un ojo—. No la descartes por ahora, ¿vale?

            Meneó la cabeza con incredulidad.

            Después de cenar se reunieron junto a la hoguera y alguien le pasó una guitarra. No se había atrevido a tocar la P-Jack, pero solía acompañar a varios de los nómadas mientras cantaban algunas melodías bastante populares.

            Los acróbatas accedieron a enseñarle lo más básico al día siguiente y se lanzaron a darle consejos con entusiasmo. Aquella noche se acostó sintiéndose más satisfecho con su suerte. Había encontrado un arma secreta que lo diferenciaría de los demás. Aunque la música era lo primero, cualquiera podía hacer unas canciones medio decentes. Lo que se necesitaba para triunfar era un espectáculo que nadie olvidara fácilmente.

            Le echó un vistazo a Doble V. Si fuera capaz de ver el mundo con sus ojos, pensaría que no solo había encontrado una gran familia, sino que ya tenía un grupo casi montado. Sonrió en la oscuridad. No tardó en quedarse dormido y soñó que daba volteretas en el aire.

            Durante los días siguientes comprobó que la realidad era bastante más complicada. Primero tuvo que aprender a realizar un salto simple. Cualquiera pensaría que saltar, sin más, sería de lo más sencillo. Sin embargo, hacerlo de la forma correcta le llevó más tiempo del que hubiera imaginado. Debía alcanzar la suficiente altura y llevar las rodillas al pecho en el momento preciso, sin separar los pies al estirar las piernas de nuevo.

            No había pensado que el miedo lo asaltaría por sorpresa al querer girar en el aire. Al fin y al cabo, era algo que quería hacer, y además, tenía a un chico a cada lado vigilando que no se hiciera daño. Le aseguraron que era una reacción normal y le quitaron importancia.

            —Debes mantener la cabeza erguida al saltar. Si te inclinas hacia delante no lograrás la altura necesaria —dijo uno de ellos—. Y recuerda que debes llevar la cabeza al pecho, además de sujetar las piernas en el giro.

            Se planteó olvidarse del tema, pero sus palabras de ánimo lo empujaron a seguir. Pensó en lo mucho que le había costado aprender a bailar y cómo había ido mejorando poco a poco. Nunca sería el mejor bailarín, pero había logrado la suficiente habilidad como para que no fuera un inconveniente. Y después de todo, tampoco necesitaba ser el mejor haciendo acrobacias.

            Finalmente, logró dar su primer salto mortal. Tuvieron que corregir su postura en el aire y no cayó del todo bien, pero aun así, sintió una intensa emoción de alegría subiéndole por el pecho. No tardó en mejorar de una forma evidente.

            Doble V. ya sabía hacer aquel salto y estaba practicando una voltereta lateral. A veces lo miraba con envidia, pero se conformó con intentar un salto lateral más sencillo. Los acróbatas se marcharían pronto y no quiso precipitarse antes de perfeccionar su nueva habilidad.

            Cuando por fin partieron, se despidió de los chicos con pesar. Les agradeció la paciencia que habían mostrado y ellos prometieron enseñarles más trucos cuando volvieran a encontrarse.

            Volvió a practicar con la moto, ya que la había dejado de lado durante aquel tiempo. Los tracers habían encontrado algunas de las piezas que Doble V. les había pedido. Este reemplazó las viejas en cuanto pudo.

            —Ahora tienes unos amortiguadores decentes. ¡Ya verás qué diferencia!

            Dio una vuelta de prueba y regresó junto a él, sonriente.

            —Tenías razón —admitió—. Valía la pena invertir algo de dinero en ella.

            Una niña llegó corriendo junto a ellos: Sean Collins quería ver a Jer. Se preguntó qué lo habría llevado a la granja. ¿Se habría impacientado su padre? Rodeó la casa con un sentimiento de angustia atravesado en el pecho.

            La furgoneta de Nick Parker estaba delante de la granja. El hombre se apoyaba sobre el capó con gesto serio y los brazos cruzados sobre el pecho. Se incorporó en cuanto lo vio y miró hacia la entrada de la casa.

            Sean estaba hablando con la abuela de Doble V. Buscó los ojos azules. Estaban enmarcados por unas oscuras ojeras y parecían más pálidos. La tristeza de su mirada lo golpeó como un puñetazo. Se quedó inmóvil, con el miedo estrujándole el corazón mientras esperaba a que rematara el golpe.

            —Jeremy, se trata de tu padre…

 

 

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