De alguna forma, el tiempo transcurría de una
forma diferente en la granja. Le recordaba a su infancia, cuando ignoraba lo
que era preocuparse por lo que debía hacer al día siguiente. Se despertaba
cuando el sol entraba por la ventana y el ruido de pies en el pasillo le hacía
saber que la casa se estaba poniendo en movimiento.
Por
las mañanas ayudaba a recoger fruta o alguna variedad de verdura y se lanzaba
al río con los demás para librarse del sudor antes de comer. Además, practicaba
con la moto por las tardes.
Doble
V. quería aprender los trucos que usaban los tracers en las carreras. Él no
tenía ningún interés en que lo tiraran de la moto y se conformaba con
acostumbrarse a conducirla, aunque a veces sentía admiración por su
perseverancia.
—¿No
te cansas de que te salgan moratones?
El
chico se frotó el hombro.
—No
hay ganancia sin esfuerzo —dijo a la vez que rebuscaba entre las herramientas—.
Tengo mucho que mejorar si quiero retar a un tracer.
—He
oído que Luke solo participa en las carreras oficiales. Sin embargo, hizo una
excepción para que Ryan aceptara tu reto.
Doble
V. se agachó junto a la moto y soltó un sonido de asentimiento.
—Todo
el mundo sabe lo bueno que es. Eso está bien para mantener el liderazgo, pero
no ayuda con las apuestas —Soltó una risa ahogada.
A Jer
no le gustaba hacer demasiadas preguntas, pero no podía sacudirse la curiosidad
que aquello le provocaba. Tanto los nómadas como los tracers compartían una
forma de vida similar y mantenían una relación cercana. Ese podía ser un motivo
para ayudarse los unos a otros, aunque no explicaba todo lo que habían hecho
por Doble V.
«Tiene
que haber algo más. Primero las pulseras; no solo para él, sino también para
alguien como yo, a quien no conocían de nada. Luego está lo de devolverle la
moto a Ryan y apoyarlo cuando habló con él… Y finalmente, la carrera. En contra
de su costumbre, Luke accedió a correr solo para que él también pudiera
competir».
—Habría
que cambiarle algunas piezas —Le mostró una tuerca oxidada con expresión
dolorida—. Estoy seguro de que Nick le tiene cariño, pero es evidente que no la
saca del garaje desde hace tiempo.
—Eh,
al menos funciona.
El
chico resopló como poniéndolo en duda.
—Hablaré
con Ty para que nos consiga algunos repuestos a buen precio.
—¿Por
qué?
—Porque
de lo contrario te arriesgas a quedarte sin moto —dijo con tono de reproche—.
Ya sé que Nick solo te la ha prestado, pero querrás poder usarla, ¿no?
—Me
refiero a por qué van a ayudarnos. Otra vez.
Lo
miró como si fuera obvio.
—Así
es más rápido. Y solo es un pequeño favor. Los nómadas son los mayores
vendedores de mercancías de segunda mano, pero los tracers sabrán exactamente
dónde encontrar las piezas para una moto tan vieja. —Dejó escapar una
exclamación—. Por desgracia, una célula de energía seminueva sigue siendo
bastante cara.
Rebuscó
en una caja de metal hasta encontrar una tuerca idéntica a la que le había
enseñado. Soltó una exclamación satisfecha cuando la encontró y se agachó para
colocarla en su lugar.
—Luke
dijo que le debías una. ¿Qué crees que piensa pedirte a cambio?
Los
tracers se marcharían en unos días, pero por alguna razón, el tema le
preocupaba. No sabría decir qué lo empujaba a insistir, aunque podía deberse a
que no estaba acostumbrado a recibir favores. No había nada que le hiciera
desconfiar de las intenciones de Luke, pero le molestaba no comprender sus
motivos.
—¡Cualquier
cosa! —dijo incorporándose—. ¿No entiendes el concepto de deber un favor a
alguien?
—No
me gusta estar en deuda —admitió—. En el Sector 6, ese tipo de ayuda suele
cobrarse un precio bastante alto. Las condiciones de una colaboración se
establecen de antemano en un contrato. De lo contrario, siempre hay alguien que
se aprovecha.
—Ya
veo. Tiene lógica cuando se trata de negocios, pero en este caso es una
cuestión de supervivencia —Hizo un mohín al añadir—: No estoy diciendo que
seamos almas caritativas todo el rato, pero somos conscientes de que si las
cosas van mal solo podemos contar los unos con los otros. Es algo así como ser
parte de una gran familia.
No
acababa de entenderlo, así que no le quedaba más remedio que aceptar su
palabra.
—En
la 97 funciona de una forma parecida, incluso entre los grupos —Le lanzó una
sonrisa torcida—. Mientras sean de la misma zona, por supuesto.
—Todos
unidos los unos contra los otros, ¿no es eso?
Doble
V. soltó una carcajada.
—Al
menos cada uno sabe dónde está su lugar.
«Excepto
yo», se lamentó. Se recordó que, en teoría, se lo consideraría del lado sur. No
es que tuviera ganas de mezclarse con los del norte después de haber conocido a
Ryan Walters. Lo que le preocupaba era que todos en la ciudad se conocían desde
hacía tiempo. Si quería formar su propio grupo, tendría que ganarse su respeto
de forma indiscutible.
Le
hizo algunas preguntas a Doble V. acerca de los chicos del parque. No estaría
de más hacerse una idea de lo que se encontraría en el futuro.
«¿En
serio estoy pensando en quedarme?».
Pensó
en el Sector 6. No quería ser uno los músicos que llegaban a la ciudad, se
apiñaban en pisos baratos buscando una oportunidad y se veían obligados a
marcharse unos meses después.
Eso
le recordó a Jay. Le preguntó si lo conocía.
—¡Desde
luego! —dijo Doble V. soltando una risita—. Es muy popular. Los chicos lo
admiran y las chicas suspiran a su paso.
Puso
los ojos en blanco cuando le describió la forma en que las miradas lo seguían
allá donde fuera. A él le interesaba más su habilidad como compositor, aunque
la popularidad también era un punto a tener en cuenta.
Un
par de caravanas llegaron por el camino y Doble V. fue hasta ellas corriendo.
Regresó poco después con una expresión desilusionada.
—Estoy
esperando un mensaje —explicó.
No
dijo nada más, así que no le preguntó. Los recién llegados montaron una extraña
estructura junto al patio con una rapidez increíble. Los ojos de Doble V. se
animaron de nuevo.
—¿Qué
es eso?
—Una
cama elástica —respondió con una sonrisa de oreja a oreja.
Varios
chicos empezaron a dar saltos después de colocar una red de protección
alrededor. Los miró fascinado y dejó escapar sonidos de admiración cuando
empezaron a dar volteretas en el aire.
—¿Nunca
habías visto a alguien haciendo acrobacias?
—¡Solo
en alguna película!
Uno
de ellos abandonó la red después de un rato. Dio un par de pasos, saltó en el
aire girando sobre sí mismo y cayó de pie como si fuera lo más fácil del mundo.
—¡Guau!
—Eso
es algo más complicado, pero puedo enseñarte cómo se hace —dijo Doble V. con
jactancia.
Se
subió a la red y empezó a saltar; dando volteretas y presumiendo abiertamente
de sus habilidades.
—¡Vamos,
Jer! —lo llamó después de unos minutos.
Se
mordió los labios, indeciso, pero no pudo contener el impulso de probar. Empezó
a dar botes de forma incontrolada sin dejar de reír. Decididamente, era lo más
divertido que había hecho en su vida.
Doble
V. intentó enseñarle cómo controlar sus movimientos, pero estaba demasiado
excitado como para hacerle caso. Saltó y saltó hasta acabar completamente
agotado.
Antes
de cenar se acercaron a los acróbatas, que lucían sus habilidades sin necesidad
de un trampolín.
—¡Yo
quiero hacer eso! —declaró—. Sería genial para llamar la atención sobre un
escenario. No has visto a nadie que hiciera algo parecido en un grupo, ¿verdad?
—Necesitas
al menos a dos personas para que quede bien —Enarcó las cejas—. Podríamos
practicar juntos.
—¡Pero
si a ti no te interesa la música!
—Sé
bailar y se me da bien la gente—afirmó—. Yomi podría ocuparse de las
coreografías. Mark es bueno con el skate y estoy seguro de que podría aprender
algunos trucos.
¿De
verdad pensaba que solo se trataba de escoger a un puñado de amigos?
—Se
necesita algo más para crear un grupo.
—Solo
es una idea —Le guiñó un ojo—. No la descartes por ahora, ¿vale?
Meneó
la cabeza con incredulidad.
Después
de cenar se reunieron junto a la hoguera y alguien le pasó una guitarra. No se
había atrevido a tocar la P-Jack, pero solía acompañar a varios de los nómadas
mientras cantaban algunas melodías bastante populares.
Los
acróbatas accedieron a enseñarle lo más básico al día siguiente y se lanzaron a
darle consejos con entusiasmo. Aquella noche se acostó sintiéndose más
satisfecho con su suerte. Había encontrado un arma secreta que lo diferenciaría
de los demás. Aunque la música era lo primero, cualquiera podía hacer unas
canciones medio decentes. Lo que se necesitaba para triunfar era un espectáculo
que nadie olvidara fácilmente.
Le
echó un vistazo a Doble V. Si fuera capaz de ver el mundo con sus ojos,
pensaría que no solo había encontrado una gran familia, sino que ya tenía un
grupo casi montado. Sonrió en la oscuridad. No tardó en quedarse dormido y soñó
que daba volteretas en el aire.
Durante
los días siguientes comprobó que la realidad era bastante más complicada.
Primero tuvo que aprender a realizar un salto simple. Cualquiera pensaría que
saltar, sin más, sería de lo más sencillo. Sin embargo, hacerlo de la forma
correcta le llevó más tiempo del que hubiera imaginado. Debía alcanzar la
suficiente altura y llevar las rodillas al pecho en el momento preciso, sin
separar los pies al estirar las piernas de nuevo.
No
había pensado que el miedo lo asaltaría por sorpresa al querer girar en el
aire. Al fin y al cabo, era algo que quería hacer, y además, tenía a un chico a
cada lado vigilando que no se hiciera daño. Le aseguraron que era una reacción
normal y le quitaron importancia.
—Debes
mantener la cabeza erguida al saltar. Si te inclinas hacia delante no lograrás
la altura necesaria —dijo uno de ellos—. Y recuerda que debes llevar la cabeza
al pecho, además de sujetar las piernas en el giro.
Se
planteó olvidarse del tema, pero sus palabras de ánimo lo empujaron a seguir.
Pensó en lo mucho que le había costado aprender a bailar y cómo había ido
mejorando poco a poco. Nunca sería el mejor bailarín, pero había logrado la
suficiente habilidad como para que no fuera un inconveniente. Y después de
todo, tampoco necesitaba ser el mejor haciendo acrobacias.
Finalmente,
logró dar su primer salto mortal. Tuvieron que corregir su postura en el aire y
no cayó del todo bien, pero aun así, sintió una intensa emoción de alegría
subiéndole por el pecho. No tardó en mejorar de una forma evidente.
Doble
V. ya sabía hacer aquel salto y estaba practicando una voltereta lateral. A
veces lo miraba con envidia, pero se conformó con intentar un salto lateral más
sencillo. Los acróbatas se marcharían pronto y no quiso precipitarse antes de
perfeccionar su nueva habilidad.
Cuando
por fin partieron, se despidió de los chicos con pesar. Les agradeció la
paciencia que habían mostrado y ellos prometieron enseñarles más trucos cuando
volvieran a encontrarse.
Volvió
a practicar con la moto, ya que la había dejado de lado durante aquel tiempo.
Los tracers habían encontrado algunas de las piezas que Doble V. les había
pedido. Este reemplazó las viejas en cuanto pudo.
—Ahora
tienes unos amortiguadores decentes. ¡Ya verás qué diferencia!
Dio
una vuelta de prueba y regresó junto a él, sonriente.
—Tenías
razón —admitió—. Valía la pena invertir algo de dinero en ella.
Una
niña llegó corriendo junto a ellos: Sean Collins quería ver a Jer. Se preguntó
qué lo habría llevado a la granja. ¿Se habría impacientado su padre? Rodeó la
casa con un sentimiento de angustia atravesado en el pecho.
La
furgoneta de Nick Parker estaba delante de la granja. El hombre se apoyaba
sobre el capó con gesto serio y los brazos cruzados sobre el pecho. Se
incorporó en cuanto lo vio y miró hacia la entrada de la casa.
Sean
estaba hablando con la abuela de Doble V. Buscó los ojos azules. Estaban
enmarcados por unas oscuras ojeras y parecían más pálidos. La tristeza de su
mirada lo golpeó como un puñetazo. Se quedó inmóvil, con el miedo estrujándole
el corazón mientras esperaba a que rematara el golpe.
—Jeremy, se trata de tu padre…

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