Apenas
le prestó atención a Ryan cuando hizo las cuentas y dejó su paga sobre el
mostrador. Pretendió ignorarlo y cogió el dinero sin ni siquiera echarle una
mirada.
—Eh,
Superstar —dijo cuando estaba a punto de girarse—. He oído que Sean Collins
está en el hospital.
—¿Qué…?
—balbuceó—. ¿Qué has dicho?
Se
quedó paralizado, esperando que empezara a reírse como si fuera una broma. El
muy idiota le lanzó una mirada de suficiencia. Se notaba que estaba disfrutando
con su reacción.
—Dicen
que está enfermo. Si fuera tú, iría buscándome otro protector —torció los
labios de forma desagradable—. Por si acaso.
Apretó
los puños sintiendo que lo invadía la furia.
—Y si
yo fuera tú —dijo Doble V. a su espalda—, intentaría tener más cuidado con lo
que sale de mi boca. Es posible que algún día te pase factura.
Lo
sorprendieron sus palabras, pero no se quedó a ver la reacción de Ryan. Salió
del almacén con pasos largos y casi echó a correr al llegar a la calle.
Sean
estaba en el hospital. En cuanto la noticia caló en su cerebro, solo pudo
pensar en su madre. Lo invadió un mal presentimiento. Trató de convencerse de
que era una tontería preocuparse antes de conocer los detalles; sin embargo, no
pudo evitar que un nudo de angustia se le instalara en el pecho.
«No
tiene por qué ocurrir lo mismo», se repitió una y otra vez.
Tragó
saliva al cruzar la plaza. Entró en el Skyway y se dirigió hacia la barra. Nick
estaba terminando de servir una mesa y lo saludó con voz aparentemente normal,
aunque había ojeras bajo sus ojos. El corazón le golpeaba en el pecho mientras
lo esperaba.
—He
oído que Sean está en el hospital —dijo con un hilo de voz.
Él se
apartó unos rizos de la cara y suspiró.
—Ayer
se encontró bastante mal durante todo el día y por la noche tenía fiebre. Lo
más seguro es que se trate de una de una gripe —intentó una sonrisa—. Pronto
estará mejor, ya verás.
Quería
confiar en sus palabras, pero él no podía saberlo. Nadie podía. A veces, ni
siquiera los médicos podían prever el resultado.
—Voy
a ir a verlo por la tarde. Puedo dejarte las llaves si quieres venir a
practicar con la moto. O puedes venir consigo a visitarlo. Seguro que se muere
de aburrimiento.
Se le
pusieron los pelos de punta y quiso echar a correr. Sabía que estaba
reaccionando de forma infantil y trató de respirar con calma.
—En
realidad —soltó lo primero que se le ocurrió para cambiar de tema—, he venido a
buscar la guitarra de mi padre.
Le
explicó que la necesitaba para un proyecto de clase, lo que no era del todo
mentira. Nick enarcó las cejas con sorpresa.
—Está
en tu habitación —volvió a sonreír, esta vez de forma más sincera.
«En
realidad no es mi cuarto», pensó con cierto resquemor. Se tragó el comentario y
asintió, dirigiéndose a las escaleras.
Jane
estaba ocupada en la cocina y ni siquiera lo vio. Aquello tenía que ser una
buena señal ya que no estaría en el Skyway si Sean se encontrara realmente mal,
¿verdad?
Puso
el pie sobre el primer peldaño, preguntándose qué estaba haciendo. Ya era tarde
para retractarse y empezó a subir los escalones.
Solo
había subido un par de veces, pero el pasillo le pareció más largo de lo que
recordaba. Abrió una puerta al llegar al fondo, respirando con agitación. Le
temblaban las manos cuando se obligó a entrar. La guitarra estaba sobre el
escritorio, guardada en su funda.
Ni
siquiera miró hacia la cama, pero distinguió el color azul de la colcha; la
misma con la que se cubría su padre cuando vivía allí. Salió lo más rápido
posible y se detuvo en mitad de las escaleras, apoyándose en la pared. Boqueó
en busca de aire como si tuviera la garganta cerrada.
«¿Pero
qué te pasa? ¡Contrólate de una vez!» Llegó a la planta baja con el cuerpo en
tensión. Se despidió de Nick con un murmullo y salió a toda velocidad.
Se
apoyó en el muro que daba al canal. Cerró los ojos y respiró con agitación. La
brisa que llegaba del río pareció calmarlo después de un rato.
Miró
la funda de la guitarra y acarició las iniciales grabadas en una esquina.
«¿Y
ahora qué vas a hacer con ella?», se preguntó.

No hay comentarios:
Publicar un comentario